Análisis

Se acaba el reinado de los bonos, vuelve el momento de las Bolsas

Analistas y gurús destacan que la renta variable está más barata que la deuda pública.

Compren acciones. Vendan bonos", la recomendación, lanzada esta semana por el reputado analista e inversor Marc Faber, resume la posición que están empezando a adoptar algunos de los grandes gurús de los mercados. Después de que las Bolsas se vinieran abajo y de que los precios de la deuda pública hayan protagonizado un impresionante rally, la tendencia podría estar a punto de cambiar. En este juego, la cuestión está en si mantener aún posiciones en bonos o arriesgar y subirse a la ola bursátil.

La rentabilidad de los bonos soberanos de referencia, como los de Alemania o Estados Unidos, se encuentran en rango de mínimos históricos. El tipo de interés para las emisiones a diez años de Berlín ha llegado a caer hasta el 2,11% en el mercado secundario. El de las de Washington, al 2,48%. Paralelamente, tras un duro año para los parqués, muchos de los grandes indicativos bursátiles intentan romper resistencias en los últimos días. Un hecho que muchos analistas consideran el pistoletazo de salida al alza. De hecho, los tres grandes índices norteamericanos se han dado la vuelta y presentan ya incrementos en el año.

"Está bastante claro que las Bolsas están más baratas que los bonos", animaba hace poco Warren Buffett, quizá el inversor más famoso del mundo. "Comparto la valoración de Buffett, pero no creo que haya prisa por salir del mercado de bonos. No hay mucho a ganar en el mercado de deuda pública, pero tampoco en renta variable, aunque es cierto que las Bolsas pueden hacerlo mucho mejor que la deuda", argumenta José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi.

"La rentabilidad de los bonos está en mínimos históricos y la Bolsa, sin estarlo, está muy barata. Más que en el periodo de 2003 a 2007", añaden los analistas de MG Valores. En su opinión, para entender el mensaje de Buffett hay que tener en cuenta tanto este hecho, como la "percepción optimista que él tiene del futuro de la economía norteamericana".

Y es que el devenir macroeconómico será el que determine el futuro de uno y otro mercado. Por el momento, las dudas siguen manteniendo algo volátil la deuda y temerosa a las Bolsas, señalan desde Barclays. Y cada mercado apunta hacia un lado. Mientras las Bolsas mandan el mensaje de que la salida de la crisis está a la vuelta de la esquina, los bonos emiten una señal de temor ante la posibilidad de entrar en una nueva recesión.

¿Quién tiene razón? "Por primera vez, las Bolsas aciertan y los bonos se equivocan", da por respuesta el famoso gestor de fondos John Paulson. Pero aunque su tesis sea cierta, la ecuación es algo más compleja. "Las Bolsas son indicadores adelantados, pero a su vez también provocan un impacto en el cuadro macroeconómico. Son juez y parte", advierten desde Citi. Así, aunque sus movimientos anticipen el escenario que se avecina, el hecho de que se revaloricen tiene una influencia real en la recuperación económica, sobre todo "de cara al inversor y al consumidor", explican, alegando que para consagrar la recuperación es "fundamental que las Bolsas suban".

En cuanto a la compra de deuda, los expertos de MG asumen que "el precio de los bonos sube porque los bancos centrales están comprándolos y porque no hay inflación. Pero a largo plazo no son atractivos". Y está por ver qué ocurre en el corto plazo. Voces como la del presidente del banco central alemán, Axel Weber, reclaman que el BCE deje de adquirir emisiones públicas. Una decisión que podría comenzar a desinflar lo que muchos no dudan en llamar la nueva burbuja que surgió de la crisis, la soberana.

Bajo el punto de vista de los analistas consultados, el inversor debe recuperar la perspectiva de lo que ofrece cada mercado. "Los bonos no son tan atractivos como las Bolsas, pero eso sí, son más seguros. Es cuestión de decidir qué se quiere", argumentan en MG. El problema, sostienen, es que la deuda se ha vuelto tan atractiva este año que muchos han olvidado que ésta es la opción poco rentable pero con garantías, y que las grandes apuestas, con su riesgo, están en la Bolsa.

Una cartera llena de bonos

Un volantazo de los inversores desde la deuda hacia la renta variable, sorprendería a muchos en otro carril, con el maletero lleno de emisiones públicas. Según la Asociación Americana de Inversores Individuales, la cartera media se compone de un 25% de emisiones de deuda pública, cuando históricamente se ha mantenido en el 15%. Las acciones, a su vez, que venían suponiendo el 60% de sus activos, se han reducido al 54%.

Un trasvase para insuflar ánimos

Una de las razones que ha mantenido a la mayoría de los grandes índices bursátiles en un rango lateral durante los últimos meses es el bajo volumen de negociación. Las apuestas no han sido muy grandes y los inversores han optado por comprar cuando los índices caen cerca del soporte y vender cuando se aproximan a la resistencia.

Gran parte del dinero circulante se ha trasladado al mercado de la deuda pública, donde la crisis de confianza en muchos de los países de Europa ha obligado a los estados a elevar los tipos de interés que pagan por colocar sus emisiones. Sin embargo, la progresiva normalización que está viviendo este mercado podría devolver la savia al mercado de la renta variable. Un impulso que podría resultar clave para que las Bolsas se decidan definitivamente por una senda alcista.

Desde Citi, sin embargo, señalan que aún se seguirá compaginando la inversión en ambos activos con lo que "no habrá tal trasvase". En su opinión, lo que debe movilizarse hacia la Bolsa es toda la liquidez que se mantiene ahora mismo en depósitos.