æscaron;ltimos datos publicados por el Banco de España

La actividad inmobiliaria acapara el 60% del crédito y la industria, el 8%

El cambio de modelo productivo va para largo. Pasados dos años desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, la actividad inmobiliaria todavía acapara el 60% de la financiación en España, apenas un punto por debajo del máximo de entonces. Y en paralelo, los últimos datos apuntan que del nuevo crédito, sólo empieza a cimentar su recuperación el concedido a hogares, algo que está lejos de suceder con el de las empresas.

El ajuste financiero avanza, aunque de forma casi imperceptible. La concentración sectorial del crédito en las actividades ligadas a la construcción sigue siendo una de las mayores trabas para lograr el recambio de un modelo productivo que se ha probado insostenible. Según los últimos datos publicados por el Banco de España, el crédito destinado a construcción residencial y adquisición de vivienda alcanzó en el primer trimestre 1.104.818 millones de euros. Eso supone el 60,4% de los 1.826.989 millones del saldo vivo que las entidades de crédito mantienen con los sectores residentes en España y, por lo demás, supera ampliamente el producto interior bruto del país.

Hace dos años, en la cúspide de la burbuja inmobiliaria, construcción y vivienda acaparaban el 61,3% de la financiación a los sectores residentes (es decir, los dos años de crisis económica han recortado apenas un punto a esa cuota). El ajuste, tan brutal en otros aspectos (como el del mercado laboral o un déficit corriente que se ha reducido a la mitad), es escaso en el ámbito sectorial. Y lo es más, si se compara con la velocidad a la que antes se había movido el crédito de manos: en 1992, en el arranque de la anterior crisis económica española, sólo uno de cada tres euros financiaba la inversión en vivienda.

La historia, a partir de entonces, es bien conocida: la entrada en el euro llevó a un descenso de los tipos de interés hasta niveles negativos en términos reales, lo que, unido a los estímulos fiscales en forma de deducciones, hicieron del ladrillo la estrella de la economía española. La parte mala es que también sembraron los desequilibrios que hoy explican el retraso de España en salir de la recesión con respecto a sus socios europeos.

Los datos no invitan a pensar en una reestructuración positiva: la industria apenas supera el 8% del crédito total (149.302 millones de euros), mientas que los servicios no llegan al 20%.

Las cifras del Banco de España ofrecen un ángulo adicional: la distribución sectorial del crédito a las actividades productivas, de cuyo cálculo se excluye la adquisición y rehabilitación de vivienda propia. Pues bien, también en este capítulo la construcción y los servicios inmobiliarios se llevan la palma, acaparando la mitad de la financiación productiva (12,8% y 36,9%, respectivamente). Respecto al reparto de hace dos años, la cuota conjunta apenas se ha recortado en cuatro décimas.

En el periodo citado, la financiación destinada al sector industrial sólo aumentó en tres décimas, para situarse en el 15,2% del total. Y, si bien ha sido notable la caída de la financiación del sector constructor (18,1%, hasta el 12,8%), la destinada a los servicios inmobiliarios (fundamentalmente, promoción de vivienda) ha aumentado en casi tres puntos su porción de la tarta, hasta acaparar ya el 36,9% del total.

La importancia de la distribución financiera no es meramente teórica ni se ciñe a plazos largos en el desarrollo económico de un país. También tiene incidencia en el muy corto plazo: el enorme volumen vivo de crédito a constructoras y promotoras es uno de los argumentos que explican los ataques sufridos por la economía española en los mercados de deuda, que elevaron los diferenciales respecto a las emisiones de Alemania hasta niveles desconocidos (el del bono a diez años llegó a superar ampliamente los 200 puntos básicos).

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, hace ya más de dos años, llevó a la quiebra a numerosas empresas del ramo, convirtiendo en incobrables buen número de préstamos y sembrando las dudas entre los inversores. Esas tensiones, por su parte, obligaron al Gobierno a rectificar de forma drástica su política económica y anunciar el mayor ajuste fiscal de la democracia, que incluye recortes salariales para los funcionarios y congelación para los pensionistas. La creación del Fondo para la Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), dotado con 99.000 millones de euros, tenía entre sus objetivos recapitalizar entidades para disipar los temores de los mercados.

