Rehabilitación

Vivir a todo tren en una casa sobre ruedas

Wagonstill restaura, transforma y rehabilita antiguos vagones de ferrocarril en desuso.

Los vagones de tren antiguos retirados de la circulación disponen ahora de una segunda oportunidad, esta vez como vivienda. Wagonstill es la empresa que hace posible que el material rodante ferroviario se convierta en un espacio habitable, y lo acondiciona según las necesidades y el gusto del cliente.

"La idea surgió de una conversación sobre turismo rural con un médico. Yo estaba interesado en crear un alojamiento rural y éste me sugirió que estudiara la opción de realizarlo en vagones de tren en desuso. Tras darle muchas vueltas, me decidí por comprar uno y restaurarlo, y como mi presupuesto no alcanzaba para crear un hotel, decidí comercializarlos", cuenta Miguel Huidobro, propietario de la firma.

Esta empresa afincada en Madrid se puso en marcha hace cuatro años y constituye un tipo de negocio innovador en nuestro país. "Disponíamos para arrancar, tan sólo, con un capital de 20.000 euros, dinero que se destinó íntegramente a la compra y reforma del primer vagón". En un principio, la única forma que encontró Huidobro de acceder a la compra de vagones de tren era vía subasta por parte de una empresa que se encargaba de canalizar todo el material enajenado por Renfe. "El problema es que en la actualidad no quedan muchos vagones porque se desguazaron hace años, los últimos -300 unidades- en 2004. Son tan pocos los vagones que sacan a subasta que me he visto obligado a tener que ir a buscar en otras empresas ferroviarias e incluso salir al extranjero".

La conversión de estos elementos resultó un proceso complejo, "estudié gestión hotelera, pero para la transformación del vagón tuve que pedir ayuda y asesoría a conocidos y amigos técnicos en diversas materias". Gracias a su apoyo, Huidobro pudo hacer realidad su sueño: construir sobre ellos un hogar con todas las características de un inmueble cualquiera y a un precio más económico, desde 40.000 euros.

La filosofía de Wagonstill es trabajar siempre a la medida del cliente, tratando de evitar el vagón estándar, y por ello se comprometen a limpiar el material si es madera, pulirlo si es metal y tras una evaluación de posibles cambios, realiza tareas de estanqueidad, localiza y coloca las tomas de agua y luz y también la salida de humos y la ventilación. "El objetivo al fin y al cabo es poder plasmar exactamente lo que la persona demanda y superarlo en acabados, porque nos tomamos cada encargo como una obra de arte de principio a fin", cuenta.

La compañía ofrece este tipo de soluciones para terrazas o pequeños terrenos, de forma que el cliente pueda instalar su propio vagón de ferrocarril y utilizarlo como primera vivienda o casa de invitados, cuarto de juego de niños, tienda o bar. Huidobro insiste en las infinitas ventajas que ofrece ésta modalidad de vivienda, como son su seguridad, confortabilidad o luminosidad. "Además, al ser transportable y modular, llegado el caso, facilita el mudarse con la casa a cuestas, así como poder ampliarla con uno o más vagones siempre que se desee. A lo que hay que añadir que se trata de una fórmula que apoya totalmente la sostenibilidad medioambiental", reconoce.

El perfil del propietario de un vagón de tren es muy variado, desde aquél que no dispone de dinero para construir y cuenta tan sólo con una parcela suficiente para instalar su hogar, hasta el que no tiene problemas económicos y se quiere dar el capricho de contar con una reliquia como posesión.

Wagonstill reconoce estar trabajando ya en una treintena de proyectos.