Subasta de bonos a cinco años

El Tesoro coloca 3.310 millones en letras a una menor rentabilidad

El Tesoro Público ha colocado hoy 3.311 millones de euros en letras a cinco años a un tipo del 2,964%, por debajo del tipo del 3,657% de la subasta anterior.

En la última subasta de esta misma denominación, realizada el pasado 1 de julio, el Tesoro español consiguió colocar 3.500 millones de euros con un interés marginal del 3,727%, 0,14 puntos superior al de la anterior emisión de igual denominación celebrada en mayo.

Tal y como viene sucediendo en las subasta celebradas en los últimos meses, la demanda ha superado ampliamente la oferta, ya que según informó el Banco de España, que actúa de agente de la subasta, las entidades solicitaron hoy 5.393 millones de euros de los que finalmente se adjudicaron 3.310, con un objetivo de captación que oscilaba entre 3.000 y 4.000 millones.

En la subasta de mayo, el Tesoro elevó el interés en 0,73 puntos hasta alcanzar un rendimiento del 3,580, una rentabilidad que no se ofrecía por este tipo de deuda desde noviembre de 2008, dos meses después de la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers.

La de hoy es la primera puja que se celebra este mes, después de que en agosto se colocaran 13.024 millones de euros en bonos y letras y la segunda después de que la agencia de medición de riesgos Moody's advirtiera de que la perspectiva de crecimiento de la economía española es "más débil" que la de otros países.

En la buena acogida que ha tenido la emisión de hoy ha influido, en opinión de algunos analistas, el compromiso expresado ayer por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de continuar reduciendo el déficit público.

Tras la rebaja que la agencia de medición de riesgos Fitch aplicara a finales de mayo a la deuda española, España se encontró con dificultades crecientes para colocar sus emisiones, con lo que los intereses marginales se dispararon.

Este encarecimiento de la deuda, tanto de bonos, letras u otros productos, era el reflejo de la desconfianza de los mercados con España y provocó las dudas de los inversores ante la capacidad del Estado para hacer frente a los compromisos con sus acreedores.

El punto de inflexión se produjo en la segunda quincena de julio, a partir de la publicación de los test de resistencia a los que se sometieron las entidades financieras españolas.

A partir de entonces los mercados recuperaron la confianza en la deuda pública española y en su capacidad para salir de la crisis, y en todas las subastas celebradas desde entonces, tanto de bonos, letras y obligaciones, el interés se redujo.