Lunes de los Fondos

Japón, la Bolsa naciente

Los gestores apuestan por el potencial nipón, pero también hay razones para el escepticismo.

Son bastantes y singulares los gestores de fondos de renta variable japonesa que en los últimos meses han salido a la palestra para proclamar que esta vez sí hay una oportunidad de inversión en la Bolsa japonesa. Lógicamente estos gestores se ven condicionados por su posición interesada, pero también es verdad que no suelen gritar muy alto las excelencias del tipo de activo que gestionan a no ser que verdaderamente vean una oportunidad clara. Algunos responsables de inversión o análisis de renombre han señalado el potencial de las acciones niponas, aunque no falta quien opina lo contrario.

Existen razones para situarse en la posición de los escépticos, siendo una de las principales su pobre comportamiento relativo durante nada menos que las dos últimas décadas y su dudosa reputación por experimentar rebotes esperanzadores de sus índices que invariablemente terminan rápidamente en una nueva decepción. Otras razones, manidas de tanto escucharlas, son su pobre desempeño económico, su envejecida población o un sistema político anquilosado y temeroso de tomar las reformas necesarias.

Tiene interés atender a los argumentos que en esta ocasión los promotores de la Bolsa japonesa tienen que aducir. Uno de ellos (hay que reconocer que relativamente novedoso) proviene del vuelco político que se produjo en el panorama político japonés va a hacer ahora pronto un año. La victoria del Partido Democrático de Japón (DPJ), tras más de sesenta años de dominio, en solitario o compañía, del Partido Democrático Liberal (LDP) supuso una puerta de esperanza al cambio. La esperanza, aducen los optimistas, se fundamenta en que este nuevo partido trae en la agenda las reformas que son necesarias para impulsar la economía del país. La principal sería un paquete de medidas para el impulso del consumo, uno de los grandes talones de Aquiles de una economía en estado deflacionario cuasi permanente. Otra, la reducción del enorme gasto público, con la consiguiente reducción del gigantesco nivel de deuda y por último la lucha contra la corrupción y la reducción del peso y el poder del sector público.

La otra gran razón que señalan los alcistas es que Japón se encuentra a las puertas de una región que disfruta de un extraordinario crecimiento, como es el sudeste asiático. Las compañías exportadoras japonesas se benefician de ello, y las exportaciones a China ya superan a las que se realizan a Estados Unidos. De hecho, se señala con acierto que en los últimos cinco años, tras la salida de la recesión anterior en 2002, Japón ha disfrutado de crecimientos en línea con los de otros países desarrollados, luego alguna mejora ya se esta observando.

Desgraciadamente, estas razones pueden ser rebatidas con criterio por los pesimistas. La esperanza política se ha tambaleado en los últimos meses entre escándalos, divisiones internas del propio DPJ y su reciente derrota en unas elecciones intermedias. La última gran reforma propuesta -el aumento del impuesto sobre el consumo de un 5% a un 10%- aunque positivo y hasta necesario para poder reducir el ingente déficit, puede resultar negativo para ese consumo que se quiere potenciar. Respecto a la situación estratégica de Japón ello puede favorecer a algunos exportadores pero no significa que vaya a cambiar el signo de la economía nipona.

Quizás ninguno de los argumentos a favor y en contra aquí comentados vayan a tener una influencia decisiva en la evolución de los índices japoneses en el corto plazo. Al final, como casi todo en la vida, la clave suele ser una cuestión de precio. Parece existir cierta evidencia que la Bolsa japonesa se ha quedado excesivamente rezagada para el desempeño relativo de su economía y sus compañías cotizadas. Uno de los resultados de esto hecho es que las valoraciones poco menos que descuentan escenarios catastrofistas. Otro es una infraasignación por parte de los inversores institucionales y minoristas a Bolsa japonesa. A poco que cambien las tornas y tome algún impulso, son dos factores que deben tener un impacto positivo en las cotizaciones.

Los problemas no acaban ahí, ya que elegir el producto a través del cual ganar exposición a Bolsa japonesa no es sencillo. Los fondos, por seguridad y diversificación y coste, son la opción más clara. Pero son pocos los gestores capaces de batir los índices de manera consistente. Y además está el dilema de la divisa. Sobre los primero se puede optar por comprar un fondo índice o un ETF que trate de replicar el índice, o si no confiar en un asesor que sea capaz de encontrar un fondo y gestor ganador. Sobre lo segundo, las alternativas son proteger el tipo de cambio con respecto al euro o no ya que muchos fondos permiten esta opción. Hasta este año parecía claro que interesaba estar expuesto a la evolución del yen pero, tras la fuerte revalorización experimentada ya no está tan claro.