Las presidencias se apagan

Las presidencias se apagan

El plantón de Obama y los sucesivos sinsabores de la presidencia española de la UE están dejando claro que el turno rotatorio al frente del club comunitario tiene sus días contados. Los escasos minutos de gloria (siempre inciertos como se ha visto con la cacareada y frustrada visita del presidente estadounidense) ya no compensan el riesgo de un batacazo.

A nivel interno, las presidencias no suelen dar ningún rédito electoral, pero pueden dejar en entredicho al Gobierno de turno como le está ocurriendo al de José Luis Rodríguez Zapatero. Balance oficial aparte, apenas ha empezado el semestre supuestamente glorioso, y a la opinión pública española sólo le han llegado ecos sobre las críticas de parte de la prensa internacional al programa de la presidencia; sobre la supuesta bronca entre Madrid y Berlín respecto a la futura coordinación económica de la zona euro; y sobre la escasa repercusión mediática de las palabras de Zapatero ante el Parlamento Europeo.

Ahora, además, los españoles, o al menos los miembros del Gobierno, descubren que la presidencia de la UE ni siquiera sirve para disfrutar de cerca del glamour que se le supone al matrimonio Obama. Su paseo por las calles de Madrid, ¡ay!, hubiera marcado un hito en la historia gráfica española mucho más democrático y saludable que el de Ike Eisenhower antañazo.

Las próximas presidencias ni siquiera soñaran ya con ese momento, porque si Obama vuelve a reunirse con la UE (todo indica que, tarde o temprano, así será), lo hará con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. Al Goberno de turno le quedará la ardua e ingrata tarea de presidir y organizar los consejos de ministros sectoriales (agricultura, empleo, etc.) que rara vez logran atraer los focos televisivos. Y pagar una factura que ronda los 100 millones de euros por estar seis meses en la picota sin derecho a codearte con los Obama o los Lula del momento. Más temprano que tarde, los 27 socios de la UE renunciarán a tamaño privilegio.

La única perdida será para la sede del Consejo Europeo en Bruselas, que ahora, cada seis meses, se adorna gratis con alguna obra de arte. En la foto,Travesías, la atractiva obra de Daniel Canogar que durante este semestre cuelga sobre el atrio del edifico. La alfombra, según el autor, "es en realidad una pantalla de LEDS de 33 metros de largo por 1,65 de ancho" que simboliza "las conquistas y los obstáculos del proyecto europeo". Hoy, como se ve en la foto, las luces están apagadas o no funcionan, en un símbolo, seguro que no intencionado, del escaso brillo de la presidencia española y de las futuras presidencias rotatorias.

Foto: Travesías de Daniel Canogar en el edificio Justus Lispisus (B. dM., 2-2-10).


Comentarios

Zapatero y Blair tienen que estar hablando ahora mismo, llorando, contándose las penas. Genial ese "antañazo", casi he visto a Franco dentro de esa palabra. Saludos.
Gracias por tu comenario, José. Por dejar claros los créditos, creo que lo de antañazo lo inventaron Paco Umbral o Vázquez Montalbán. A mi tb me parece una imagen perfecta, casi una greguería en una sola palabra. ;)
La verdad es que cuando un gobernante va hacia abajo, parece que los hados se conjuran contra él, y no al revés. No encuentro probable que Obama le hubiera negado la visita a, pongamos, Sarkozy.
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