A fondo

A temblar: Salgado dice que no subirá impuestos

El conde de Romanones ya advertía que "cuando un político dice jamás se refiere a los próximos quince minutos".

El axioma del que fuera ministro y presidente del Congreso y del Senado en la primera mitad del siglo XX sigue siendo válido. Las principales medidas económicas aprobadas por el Gobierno -aumento del IVA, del IRPF, de los impuestos especiales, rebaja del sueldo de los funcionarios o privatización de Loterías y Apuestas del Estado (LAE)- tienen algo en común. Todas fueron negadas por miembros del Ejecutivo pocos meses antes, incluso días, de anunciarse.

Por ejemplo, el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña declaraba el 15 de junio de 2009 que el Gobierno "no estaba considerando una subida del IVA" y alertaba de los efectos negativos que tal medida tendría sobre el consumo. Tres meses más tarde, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, comunicaba un aumento de dos puntos en el principal tributo indirecto. Ocaña también rechazó cualquier subida de los impuestos especiales dos semanas antes de que el Gobierno elevara la fiscalidad sobre el tabaco.

Salgado también salió al paso en febrero de los rumores que apuntaban a la congelación del sueldo de los funcionarios. Lo negó una y mil veces. En esta ocasión, Salgado acertó. El sueldo de los funcionarios no se congeló sino que se bajó un 5%. El anuncio lo realizó el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que el pasado mes de septiembre también confirmó un incremento del IRPF, extremo que, a su vez, había negado con anterioridad.

¿Y qué decía el Gobierno acerca de la posible privatización de Loterías meses antes de que el Consejo de Ministros aprobara la venta del 30% de la compañía? "No privatizaremos LAE".

Las hemerotecas pesan como una losa sobre este Ejecutivo. Los desmentidos de aumentos fiscales que finalmente se acaban produciendo ilustran la delicada situación financiera de las cuentas del Estado y suponen un ejemplo palpable de que son los mercados quienes toman las decisiones. Cuando Economía aseguraba que no subiría el IVA no mentía. En ese momento, tal posibilidad no aparecía en la agenda política. Si finalmente el Ejecutivo adoptó la impopular medida fue por la presión de Bruselas y de los mercados, ese ente difuso que a veces parece que manda más que el propio presidente del Gobierno.

Lo mismo sucedió con la rebaja del sueldo de los funcionarios o la congelación de las pensiones. Economía argumentó que ambas medidas servían para demostrar a los mercados que España se tomaba en serio la necesidad de reducir el déficit fiscal. Por ello, cuando ahora un miembro del Ejecutivo niega subidas fiscales, los contribuyentes deben saber que el cumplimiento de esa promesa dependerá de esa parienta ingrata llamada prima de riesgo.

A principios de mes, este periódico informaba de la posibilidad de que en 2011 se produzcan nuevas subidas fiscales, extremo que Salgado negó. Teniendo en cuenta los precedentes, ¿qué valor tienen los desmentidos del Gobierno? Existen pocas dudas de que la voluntad del Ejecutivo no pasa por subir tributos en 2011, cuando faltarán meses para las elecciones generales. Pero como se ha demostrado en estos últimos años, la voluntad del Ejecutivo vale poco cuando los mercados hacen sonar las alarmas y el pánico se extiende sobre España.

Así, que suban o no los tributos el próximo año dependerá de los mercados y de si las previsiones del Gobierno se cumplen. Una desviación negativa del crecimiento y de los ingresos fiscales supondrá adoptar nuevas medidas bien por el lado del gasto o de los ingresos. En este contexto, existe un tributo que aún tiene margen de recorrido al alza. Y es el IVA. El tipo general del 18% está por debajo de la media europea y, además, ante la encrucijada de aumentar los impuestos, organizaciones como la OCDE siempre recomiendan a los Gobiernos elevar tributos indirectos como el IVA o los impuestos especiales antes que subir el IRPF o el gravamen sobre los beneficios empresariales.

El hecho de que España subiera en julio el IVA no significa que no pueda volver a hacerlo en 2011. Países como Grecia, Portugal o el Reino Unido han seguido este camino.

Por otro lado, el Ejecutivo no cesa de repetir que cumplir los objetivos de reducción del déficit supone la principal prioridad para los próximos años. Y tanto el IVA como los impuestos especiales son las figuras tributarias que permiten un aumento inmediato de los ingresos. Desde julio, cuando entró en vigor la subida del IVA del 16% al 18%, las arcas públicas han ingresado 1.700 millones de euros adicionales. Y el alza del impuesto sobre el tabaco e hidrocarburos aprobado en junio del año pasado permitió recaudar 1.000 millones más.

Cuando los números no cuadran, recurrir a nuevas subidas fiscales supone una medida muy tentadora. Sin embargo, incrementar los impuestos no es gratis y tiene un coste en términos de crecimiento económico. En cualquier caso, los contribuyentes tienen motivos para preocuparse y pocas razones para celebrar la entrada del año nuevo.