A fondo

EE UU, menos amable que Europa con las 'telecos' chinas

Anda la industria europea de las telecos un tanto baja de moral y este estado depresivo ha quedado patente en el Mobile World Congress que hoy se clausura en Barcelona.

No es la remontada en el terreno de juego celular de las empresas de internet estadounidenses lo que más incordia a los fabricantes de equipos del Viejo Continente. Les quita el sueño, además de los contratos, la imparable irrupción de las empresas chinas.

Hace 10 años la entonces todopoderosa y ahora decadente aristocracia del sector, formada por nombres sonoros como Nokia-Siemens, Ericsson o Alcatel-Lucent, contempló incrédula cómo llegaba desde Oriente una firma, Huawei, que tomó rápidamente posiciones. Al inicio se la acusó de copiar la tecnología europea. Más tarde, de tirar los precios de los contratos. Pero, al fin, no quedó sino admitir en sus soluciones un salto adelante y en sus precios el referente ineludible para mantener su presencia competitiva en el sector.

De reyes pasaron a villanos, y sin darse cuenta, los Nokia, Siemens, Alcatel y Ericsson se encontraron disputándose la posición de segundones en la mayoría de los contratos de extensión de redes móviles en cualquier parte del mundo. Huawei lograba con facilidad el primer puesto, pero (del mal, el menor) se daba por descontado que, ante la magnitud de los contratos en juego, las operadoras seguirían con su política del doble suministrador para "no poner todos los huevos en la misma cesta".

Las empresas chinas chocan con trabas políticas en EE UU

Los males, no obstante, no han terminado. Al viejo (de apenas 30 años) sector europeo de infraestructura celular le toca ahora digerir un segundo problema con el nombre de ZTE. Tales siglas avisan de la vigorosa irrupción de un segundo gigante chino del suministro de equipos de telecos. Después de años de amagar, esta empresa, propiedad del Gobierno de Pekín, se ha convertido en una amenaza para el puesto segundón de las firmas europeas, pero también para el liderazgo de la propia Huawei.

En el congreso de móviles de Barcelona se han visto las caras todos los contendientes; europeos, americanos y asiáticos. En las intervenciones se ha vuelto a repetir el reproche de que las empresas chinas juegan con cartas marcadas, tirando los precios y amparando sus costes en la tiranía laboral y en la oscuridad de sus relaciones con el Estado. Son solo lamentos.

La toma de posiciones más contundente frente al imparable ascenso chino, sin embargo, no se ha producido en Barcelona, sino que se conforma en diferentes hechos que llegan desde Estados Unidos. Huawei ve cómo se rechazan una y otra vez sus pretensiones de trabajar para Sprint y las autoridades federales que regulan el derecho de la propiedad intelectual niegan a la compañía china la posibilidad de adquirir unas patentes estadounidenses a las que se da un valor estratégico.

Trabas más serias y complejas, de contenido netamente político, toman forma frente a los planes de conquista del mercado estadounidense que acaricia Huawei. Filtraciones a la prensa revelan que los servicios secretos de EE UU han abierto una investigación para averiguar hasta que punto la compañía de telecos comparte sus desarrollos tecnológicos con el Ejército chino. El Pentágono, aseguran influyentes diarios, teme que los militares de la superpotencia emergente se encuentren en condiciones de curiosear las conversaciones de millones de europeos que se realizan con equipos de red llegados desde China. Pocos pueden creer que tal sospecha termine por encontrar fundamento, pero cuando se está dispuesto a defender las fronteras industriales, cualquier recurso resulta válido para elevar las trincheras.

En Europa, por el contrario, los principales operadores se han aficionado a las soluciones y a los precios de la tecnología china. No atienden a otras razones y han tendido un puente de plata para facilitar la llegada de Huawei, ZTE y los que le sigan.