Goldman y JPMorgan, los únicos que se han recuperado

Las dudas persisten dos años después de la quiebra de Lehman

Dos años después de la quiebra de Lehman Brothers, con una deuda de 613.000 millones de dólares, los mercados aún se preguntan si el modelo inversor de la banca, que tantos beneficios dio hasta hace unos años, se puede reparar.

Sede de Lehman Brothers en Nueva York, el 10 de septiembre de 2008, justo antes de la quiebra.
Sede de Lehman Brothers en Nueva York, el 10 de septiembre de 2008, justo antes de la quiebra.

Lo cierto es que de los diez grandes bancos estadounidenses, sólo Goldman Sachs y JPMorgan tienen casi la misma capitalización bursátil que tenían el 12 de septiembre de 2008, un día antes de que Lehman quebrara.

Otros no han podido levantar cabeza. Citigroup ha perdido el 78% de su precio y Bank of America un 59%. De media, el valor de la banca en Estados Unidos ha caído un 23%, más del doble del descenso del 10% que ha vivido en ese mismo periodo el índice Standard & Poor's 500.

"Lo fundamental del negocio jamás va a estar cerca de los beneficios que se obtuvieron antes de la quiebra de Lehman. Cada uno de los aspectos del negocio se ha dañado", dice Jon Fisher, jefe de portafolio de Fifth Third Asset Management, que controla unos 18.000 millones de dólares.

JPMORGAN CHASE & CO. 161,22 -0,01%
CITIGROUP INC. 75,13 0,07%

La historia de Lehman, con 158 años de vida, terminó el 15 de septiembre de 2008. Su quiebra y, como consecuencia el gran daño económico, redujo la competencia en el sector bancario y generó una nueva regulación que establece límites en sus actividades.

Cronología de la crisis

Todo comenzó en marzo de 2007, cuando la Asociación de Bancos Hipotecarios de Estados Unidos reveló que el número de impagos en el sector hipotecario había alcanzado su punto más alto en siete años.

Estallaba así la crisis de las hipotecas "subprime" o de alto riesgo, que salpicaba al sistema financiero internacional en todos sus recovecos, particularmente en lo relativo al crédito.

Un año y medio después el colapso del banco privado Lehman Brothers provocaba un terremoto financiero y bursátil que convencía incluso a los más escépticos acerca de la necesidad de un cambio radical del sistema.

La bolsa española no se libró de los descalabros bursátiles, y el viernes 12 de septiembre de 2008 el selectivo español cerraba la sesión en 11.412 puntos para caer en la siguiente jornada, el lunes 15, una vez conocida la bancarrota de la entidad estadounidense, al mínimo del año (10.889 puntos), tras perder el 4,50% en la sesión.

Dos años después, a ambos lados del Atlántico se han acometido ambiciosas reformas de las reglas del juego, que culminaron el pasado fin de semana con la aprobación de las normas de solvencia de entidades financieras conocidas como Basilea III.

La principal novedad estriba en los mayores requerimientos de capital a los que deben hacer frente las entidades financieras, que se sometieron a mediados de año a unas prueba de resistencia o "test de estrés" con las que el mercado pudo valorar la fortaleza de gran parte de los bancos europeos.

No obstante, sus efectos no serán inmediatos, ya que los miembros del G-20 deberán examinar estos acuerdos en su reunión de noviembre y, en cualquier caso, el plazo para su aplicación se extiende hasta 2018.

Simultáneamente a la publicación de esos exámenes a la banca europea el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lograba hacer realidad -no sin dificultades- la que se ha considerado la mayor reforma financiera desde la Gran Depresión.

Los cambios regulatorios permiten al Gobierno desmantelar empresas que pongan en peligro a la economía, crear una entidad de protección financiera para los consumidores, y aumentar la vigilancia del complejo entramado financiero del país, especialmente del mercado de derivados.

En estos veinticuatro meses, España ha asumido la gravedad de la recesión económica, y ha luchado por mantener la confianza de los mercados, que durante la primavera de 2010 dieron por sentado que el país se encontraba en quiebra técnica, tal y como había ocurrido con Grecia.

El empeño en demostrar la solvencia de España daba sus frutos y la prima de riesgo país, que se mide con el diferencial entre el bono español a diez años y el alemán del mismo plazo, el de referencia en Europa, regresaba a niveles aceptables tras marcar a comienzos de verano sus niveles máximos de los últimos quince años.

Por lo que respecta a la reforma de la supervisión financiera y al proyecto iniciado en 2008 por el entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, de un modelo "twin peaks", basado en dos organismos supervisores nacionales, queda por ahora supeditado a lo acordado por el Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) a comienzos de este mes.

El Ecofin tiene previsto poner en marcha a partir de 2011 tres autoridades europeas de vigilancia que supervisarán las actividades de los bancos, las aseguradoras y los mercados bursátiles, además de una junta europea para la prevención de los grandes riesgos sistémicos que estará encabezada por el presidente del Banco Central Europeo (BCE).