Plan de Retorno Voluntario

Sólo 11.440 inmigrantes se acogen al plan de retorno a su país

El regreso de inmigrantes a sus países, a través del plan de retorno voluntario, se produce con cuentagotas. Apenas el 13% de los 87.000 previstos se han ido tras un año y medio de su entrada en vigor. Los que se quedan se sacrifican para sostener las remesas.

Los inmigrantes se resisten a tirar la toalla. Pese a la crisis y al mayor desempleo, que se sitúa en el 30,7% en este colectivo, pocos han regresado a sus países. Sólo 11.440 extranjeros se han acogido al Plan de Retorno Voluntario, según los últimos datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Una media de 672 beneficiarios al mes. La cifra representa apenas el 13% de los 87.000 previstos por el Gobierno. Un porcentaje ínfimo después de 17 meses de su puesta en marcha.

Esta medida, aprobada por el Consejo de Ministros en septiembre de 2008 (y puesta en vigor en noviembre) pretendía que los trabajadores extra comunitarios de la construcción, los más afectados por el parón de la actividad, cobraran la subsidio por desempleo anticipado a cambio de regresar a sus países.

Pero la disposición no ha tenido el éxito que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, había estimado. En el primer año, en noviembre de 2009, se contabilizaron unas 8.700 solicitudes. Dos meses después, en enero, se elevaba a 9.800. Ya en abril, el último dato que se conoce, no llega ni a 12.000, pese al deterioro del mercado laboral.

En ese primer balance, Trabajo indicaba que Sudamérica era el grupo que abanderaba este programa. Así, ecuatorianos y colombianos fueron los más propensos a volver a sus países. En menor medida, argentinos, brasileños, peruanos y chilenos. Y desde Madrid, Cataluña y Valencia se producían las mayores peticiones. El número de solicitudes puede ser menor. Trabajo explica que algunas de éstas han sido denegadas porque incumplen los requisitos; una cifra que el ministerio no concretó tras considerarla "insignificante".

Ser trabajador no comunitario de países que tengan con España un convenio bilateral en materia de Seguridad Social, estar parado e inscrito en el Servicio Público de Empleo son algunas de las exigencias. El Gobierno ofrece, además, una ayuda para el billete. Y el pago de las prestaciones se otorga en dos partes: un 40% aquí y el otro 60% en origen.

Los inmigrantes, en cambio, se comprometen a no volver a España en tres años. Esta última condición no termina de convencerlos. O bien lo descartan por los lazos familiares establecidos o porque creen que la crisis será pasajera y que, en todo caso, tienen más oportunidad aquí que en su país.

Capacidad de aguante

"Los inmigrantes tienen una alta capacidad para hacer frente a la adversidad", resalta un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Los que se quedan se sacrifican y consiguen sacar adelante a sus familiares en origen. Lo constata la última cifra de remesas. Las transferencias volvieron a la senda positiva en el último trimestre de 2009, tras seis trimestres consecutivos en rojo. España emitió un 1,8% más que en 2008, hasta 1.910 millones de euros. Así queda atrás la mala tendencia que llegó a situar la caída en el 20,6% al cierre de 2008.

Esa conducta positiva es posible gracias a que viven "al límite de la subsistencia", según Íñigo Moré, director de Remesas.org. España es el primer emisor de remesas a Latinoamérica de la UE.

Ajuste del presupuesto para mantener vivas las remesas

La peor crisis desde 1929 ha reducido las contribuciones de los inmigrantes a sus países de origen. Pero no ha impedido que éstos sigan enviándolas. La recesión los ha obligado a ajustar su presupuesto con tal de mantener viva esa ayuda. Lo primero que recortan son las actividades de ocio y el consumo de productos no básicos. Aceptan múltiples empleos para compensar los recortes salariales o trabajan más horas. Se mudan de sector económico, a otra ciudad con mayor demanda laboral y, en último caso, tiran de los ahorros. Otra de las tendencias es recurrir a los "desreagrupamientos familiares", según un estudio efectuado en Cataluña. Esto implica enviar a su país familiares que habían sido reagrupados en España. Porque el coste de vida es menor. Por ejemplo, con 300 euros vive una familia en Ecuador, indica el informe.

Esperar a que el euro se aprecie, un requisito para enviar dinero

¿A cómo está el euro? Es la pregunta que más se repite entre los clientes de un locutorio del madrileño barrio de Prosperidad. Son colombianos, ecuatorianos y dominicanos que envían remesas a sus familiares. La interrogante es usual en este tipo de negocio, pero con la crisis ha tomado otro matiz. Ahora es una condicionante para consignar dinero, además de la situación económica. Es decir, los inmigrantes esperan que el euro se cotice a un nivel más alto para hacer la transferencia. La razón: el comportamiento de las remesas se adecuan a las fluctuaciones de la tasa de cambio, según el estudio del BID. El fortalecimiento del euro al comienzo de 2008 favoreció el impulso de las remesas. Pero la subida del paro en este colectivo, que se acentuó en 2009 por la caída del ladrillo, perjudicó esta actividad.