Roberto Verino. Diseñador

"Tenemos una estructura de país no asentada en la cordura"

Ha cumplido sus bodas de plata con la moda y, a pesar de ello y de las circunstancias, sigue manteniendo la ilusión del primer día. Tiene proyectos y los pies muy bien puestos en el suelo.

Roberto Verino
Roberto Verino

Tiene 65 años, pero no los aparenta. El secreto, dice Roberto Verino, es estar bien consigo mismo. No le resulta difícil porque su oficio tiene alguna ventaja. La más importante: "Hacer felices a las personas, y esto también te repercute". Nacido en Verín (Orense), estudió en París, la cuna de la aguja, y desde hace más de 25 años sigue entregado a la moda.

¿Personalmente, cómo le está afectando esta crisis?

La estoy viviendo con preocupación, con la misma que todo ser humano de talante coherente. A todos nos afecta, pero hay que salir adelante haciéndole frente, intentando ver lo positivo de esta situación.

¿Hay lecturas positivas?

La crisis puede servir para aprovechar el momento y prepararse mejor para afrontar la situación de dificultad. Es hora de plantearse qué es lo que hacíamos cuando todo iba bien y todo valía. Ahora hay que ser más rigurosos y serios. También hay que exigir al equipo de trabajo lo mismo, y no dejarse llevar para que no decaiga el ánimo. Esto sólo lo sacamos adelante nosotros, entre todos. Ojalá hubiera una pizca de cordura entre nuestros políticos para que acuerden un pacto de Estado serio y responsable. Como país y como personas que hemos demostrado que sabemos hacer las cosas, nos lo merecemos. Tenemos que recuperar la confianza, la sociedad civil lo reclama a gritos. Estamos sufriendo una suma de circunstancias.

¿La clase política no está a la misma altura que la empresarial?

Es evidente que no. Los políticos tienen que ponerse de acuerdo para que exista un gran pacto de Estado que ofrezca soluciones a los problemas. Hay que hacer posible lo imposible. Los esfuerzos al final tienen premio, aunque parece que se vislumbra cierta cordura. Porque el país, como sociedad, está preparado para salir de esta crisis.

¿Profesionalmente ha tenido que realizar grandes cambios?

Procuro no obsesionarme con el tema, creo que hago los deberes y lo que está en mi mano. Soy una víctima más de esta situación y no me obsesiono con lo que no puedo cambiar. Se trata de construir, no de destruir, y soy contrario a la teoría del caracol. No hay que esconderse porque tenemos cosas fantásticas para dar. Llevo 25 años en la moda y creo que hemos cumplido. Cuando veo lo que éramos y lo que somos, veo que nuestro sector está compuesto por gente creativa y con capacidad de trabajo, con nuestras virtudes y nuestros defectos.

¿Sigue la actualidad económica?

Por supuesto. Hoy, más que nunca, hay que estar al tanto de todas las noticias que surgen y todas las medidas que se están tomando para ver de qué manera nos afectan.

¿Qué valoración hace de la reforma laboral?

Creo que es una reforma que se toma a medias. Yo he sido un emprendedor nato siempre y creo que los buenos empleados se defienden solos. Los malos deberían concienciarse de que deben ser buenos. Creo que se ponen pocas soluciones a las necesidades de los empresarios. Hay que darles facilidades para implicarse en proyectos que generen demanda de trabajo. Creo que soy un trabajador nato, sin condiciones horarias, que nunca ha pedido nada y que siempre ha generado empleo. Hay que fomentar esas capacidades y no poner límites, porque lo único que impide es que la gente parada encuentre un puesto de trabajo. Los empresarios, si algo no queremos, es hacer recortes de plantilla, pero hemos creado una estructura de país que no estaba asentada en la cordura.

¿Ha tenido que tomar decisiones drásticas?

Las he tomado de cierto calado y he pedido al equipo que se implique con mayor rigor, que todo lo que dependa de nosotros se haga con rigor. Tenemos que tener el mejor producto, las mejores calidades, manteniendo los precios. Estamos en esa búsqueda de dar mejor producto a mejor precio. El consumidor sabe perfectamente quién hace esto y quién le baja el precio y la calidad.

¿Ha cerrado tiendas?

