John Herhalt. Socio global de Gobierno en KPMG

"Hoy se puede reformar el Estado del bienestar"

Experto en el sector público, exige que se aprovechen las crisis para redimensionar el sistema de protección social

"Hoy se puede reformar el Estado del bienestar"
"Hoy se puede reformar el Estado del bienestar"

En plena controversia social por las reformas de las pensiones en la mayor parte de Europa, el socio responsable de sector público de una de las principales consultoras del mundo apela a la responsabilidad para asumir un Estado del bienestar sostenible (y más limitado que el actual) en el largo plazo.

¿Por qué cree que hay que retocar el sistema de protección social?

Porque necesitamos garantizar su sostenibilidad a largo plazo. Debemos plantearnos qué debe sufragar el Estado del bienestar, a qué niveles, de qué forma (hay servicios que pueden ser gestionados por el sector privado) y, sobre todo, cómo lo vamos a pagar.

"Hay que explicar lo que pasaría a largo plazo si hoy no se tomasen medidas"

El Gobierno español pretende retrasar en dos años la edad de jubilación. ¿Cree que es una medida necesaria?

Cada situación tiene una solución particular, pero, en general, no podemos pensar que el nivel de servicios de antes de la crisis sea necesariamente al que haya que regresar. Sin conocer en profundidad el caso español, está claro que el envejecimiento de la población requiere cambios en las prestaciones. Es un error pensar que la respuesta sea siempre incrementar el gasto.

Pero se trata de un cambio de largo plazo. ¿Es razonable tanta urgencia?

Las realidades sociales están cambiando rápidamente; las poblaciones occidentales envejecen y el 90% del gasto sanitario se produce en los últimos años de vida. Creo que las medidas deben tomarse cuanto antes.

No parece el momento más tranquilo para abordarlas...

Las situaciones difíciles, como la que sufrimos en la actualidad, ofrecen la oportunidad de cambiar estructuras muy antiguas cuya eficiencia nunca se ha revisado. Hoy se puede reformar el Estado del bienestar para hacerlo menos gravoso. Por supuesto, hay que gestionar las expectativas, y eso pasa por una buena política de comunicación, por explicar qué pasaría a largo plazo sin cambios para que la gente relativice el impacto inmediato.

¿Todo eso pasa por perder derechos sociales?

Se puede seguir ofreciendo todos los servicios que sean útiles, pero hasta unos niveles distintos. Por ejemplo, en el caso de la educación, ¿tiene que ser gratuita en todos los niveles? ¿Cuáles son los prioritarios? También pueden plantearse tipos de gestión diferentes a los que priman ahora, dando paso a empresas privadas bajo un marco regulado por el Estado. Algunas medidas disuasorias, como el copago sanitario, pueden tener un impacto sobre las cuentas muy relevante.

¿Cómo debe financiarse el Estado del bienestar?

Esa es otra de las cuestiones sobre las que debemos reflexionar desde cero. La eficiencia debe ser la guía y, en ese sentido, en función del tipo de servicio, puede ser más útil financiarlo con los impuestos, las cotizaciones o, aunque sea de forma parcial, directamente por los usuarios. De nuevo, no existe una respuesta aplicable a todas las situaciones, aunque sí una premisa general: las cuentas públicas funcionan como nuestros bolsillos, hay cantidades que entran y que salen, y uno solo se puede endeudar hasta un determinado nivel. Por eso, solo hay una cantidad de servicios públicos sostenible.

Gasto en actividades no estratégicas

La contención del Estado del bienestar está relacionada con las políticas de ajuste fiscal que predominan hoy en Europa. ¿No pueden resultar una cortapisa adicional a la recuperación económica?

En efecto, hay países, como España, en los que pensar cómo se va a crecer, de qué manera se puede estimular la economía mientras se ajustan las cuentas, supone un reto fundamental. En ese sentido, la eficiencia del gasto resulta crucial. Durante la recesión se ha gastado mucho dinero en actividades no estratégicas, que no contribuyen al crecimiento a largo plazo.

¿El Plan E español, que financió obras municipales, se encuentra entre ellas?

Por lo que conozco, sí, pero también hicimos algo parecido en Canadá. Con un impacto fiscal similar, hubiera resultado más útil recortar impuestos para incentivar la actividad empresarial.

Usted ha hablado de buscar una fiscalidad menos dependiente del ciclo. ¿Cómo se logra?

En esta crisis hemos comprobado cómo los ingresos han descendido más rápidamente que la actividad, lo cual pone en jaque las cuentas públicas. Existen algunos impuestos con una base relativamente fija, como los que afectan a la propiedad, que se podrían potenciar. También, debe lucharse contra la percepción popular de que los que tienen más deben aportar proporcionalmente más, porque eso desincentiva la creación de riqueza. Con esas líneas, orientándose hacia un tipo único sobre la renta, se obtendría una base fiscal más amplia y estable, y los que tienen altos ingresos podrían destinar más a invertir. En todo caso, dada la caída de la recaudación, el aspecto clave es revisar la estructura de los gastos y adaptarla a las nuevas realidades.