A fondo

Liquidez barata para la compra de deuda

El Banco Central Europeo (BCE) quiere terminar con la excesiva demanda de liquidez de las entidades financieras. El Banco de España también, y así se lo está recomendando a sus supervisados, bancos y cajas.

No buscan un suicidio colectivo del sistema financiero. Nada más lejos. Pero sí consideran que existen algunas entidades que han convertido la barra libre del BCE en una de sus principales fuentes de generación de negocio.

Acudir a Fráncfort para pedir liquidez al 1% y utilizarla luego para la compra de deuda pública con una rentabilidad superior al 3,5% se ha convertido en un negocio redondo para algunos bancos y cajas de ahorros -no sólo españoles-, que han sustentado sus márgenes con esta actividad, que puede ser, y de hecho lo ha sido, muy provechosa, pero también muy arriesgada. Además, es contraria a lo que el supervisor europeo pretende con la concesión de financiación ilimitada.

La liquidez se ha convertido en un tesoro cuyo objetivo es mantener la actividad principal de un banco: proporcionar financiación a familias y empresas.

No es extraño que varios directivos del sector financiero vaticinen otra crisis de liquidez. Los mercados mayoristas y el interbancario han comenzado a dar signos de apertura, "pero tan tímidamente que en cualquier momento pueden volver a cerrarse. Un nuevo susto relativo al sector financiero o a la deuda de un país y las consecuencias pueden ser nefastas para los mercados", explica un ejecutivo de una entidad financiera española. Además, el precio que hay que pagar para emitir es tan alto, sobre todo para las entidades más pequeñas, que les resulta casi imposible financiarse con la emisión de bonos.

La barra libre de liquidez que proporciona el Banco Central Europeo desde que se inició la crisis financiera hace tres años, tiene fecha de caducidad, finales de este año. Y la recomendación de reducir la apelación a este organismo presionará más a las entidades más débiles, que son precisamente las que no tienen capacidad para salir al mercado.

Por ello, tampoco es extraño que el consejero delegado de Santander, Alfredo Sáenz, declarara la semana pasada en Londres que la guerra del pasivo iba a durar aún varios meses. El consejo delegado de Banesto, José García Cantera, también corroboró ayer esta opinión, lo mismo que prácticamente todo el sistema financiero. El sector también considera que esto llevará, como ya se está comprobando, a importantes caídas de los márgenes que puede desembocar en el suicidio de las entidades más débiles.

La competencia en el sector es tan feroz que nadie puede quedarse atrás en las ofertas. El negocio bancario escasea, captar un nuevo cliente se ha convertido en un reto. Y si tiene ahorros el reto es doble. A falta de liquidez, la banca necesita depósitos para financiar su actividad. Y la guerra del pasivo provocará otra oleada de fusiones. La reestructuración del sector financiero aún no ha finalizado.