Las empresas no recuperan crédito

En lo que respecta a los flujos financieros, los datos más recientes, publicados el jueves pasado, reflejan una recuperación modesta pero continuada en el crédito a los hogares: la variación interanual alcanzó en junio el 1%, después del 0,6% de mayo y el 0,2% de abril. Así, los 912.045 millones de euros totalizados a mediados de año sitúan la financiación de los hogares de nuevo en los niveles de 2008 (es decir, en su máximo histórico). El proceso de desapalancamiento está afectando poco a las familias, y muy poco si se observa aisladamente la evolución del crédito para vivienda: en junio alcanzó los 684.922 millones, después de crecer un 1,4% en términos interanuales. Más moderación se observa en el crédito para consumo, que, tras disminuir dos décimas, se situó en junio en 224.416 millones. Después de 14 meses a la baja, se encuentra a poco más de 6.000 millones de su valor al arranque de la crisis.

Las empresas no financieras presentan un panorama bien distinto: con 1.301.893 millones de saldo vivo, acumulan un semestre con caídas interanuales superiores al 2% (2,1%, en junio), y la distancia frente al máximo de hace un año roza ya los 25.000 millones. Hay que considerar que el ajuste empresarial comenzó más tarde que el de los hogares (hasta noviembre del año pasado no comenzó a descender el crédito vivo, y hace poco más de un año todavía crecía a ritmos del 6%). La senda descendente indica un proceso de desapalancamiento que, con todo, presenta síntomas de desaceleración. Las estimaciones del Banco de España respecto al segundo trimestre señalan que la inversión empresarial mantuvo un perfil contractivo, "en un entorno de acusada incertidumbre sobre las condiciones de financiación, de exceso de capacidad acumulada y de necesidad de desapalancamiento de algunos sectores". Es decir, que los excesos anteriores hacen pensar en unas expectativas inversoras muy limitadas para el próximo futuro, lo que puede condicionar la recuperación de la actividad.

Un país endeudado

La evolución del endeudamiento del conjunto del país explica buena parte de las dificultades económicas actuales. Un vistazo a los últimos decenios muestra un comportamiento de la deuda bien revelador: la carga global del país equivalía prácticamente al PIB en 1980, y tardó más de 20 años en crecer otro 100%. Sin embargo, desde el año 2000 hasta la actualidad (es decir, en la mitad de tiempo) el endeudamiento acumulado por el conjunto de los sectores ha sumado casi otras dos veces el producto anual, hasta rozar ya el 400%. En este segundo intervalo temporal, el crecimiento de la deuda fue muy notable en las empresas y en los hogares (en ambos casos, prácticamente duplicándose), pero adquirió tintes dramáticos en el caso de las entidades financieras, donde se multiplicó por siete.

La espiral alcista de la vivienda explica en gran medida estas evoluciones, igual que la durísima digestión de los excesos está llevando a un rápido avance de la deuda pública en los últimos ejercicios. La recesión económica obligó a todos los gobiernos de los países avanzados a destinar ingentes cantidades de recursos a gasto público, en una típica política económica keynesiana. En el caso español, ello ha significado pasar de un superávit fiscal hace apenas tres años a un déficit de dos dígitos el año pasado. Aquí las cuentas funcionan igual que en las economías domésticas: para gastar más de lo que se gana, hay que pedir prestado. Por eso, el nivel de deuda pública ha pasado desde el 36,2% de 2007 a superar el 65% este mismo año.

Esas fuertes tensiones financieras sufridas por el Estado serían más digeribles si hubiesen venido acompañadas de un recorte análogo de las necesidades de financiación de los sectores privados. Las cifras demuestran, empero, la lentitud de su desapalancamiento y la resistencia al cambio del modelo de crecimiento centrado en el ladrillo.

Las cifras

1,1 billones de euros de saldo vivo de los créditos destinados a construcción y vivienda en el primer trimestre del año.

1% de avance interanual de la deuda viva de los hogares en junio. La cifra global ascendió en esa fecha a 912.045 millones.

60,1% es el porcentaje de financiación destinado a vivienda y construcción.