La renovación eterna del ICO
La reciente propuesta del Gobierno de dar la posibilidad al Instituto de Crédito Oficial (ICO) de conceder préstamos directos a las empresas (hasta 200.000 euros pos pyme) ha sido aplaudida por buena parte de la oposición política, las organizaciones empresariales y las sindicales. El ICO se constituirá así como un instrumento de liquidez eficaz para las pequeñas empresas, en un momento en el que el acceso al crédito es crucial para evitar la mortandad empresarial. La propuesta del Ejecutivo, que tiene que ser debatida aún por los partidos políticos, será la última modificación de una larga serie de cambios que se ha hecho en el funcionamiento de este organismo, adscrito al Ministerio de Economía y Hacienda dirigido por la vicepresidenta Elena Salgado.
Aval
Un mero repaso a la actividad realizada en el último año por el ICO ofrece una buena prueba de la importancia que tiene el Instituto en el sector financiero. En el último año ha concedido 365.000 préstamos a empresas y ciudadanos por importe de 19.331 millones, un 20% más que el ejercicio anterior. Su balance contable ha alcanzado ya los 60.359 millones, un 14% más que en 2008, debido, sobre todo, a las nuevas líneas de mediación puestas en marcha en los últimos 15 meses.
Esta constante renovación del ICO prueba, por un lado, la flexibilidad y el dinamismo que el Instituto es capaz de generar en su propia actividad pero, por otro lado, denota que muchos asuntos no se han hecho con la corrección debida. Uno de ellos es el lanzamiento constante de líneas de financiación que no han dado el resultado deseado, como por ejemplo la de titulización de activos inmobiliarios.
Además, el Gobierno ha tardado mucho en decidir un cambio en el papel tradicional del ICO como intermediario financiero, ligado a la banca tradicional, pese a los continuos llamamientos de las patronales de pymes sobre la sequía del crédito existente.
Arma de doble filo
Ahora, el Gobierno pone en marcha un instrumento muy potente en el ICO. La posibilidad de ofrecer créditos directos y avalados al 100%, sin tener que depender del dinero de bancos y cajas de ahorro dará más frescura al sistema financiero. Sin embargo se corre el riesgo de conceder créditos apresuradamente, sin un análisis riguroso sobre la solvencia de la empresa que lo solicita, algo al que sí está acostumbrada la banca. Por eso, el papel del ICO en la concesión de créditos directos debería limitarse en el tiempo, para solucionar el problema actual de restricción de liquidez, y dejar que la banca haga su trabajo una vez superada la recesión. El modelo de banca pública hace muchos años que quedó superada y volver a ella de forma permanente sería injustificado según apuntan, incluso, las propias patronales.