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Nuevos horizontes

El convulso mar Negro busca respuestas 'verdes'

La UE quiere tejer lazos de unión en la región sobre cuestiones ambientales.

El presidente electo de Ucrania, Víctor Yanukóvich, ha confirmado que una de sus prioridades en su política será recomponer los lazos con Rusia. El ex primer ministro ha ofrecido a Moscú la posibilidad de que la flota rusa del mar Negro siga en Sebastopol (Crimea) más allá del año 2017, cuando finaliza el contrato de arrendamiento.

Esta flota resulta estratégica para establecer la seguridad en la zona, expuesta a permanentes conflictos fronterizos. A cambio, Yanukóvich espera que Moscú renuncie a la construcción de gasoductos alternativos para abastecer a Europa y recurra a Ucrania.

El enfrentamiento entre Ucrania y Rusia es sólo un ejemplo de la difícil situación política de la zona. Los conflictos también atañen a Rumanía y Ucrania, y de nuevo a este país y a Turquía, cuyos pescadores faenan de forma ilegal en sus aguas, según protesta el Gobierno de Ucrania. ¿Puede la protección del medio ambiente calmar la tensión en la región? Y al revés, ¿puede la unión entre los países ribereños del mar Negro aportar soluciones a la contaminación galopante de sus aguas?

La Asamblea de Regiones de Europa quiere creer en ello, así que su presidenta, la francesa Michele Sabban, organizó este mes en París la primera conferencia de regiones del Mar Negro. El ingreso de Rumanía y Bulgaria en la Unión Europea ha acercado un poco más esta "región estratégica para la UE" y los intereses comunitarios, según Sabban.

A largo plazo, estos dos países, además de Ucrania, Rusia, Georgia y Turquía, podrían erigirse en una macrorregión, como la que en 1991 formaron los países del mar Báltico. Su unión daría lugar a una forma jurídica, abierta a los fondos europeos y organismos internacionales, para definir una estrategia de desarrollo. "El gran reto es superar las identidades nacionales y apostar por valores fácilmente comprensibles, como las relaciones de buena vecindad", según Esko Antola, director del Centro Báltico, dedicado al estudio de esta macrorregión.

Los lazos de buena vecindad podrían empezar por una nueva gestión del agua de esta inmensa masa inerte, carente de vida por las elevadas dosis de salinidad. Pero en los últimos tiempos, a las características naturales de este mar que empezó siendo lago se han sumado los desechos de la actividad industrial de sus países ribereños.

Cada día, 211 toneladas de crudo transitan por el mar Negro. Los accidentes ambientales son muy frecuentes. El último, uno de los más graves que ha vivido la zona, se produjo en noviembre de 2007, tras el vertido de 2.000 toneladas métricas de aceite combustible en la frontera entre Rusia y Ucrania.

"Cualquier problema en el mar Negro es transfronterizo y exige una respuesta colectiva. El medio ambiente puede articular esa respuesta", explica Ahmed Kideys, director ejecutivo de la Comisión para la Protección del Mar Negro.

La gestión de las aguas residuales es una prioridad. El gigante General Electric desaliniza agua de mar en Ucrania y es una de las empresas candidatas a desarrollar otros servicios en la zona.

El primer crucero a vela en estas aguas

De promoción turística sabe mucho la Comisión del Danubio. Para el presidente de este organismo, Gerhard Skoff, la respuesta turística del mar Negro, donde desemboca el río azul, debe ser "sostenible". Pero a fuerza de emplear este término, "se confunde al visitante". El futuro en esta zona, que cada año recibe cientos de viajeros en sus costas, debe "atraer las ventajas sociales y económicas del turismo y reducir su impacto en el entorno", ya sea cultural, natural, social o histórico.Una de las primeras propuestas que se evocaron durante la Primera Conferencia de las Regiones del Mar Negro fue la creación de un crucero a vela por sus aguas, de pueblo en pueblo, o sea, de país en país. Una forma inocua de atraer visitantes y recuperar la visibilidad de la región. La Comisión del Danubio también recomienda aliar industria turística y cultura, siguiendo la estela del Patrimonio Mundial de la Unesco, que absorbe el 50% de las visitas en Europa.Austria, Alemania, Hungría, Croacia, Serbia, Rumanía, Bulgaria, Ucrania y Moldavia comparten el segundo río más largo de Europa, que con el tiempo se ha erigido en fuente de energía, de crecimiento económico, ruta cultural, cuna artística y narrador de historias.

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