Leonor Watling y Alejandro Pelayo - Componentes de Marlango

"Con la que está cayendo, lo que proponemos es bailar"

No hace ni un mes que estrenaron disco y ya han dado cuatro conciertos, el último este viernes en Madrid. Life in the Treehouse es el trabajo más amable y luminoso de su aún corta trayectoria. Que, por cierto, promete ser dilatada gracias a su continua búsqueda de nuevos sonidos

"Con la que está cayendo, lo que proponemos es bailar"
"Con la que está cayendo, lo que proponemos es bailar"

Cuando en 2004 decidieron lanzarse a la aventura, Leonor Watling ya era un rostro bien conocido: con más de 15 películas a sus espaldas, acumulaba dos candidaturas a los Goya y se estrenaba ese mismo año con Almodóvar en La mala educación. Resultó que la actriz escondía una voz limpia y melancólica. Su buena conexión con Alejandro Pelayo (piano) y âscar Ybarra (trompeta, fuera de Madrid el día de la entrevista) hizo el resto. Seis años después, su cuarto disco de estudio, recién sacado del horno de Universal, señala el giro que ha dado la banda hacia la alegría, apartando a un lado -que no eliminando- esa nota de tristeza hasta ahora omnipresente en su música.

¿Qué distingue a Marlango de otras bandas?

Alejandro. Lo que marca la diferencia es lo que somos tocando juntos. Creo que ya está todo inventado y que la canción toma muchas más decisiones que nosotros. Eso nos marca la dosis de personalidad y autenticidad por encima de las etiquetas.

Leonor. De todas maneras, dónde nos coloquen en la tienda de discos es algo que nos es muy ajeno.

¿Qué hay de nuevo en Life in the Treehouse?

A. Le hemos quitado peso a las canciones. Menos arreglos, abrigos y bufandas. Ahora van un poco más de puntillas. Así nos han quedado la guitarra, el piano y la voz. Por otra parte, también queríamos celebrar y festejar lo que tenemos, que creo que es mucho. Con la que está cayendo, lo que proponemos es bailar.

¿Cuál es vuestro hábitat natural: el estudio o los escenarios?

L. No te sabría decir, a mí me gustan las dos cosas...

A. Es como en el mundo de la cocina: hacer la compra y pensar cómo vas a preparar la comida es un placer, y otra cosa es hacer la cena y comértela con tus amigos. Las canciones se comportan de manera distinta en cada terreno. El proceso de la composición y de la grabación es muchísimo más íntimo, mientras que con la gente ya tienes un material que quieres compartir con ellos.

¿El hecho de cantar en inglés os abre puertas en el extranjero?

A. No, más bien nos pone en competencia directa con millones de bandas (risas).

L. Las palabras en las canciones populares son un ingrediente más, son como la elección de un instrumento: optar por un violín o un violoncelo es muy diferente, aunque los dos sean de cuerda. Creo que el inglés siempre se ha usado como base porque es muy fácil, está en las propias raíces del pop y el rock. Lo importante es expresarse en el idioma que te apetece, aunque haya gente que diga que la música española tiene que ser en español. Al final dan ganas de hacer como los islandeses Sigur Rós, que se inventan el idioma en el que cantan…

¿Qué lecciones deberían aprender políticos y economistas del mundo de la música?

L. Yo tengo una cosa muy clara: la cultura es de todos. No sé por qué en España parece que tenga que ser de izquierdas, de derechas o de lo que sea. Todo el mundo intenta hacérsela suya, y eso no tendría que pasar nunca. Debería ser un bien nacional, como la sanidad y la educación. Al margen, claro está, de que los artistas expresen sus opiniones políticas, cosa que por otra parte me parece completamente legítima.

¿Seguís la actualidad económica?

A. En la medida en que nos afecta. Tenemos una empresa, aunque sea musical, y ha sufrido la crisis igual que el resto. Pero repito: no nos podemos quejar.

L. Yo todo lo que sé de economía lo he aprendido de Leopoldo Abadía. Gracias a él entendí los Presupuestos Generales del Estado por primera vez en la vida.

La pregunta inevitable ¿Comprar el disco o descargarlo?

Si ahora os dijese que para preparar la entrevista escuché vuestro nuevo disco en Spotify y luego lo descargué por internet, ¿qué responderíais?

L. ¿Descarga de qué tipo? (risas) En serio, descargar es buenísimo: el iTunes y el Spotify te lo permiten hacer pagando. La gente tiende a asociar las descargas a su versión ilegal...

A. A mí me parece lo mismo que si alguien me dice que no paga electricidad porque se ha tirado un cable del poste de la luz hasta su casa. O como alguien que coge una manzana de un mercado y se va sin pagar. Pues muy bien, pero el progreso y el futuro no pasan por ahí. Yo considero que la música es de quien la escucha.

L. Es como ver a un grupo de españolitos en el metro de Berlín diciendo, "¡Oye, que no hay nadie, se puede pasar gratis!". Una lástima: si es así de bonito, está así de limpio y funciona así de bien es porque la gente paga. Ahí ves que en España nunca funcionaría algo así.

Hace ya un tiempo que se habla de España en clave de éxito: deportes, cine, multinacionales... ¿Creéis que la música también vive un buen momento?

A. El momento que vive la industria musical es terrible, pero en cambio la música en sí va viento en popa: ha subido la asistencia a los conciertos en los dos últimos años en un 39%, que es una barbaridad. Otra cosa es que la industria musical se desmorone y que no sepa cómo coger el ritmo de la calle

Antes hablabais del iTunes. ¿Qué lleváis en vuestro iPod?

L. Somos tres personas que compartimos el hecho de que nos gusta mucho todo. Escuchamos cosas distintas, pero luego tenemos un terreno común en el que están Radiohead, Chet Baker, Mark Lanegan y Calexico.

A. También Béla Bartók y Sigur Rós. Aunque una cosa es lo que escuchas y otra lo que te sale cuando estás tocando. Eso es ineludible, el verdadero espejo que muestra quién eres.