He cerrado cinco tiendas y he abierto siete. Había algunos establecimientos en zonas que en tiempos de bonanza iban bien, pero que ahora iban mal. Hay que ser riguroso también cuando te planteas un cierre, y saber hacerle frente. Por otro lado, estamos construyendo y abriendo en nuevos mercados internacionales que creemos son el futuro. Estamos potenciando nuestra presencia en México, también queremos ir a Estados Unidos y a Asia, con rigor. Son procesos que requieren su tiempo y que desarrollamos sin prisas pero sin pausas. Esto te hace ser más eficaz a la hora de tomar decisiones, ya que no dejas nada al azar.

¿Ha cambiado o modificado sus hábitos de vida en los últimos tiempos?

No, porque mi estilo de vida siempre ha sido muy sencillo. Nunca he sido ostentoso, soy bastante austero, eso me viene de familia. Pero sí es verdad que no vivo ajeno a lo que le sucede a mi entorno y sé que tengo que contribuir para que exista energía positiva. En mi caso, poco había que cambiar, sigo siendo el mismo de siempre. Me preocupa la ecología, el entorno. Por ejemplo, si tengo que comprar un coche, me preocupo porque sea híbrido. No soy persona de grandes lujos. El mayor privilegio es seguir disfrutando del trabajo. Creo que todavía lo más importante está por llegar.

¿Cuál cree que ha sido el gran error que hemos cometido?

Sin duda, creernos lo que no éramos, y ahora es el momento de sumar energías como país; estoy convencido de que sumando se sale adelante. Hay quien no quiere contribuir a nada, y es un error. Esta crisis nos va a fortalecer porque vuelve a haber un gran interés, y en los momentos difíciles es cuando se descubre quién vale, quién tiene talento y quién no.

¿Es optimista en cuanto a las opciones de España ante esta situación?

Por supuesto, podemos enfrentarnos a los retos a corto plazo si tenemos la suerte de que la Administración consiga de manera inmediata generar confianza y nos permita hacer un esfuerzo colectivo. Vamos a demostrar que somos capaces de recuperarnos.

¿Qué retos tiene por delante?

Expandirnos por Asia y Estados Unidos, lanzar al mercado una línea más joven y de tallas grandes, una colección de niños, ofrecer sastrería a medida. Hay potencial de crecimiento. Estamos muy esperanzados. Tenemos que ser auténticos, ofrecer calidad a precios asumibles. Creo que si por algo se caracteriza la marca Roberto Verino, es por su coherencia. Soñar, sí, pero a ser posible sin despegar los pies del suelo.

Otras cuestiones

¿Cómo quedará el sector de la moda cuando pase el tsunami económico?

Los que estamos haciéndolo medianamente bien saldremos reforzados. Y si salimos airosos de esto, también lo conseguiremos en los mercados internacionales. Tenemos que estar seguros de lo que queremos hacer, trabajando más que nunca para salir de la manera más íntegra. En moda tenemos compañías líderes en el mundo, y no tengo que decir el nombre. No hay que tenerle miedo al futuro.

¿De dónde le viene tanto optimismo?

Mi padre siempre decía que Dios aprieta pero no ahoga. Hay mercados en los que te va bien por nuestra manera de ver la vida, por nuestra pasión, savoir faire, que nos hace ser apetitosos, y eso hay que aprovecharlo.

Pero también hay quien no puede aguantar la situación y abandona.

Desgraciadamente eso también está ocurriendo, pero cuando se pone un proyecto en marcha hay que hacerlo sin prisa, mirando el largo plazo.

¿Qué planes tiene para las vacaciones?

Los mismos de siempre. Mi verano es tranquilo. Paso una semana navegando en un barco de vela por el Mediterráneo y el resto del verano lo disfruto en el entorno de mi casa y de mi familia. Es lo que más me satisface.

¿La crisis ha afectado a la bodega que tiene en Monterrei (Orense)?

No, porque son vinos bien valorados y siempre me he obsesionado con la calidad. Decidí apostar y dinamizar esta zona porque quería implicarme con mi entorno y ser coherente. Nunca he querido especular con el vino, y lo que quiero ahora es buscar alianzas y socios para tener una importante red comercial.