José María Ruiz-Mateos

Genio y figura

Ha levantado dos gigantes empresariales... con pies de barro. El hombre que se disfrazó de Superman y agredió a un ministro al grito de "te pego leche" vuelve a considerarse víctima de una conspiración.

Genio y figura
Genio y figura

A mi manera, las memorias del multimillonario Paul Getty, eran su libro de cabecera durante su estancia en Londres, adonde huyó al poco tiempo de ser expropiado su grupo de empresas Rumasa. José María Ruiz-Mateos, a punto de cumplir 80 años, no ha escrito sus memorias, pero en ellas encajaría bien el título de las de Getty. El empresario jerezano vuelve a estar en primera línea informativa. A su pesar. El pasado 17 de febrero, 28 años después de la mayor expropiación de la historia económica española, 10 de las empresas de su nuevo emporio: Clesa, Garvey, Hotasa, Dhul, Elgorriaga, Hibramer, Trapa, Carcesa, Quesería Menorquina y Rayo Vallecano, se acogieron a la Ley Concursal. Las cuentas de las empresas en concurso depositadas en el Registro Mercantil revelan que sus deudas financieras triplican el patrimonio neto. Todo apunta a que el esquema se repite. Y la historia.

El 23 de febrero de 1983, recién llegado el PSOE al poder, el Gobierno decidió la expropiación de un conglomerado de más de 700 empresas -luego se descubrió que solo unas 250 eran operativas- y 65.000 trabajadores que, según las estimaciones de la época, representaba entre el 1 y el 2% del PIB español. Comenzó entonces una pugna judicial, con entradas y salidas de la cárcel, que sacó la vena más esperpéntica del empresario. Se disfrazó con el traje de Superman, el de rayas de presidiario, de chulapo o protagonizó anuncios que ridiculizaban a Miguel Boyer, el ministro de Economía responsable de la expropiación. Boyer se convirtió en el eje central de sus burlas. Su famosa agresión dejó una de las frases para la historia: "Te pego leche, yo te pego leche". En 1996, la familia Ruiz-Mateos bautizó a una de sus sociedades con la célebre expresión.

Otro de los momentos que más juego informativo dio fue cuando en diciembre de 1988 un Ruiz-Mateos con gabardina y tocado de peluca se escapaba de la Audiencia Nacional en la moto de uno de sus hijos al grito de ¡Libertad! Incluso creó un partido político, la Agrupación Ruiz-Mateos, que le dio más de 600.000 votos en las elecciones al Parlamento Europeo de 1989. Dos escaños que dejaron un sabor amargo entre el resto de formaciones políticas. Compró el club de fútbol Rayo Vallecano y, algo insólito en el deporte rey, puso al frente a una mujer, la suya, Teresa Rivero.

Ser una estrella mediática era parte de la estrategia de defensa. "Me veo obligado a hacer estas cosas de disfrazarme y demás para que los medios no tengan más remedio que sacarme", dijo en una ocasión. Después, en el proceso de refundación de su imperio, redujo su exposición pública. Ahora, con la entrada en concurso de sus empresas, vuelve a sentirse víctima. En una carta enviada a los medios de comunicación, denunciaba estar sufriendo una campaña "inexplicable, miserable y canallesca". Culpa a bancos, al Royal Bank of Scotland y al Santander -"un banco que es el segundo del mundo, deja mucho que desear"-. En su primera rueda de prensa en años, soltaba otra de sus frases antológicas: "Si no pago a mis inversores, me pegaría un tiro si mi fe me lo permitiera". Es conocida su vinculación al Opus Dei -las relaciones se deterioraron desde la expropiación por las quejas de Ruiz-Mateos contra miembros de la Obra-.

Con su fe en el trabajo -el lema de Nueva Rumasa es comprometidos con el empleo- y en la familia ha levantado en los últimos 25 años un nuevo emporio. Le acompañan sus seis hijos varones (tiene 13 en total y 52 nietos). Sus hijas no ejercen ningún puesto de responsabilidad en las empresas. Según explicaba Ruiz-Mateos en una entrevista, "fueron educadas para ser madres de familia". Pero es el patriarca quien sigue moviendo los hilos. Sobre todo porque a su edad mantiene una agotadora rutina de trabajo: se levanta a las seis y media de la mañana y no se toma vacaciones. Exige a sus colaboradores lo que a sí mismo, sean de la familia o no, y así no tiene problemas en reprenderles si no acuden a su puesto de trabajo o interrumpirles en una conversación pública.

Nacido en Rota, pero criado en Jerez, estudió el Bachillerato en el Colegio de los Salesianos de Ronda (Málaga) y más tarde se graduó como profesor mercantil en la Escuela de Comercio de Jerez. Su ambición empezó en el negocio familiar del vino. El padre Zoilo, a cuya memoria ha dedicado la Fundación Alcalde Zoilo Ruiz-Mateos en Rota, vendía vino a los exportadores. Fue idea suya exportarlos directamente. El libro Los elegidos de la fortuna, de Marta Robles, relata cómo en un "inglés macarrónico, sin gramática, con un diccionario", escribía a los importadores.

En 1960 constituye en Barcelona con sus hermanos una compañía mercantil con un capital inicial de 300.000 pesetas bajo el nombre de Ruiz Mateos, SA. Seis años más tarde, acumulaba un capital de 100 millones producto de la comercialización de vinos de Jerez, Rioja y Penedès, que empleó en comprar bancos en precaria situación. En pocos años, Ruiz Mateos logró una inmensa fortuna y el control de numerosas empresas de diferentes sectores, entre ellas el Banco Atlántico y Galerías Preciados.

A mediados de los ochenta, se puso de nuevo a prueba su capacidad para comprar empresas. Un vertiginoso ritmo de más de cuatro adquisiciones por año, según algunos cálculos. En el panal de su laboriosa abeja, podrían haber quedado atrapados 5.000 inversores que adquirieron los pagarés y participaciones emitidas por la empresa, proveedores y los 10.000 trabajadores que llevan tres meses sin cobrar. Ruiz-Mateos ha sabido conquistar a inversores y empleados. La faceta seductora y benefactora del marqués de Olivara, uno de los títulos nobiliarios de la familia. Hasta ahora. Su esperanza: contar con un fondo de inversión que le aporte la liquidez necesaria para superar la crisis del grupo.