Arte

Los maestros holandeses del XVII resucitan en La Haya

La exposición temporal 'Made in Holland' muestra una selección de pinturas que sólo se podrá ver en dos museos en Europa.

A partir de este fin de semana, la Mauritshuis de La Haya, famosa por albergar La joven de la perla de Vermeer, reivindica aún más su carácter de hogar de los maestros holandeses del siglo XVII, la época dorada de la pintura de esta región. Este particular museo, que está ubicado en una casa palacio construida en la citada época, exhibirá de forma temporal gran parte de la colección privada de Eijk y Rose-Marie de Mol van Otterloo bajo el título de Made in Holland.

La muestra merece una visita a La Haya, una ciudad injustamente olvidada de las rutas por la zona, tanto por la calidad de los cuadros que la forman -Rembrandt, Van Ruisdael, Nicolaes Maes y Gerrit Dou son algunos de los pintores representados- como por la historia que subyace a la colección.

Los Otterloo han configurado "una de las colecciones más importantes que han surgido en los últimos años en la esfera artística internacional", según explica el comisario de la exposición, Quentin Buvelot, que resalta, además, que este matrimonio ha conseguido llevarla a cabo en un tiempo récord, ya que han coleccionado 67 pinturas en 17 años.

Eijk van Otterloo: "Nos fijamos en el autor y el tema, pero también en su condición general y su origen"

La exposición que ha comenzado este fin de semana está formada por una selección de 44 cuadros. La directora de Mauritshuis, Emilie Gordenker, lo justifica de la siguiente forma: "No somos muy grandes, pero tenemos mucha calidad". Y el resultado de la combinación de ambas exposiciones así lo demuestra. Si en Made in Holland Rembrandt ofrece su interpretación de la ternura en Retrato de la tía Uylenburgh, en la exposición permanente de la Mauritshuis ilustra el reproche en Lección de anatomía con Nicolaes Tulp. Si la casa de los Maurit contiene uno de los bodegones de flores más avanzados de Bosschaert, la selección de los Otterloo contiene el primer experimento del autor en este género.

La gran aportación de los Otterloo consiste en que han dado una lección de cómo coleccionar clásicos de la pintura con elegancia, calidad y rapidez. Su selección está bien cohesionada, su hilo conductor son los bodegones, los paisajes, escenas de la vida pesquera y retratos. Han contado con un asesoramiento ejemplar: Peter Sutton, director del Museum of Fine Arts de Boston, y Simon Levie, director del Rijksmuseum de Ámsterdam. Gracias a ello, los propietarios han desarrollado un instinto felino respecto a las piezas que convienen a su colección: "Nos fijamos en el autor y el tema del cuadro, pero también en la condición en la que se encuentra, el estado de la pintura y el marco son muy importantes. También estudiamos el origen y el camino seguido por el cuadro, porque no queremos comprar pinturas que hayan sido robadas", dice Eijk.

Y lo mejor de todo es que, por muy muertos que estén los maestros holandeses del XVII, a la colección de los Otterloo le queda mucho camino por delante. "Todavía nos faltan nombres importantes, como Hendrick ter Brugghen, Pieter de Hooch o Judith Leyster, y además estamos buscando una ubicación permanente, seguramente será en Estados Unidos, en la que el público pueda visitar nuestra colección en el futuro".

El Prado exhibe su poderío

El Museo del Prado presume de su colección de pinturas de Peter Paul Rubens a partir de este fin de semana y hasta el 13 de enero de 2011. Bajo el sencillo título de Rubens, mostrará en una exposición temporal 90 obras de uno de los pintores holandeses más importantes de la época dorada de esta pintura, el siglo XVII.

Todos los cuadros de esta exposición, que ha sido comisariada por el jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, Alejandro Vergara, pertenecen a la colección propia de esta institución.

La razón que ha empujado el Prado a organizar la muestra es la reorganización de la zona dedicada a Rubens en el marco de las obras de ampliación del museo. Entre los cuadros expuestos destacan Lucha de san Jorge y el dragón y Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros.