Regatas oceánicas

La importancia del piloto automático en los barcos de la Barcelona World Race

En el corazón electrónico de los barcos de clase Imoca Open 60 con que se disputa la Barcelona World Race se encuentra el sistema de piloto automático. Es capaz de gobernar por sí mismo el barco a partir de la información recibida en distintos apartados: el ángulo del timón; el giroscopio, que aporta datos sobre el movimiento del barco con los que se corrige cualquier error en los marcadores como resultado de alguna actitud poco habitual; o el movimiento del barco, para que el sistema pueda calcular la corrección del timón.

El piloto automático tiene una serie de situaciones previstas programadas para que, por ejemplo, cuando los instrumentos registran una ráfaga fuerte de viento y el barco empieza a escorarse, se produzca una respuesta automática que evita la pérdida de control del barco.

También cuenta con medidas de seguridad adicionales. Por ejemplo, a gran velocidad es posible que la rueda de paletas salga del agua y deje de girar. Esto enviaría información incorrecta al procesador y podría provocar un accidente. Para evitarlo, cuando el barco alcanza una velocidad concreta empieza a recibir información del GPS en lugar de la rueda.

Contra el viento, el piloto automático necesita mucha menos potencia que cuando el barco va a favor con condiciones movidas. A veces, la diferencia en el consumo de energía puede ser dramática solo por el factor meteorológico. Durante la última Barcelona World Race, un tramo del Atlántico largo e inesperado de ceñida permitió al Educación Sin Fronteras llegar a Barcelona sin detenerse a repostar. Naturalmente, lo contrario también sucede.

Para la vela oceánica moderna en solitario o a dos, el piloto automático es esencial para auxiliar a los regatistas, pero su importancia implica que la gestión de este tripulante "invisible" también es clave.