ANÁLISIS

El año de un mundo a dos velocidades

El año 2010 estuvo marcado por periodos de dudas y de tensión relacionados con la crisis griega y la solvencia de ciertos estados. Es probable que 2011 siga bajo los mismos auspicios, aunque que con algunas buenas noticias. La economía mundial ha vuelto a encontrar el camino del crecimiento y muestra niveles cercanos a los de antes de la crisis. Los temores de doble depresión de la economía americana parecen descartados y la trayectoria de recuperación se ha visto confirmada por numerosos indicadores económicos en la mayoría de los países.

Sin embargo, estos elementos positivos ocultan una realidad más compleja: la de un mundo a dos velocidades. Por un lado, los países desarrollados, con una tasa de crecimiento baja y un verdadero riesgo de deflación. Por el otro, los emergentes, con un crecimiento más sostenido y con tensiones inflacionistas.

Debido a este bajo crecimiento en los países desarrollados, aparecen tensiones. Por ejemplo, EE UU ha aplicado políticas monetarias no convencionales. Esta afluencia de liquidez ha inundado, entre otros, a los emergentes. Esto se manifiesta en presiones sobre sus tipos de cambio, haciendo más frágil su modelo de desarrollo y aumentando el riesgo de formación de burbujas. Las relaciones entre países emergentes y desarrollados se convierten en un desafío para la economía mundial y deberían engendrar más volatilidad en los mercados financieros. Por tanto, los elementos de inquietud siguen presentes y no han sido totalmente tratados. Sin embargo, el crecimiento económico ha favorecido tanto a los activos con riesgo como a la Bolsa o a la deuda corporativa de alto rendimiento. Con todo, la volatilidad debería primar aún un cierto tiempo y los inversores deberán diferenciar entre las zonas más prometedoras y el resto.

Jacques Tebeka. Director de multigestión en Edmond de Rothschild IM