Sin sorpresas desde la Reserva Federal

En un mundo tan incierto como el que estamos viviendo una de las pocas cosas predecibles a la que los inversores podemos agarrarnos es a los mensajes que publica la Reserva Federal de EE UU tras sus reuniones periódicas. Desde el inicio de la crisis, Ben Bernanke fue de los pocos que tuvo claro que para que se recuperara la economía era necesario que se recuperaran los mercados, y que al hacerlo no estarían, como habitualmente se piensa, descontando una recuperación económica sino que la estarían creando. Economía y mercados no son dos realidades independientes ajenas la una la otra, sino que interactúan de forma continua, en un proceso que George Soros ha denominado reflexividad, y que cuando la dinámica es positiva deriva en un círculo virtuoso, pero cuando es negativa, éste se convierte en vicioso, tal y como vimos tras la quiebra de Lehman.

Una vez que se inicia la sangría es muy difícil frenarla, como pudimos comprobar con el arsenal de medidas que bancos centrales y gobiernos tuvieron que desplegar para evitar que el incendio siguiera propagándose.

Estos días hace un año que se inició la recuperación. Siguiendo el guión, los mercados tomaron la iniciativa y tras ellos la economía está empezando a recobrar el pulso. En palabras de la Fed, la actividad ha continuado fortaleciéndose y el mercado de trabajo se está estabilizando. El gasto de los hogares se está expandiendo aunque sigue constreñido por el elevado desempleo y el modesto incremento de los ingresos. El ritmo de la recuperación económica será moderado durante algún tiempo. La inflación se mantendrá en niveles reducidos. Es decir, la Fed está esperando un crecimiento económico moderado y sin inflación, y en ese contexto tiene previsto mantener los tipos en niveles muy bajos durante un largo periodo. Sin sorpresas.

Para los mercados este es un escenario óptimo, lo cual no ha evitado algunos sustos cuando cunde el miedo ante un posible cambio en el guión, que desaparecen cuando el guionista se reafirma en que para esta película quiere un final feliz.

Joaquín Casasús. Director de inversiones de Abante Asesores