Julio Llamazares. Escritor

"No entiendo el terror al fin del libro, solo tiene 500 años"

El nuevo libro del narrador leonés, Tanta pasión para nada (Alfaguara), recoge una docena de cuentos publicados a lo largo de los últimos años y en los que las pautas habituales en la obra del autor se repiten de forma destilada, muy representativa

"No entiendo el terror al fin del libro, solo tiene 500 años"
"No entiendo el terror al fin del libro, solo tiene 500 años"

El denominador común de los relatos recogidos en Tanta pasión para nada es la sensación de derrota final de sus protagonistas, si bien en el camino viven esa pasión que para Llamazares es la esencia de la vida.

Es solo su segundo libro de relatos en 30 años de carrera...

Soy lector de cuentos, pero los que he escrito, incluyendo los de este libro, han ido surgiendo por compromiso. Cada historia tiene su extensión, y habitualmente las mías reclaman más. Es una pena que en España este género no tenga el reconocimiento que merece, como en el resto de Europa. Supongo que por el prejuicio de que se trata de un género menor. No es esa, ya digo, mi razón para no escribirlos; he sentido ese menosprecio hacia los géneros ante mis libros de viajes. Al publicarlos, a veces, había quien me miraba como diciendo: "Perdió el tiempo cuando podría haber escrito otra novela...".

Todos estos cuentos reflejan historias de perdedores. ¿Siguen siendo los personajes más interesantes?

No me atraen como personajes los banqueros o famosos del momento, no puedo evitarlo. Bastante tienen los triunfadores con su éxito. Supongo que cuando uno se siente escritor intenta transmitir en su obra su visión profunda de la vida, y esta es la mía. Me interesa la gente que vive con entusiasmo pero sin esperanza, con pasión hasta la derrota final. Escribo por desacuerdo básico con el mundo y sus normas. Si no, me dedicaría a invertir en Bolsa.

Un cuento por encargo habla de la sequía creativa de un escritor obligado a entregar un relato en una fecha. ¿Es una vivencia personal?

En parte, en detalles. En realidad, quería reflejar la gracia que me hacen estos escritores profesionales capaces de producir a medida lo que les pidan, como si fueran sastres, que se han convertido en estrellas mediáticas y opinadores plenipotenciarios que dan doctrina de la vida. El relato es una caricatura para quitar solemnidad a la figura del escritor, convertido en un dogmatizador que suelta titulares lapidarios en los suplementos culturales de los periódicos.

¿Cree que la literatura está en peligro por los avances tecnológicos?

Me produce ternura esa visión ingenua de la historia que tenemos todos, la de estar siempre viviendo un momento fundamental que cambiará todo para siempre. Desde los tiempos de Homero, hace miles de años, la literatura ha consistido en contar historias, en el formato que sea. No entiendo ese terror al fin del libro, que solo existe desde hace 500 años. Con otros soportes, la literatura seguirá. Otra cosa es el negocio editorial, al que asisto desde lejos con estupor y escepticismo.

¿No siente que eso afectará a su vez a los escritores?

Cuando yo empecé a escribir lo hacía por vocación. Si es necesario, seguiré escribiendo aunque no exista una rentabilidad. De hecho, sería algo interesante saber cuántos de los escritores actuales seguirían sin un horizonte económico. Además, los escritores que no buscamos el éxito ya llevamos un tiempo arrinconados, como le pasó a la poesía.

"El cine español me parece una broma"

Julio Llamazares colaboró en varios guiones y es un gran aficionado al cine, aunque no pretende volver a trabajar en él.

¿Tiene previsto algún nuevo proyecto cinematográfico?

Mi relación con el cine siempre me dejó un poso agridulce. Aquí se desprecia al guionista, los directores se creen genios y no entienden que una película es un trabajo en equipo. Lo que yo he conocido de la industria española es una especie de broma para la que no me apetece trabajar más. Es patético que una industria de medio pelo celebre ahora los Goya como si esto fuera Hollywood, por no mencionar esas peleas de colegio mayor que se traen.

Tampoco da la impresión de estar muy integrado en la vida literaria.

Me parece que hay más vida y posibilidades de encontrar temas de interés para escribir en la calle o en un bar que en una reunión de escritores, que es lo más aburrido que puedo imaginar. Veo a los colegas cuando salgo de Madrid para algún acto, y por esa relación casual, tengo buen trato con todos ellos.

Hace cinco años de su última novela, ¿para cuándo la próxima?

Tal vez la termine el año que viene. Soy un escritor lento. Creo que, al igual que el cocido no sabe igual en el microondas que a fuego lento, la literatura tiene su tiempo de cocción. El tiempo es nuestro último tesoro.