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Análisis

Bruselas apretará las tuercas a Grecia

Bruselas, no el Fondo Monetario Internacional, será la encargada de apretar las tuercas a Grecia. La Unión Europea no parece contemplar la posibilidad de que el rescate de la economía helena, llegado el caso, lo orqueste el FMI como ha ocurrido con otros miembros de la UE que no pertenecen todavía al euro.

Ayer, de momento, Atenas logró atraer una gran demanda hacia una emisión de bonos a cinco años que podría reportarle 5.000 millones de euros. Pero lo hizo a costa de una remuneración que podría superar el 6%, casi cuatro puntos más que la ofrecida por el bono alemán que se utiliza como referencia.

Y la emisión sólo cubre la décima parte de las necesidades de refinanciación para este año, que ronda los 50.000 millones de euros. Por eso en Bruselas, aunque no se mencione en público, no se descarta que a lo largo de 2010 el gobierno de Georges Papandreou pueda requerir la ayuda del resto de la UE.

La UE prefiere que el FMI no intervenga, pero aplicará a Atenas el mismo rigor

Pero en los pasillos comunitarios se insiste en que Atenas no debe esperar un tratamiento más benévolo desde la capital europea que el que recibiría por parte del organismo que dirige Dominique Strauss-Khan.

Fuentes comunitarias advierten, además, que nadie moverá un céntimo de euro para ayudar a Grecia mientras el Gobierno de Papandreou no demuestre su voluntad de ajustar las cuentas públicas y de reformar una economía que acusa graves desequilibrios (8,8% de déficit exterior, incrementos salariales muy por encima de la productividad, apreciación del tipo de cambio real). Entre los cambios imprescindibles figura, en lugar destacado, el saneamiento de todo el sistema estadístico griego, cuya credibilidad ha quedado por los suelos tras descubrirse de nuevo que sus cifras de PIB, déficit o deuda, no tienen casi nada que ver con la realidad.

"Todo el mundo está harto de esta situación, dentro y fuera de Grecia", resumen fuentes comunitarias. Y la impaciencia va en aumento porque la desconfianza de los mercados hacia Grecia arroja sombras sobre el conjunto de la zona euro y puede encarecer las emisiones de deuda o la cobertura del riesgo-país de otros socios de la unión monetaria, como Italia, Portugal o España.

"Es importante comprender que la solidaridad debe ir en las dos direcciones", señaló hace 15 días el futuro comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, durante la audiencia en el Parlamento Europeo previa a su nombramiento definitivo.

Rehn, que sustituirá a Almunia el próximo 10 de febrero si se cumple el calendario previsto, recordó que la UE dispone de mecanismos de solidaridad importantes, como la política de cohesión (de la que Grecia es uno de los principales beneficiarios), pero que, al mismo tiempo, ha fijado reglas como el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que "cada Estado miembro de la zona Euro debe respetar".

Con el objetivo de respetar ese Pacto, el Gobierno de Papandreou ya ha presentado un programa de austeridad que los ministros de Economía de la zona euro (Eurogrupo) analizarán el próximo 15 de febrero. Como paso previo, el departamento comunitario de Economía está mirando con lupa ese programa, para comprobar si el ajuste es el adecuado. Y aunque en el organismo comunitario se reservan el veredicto, fuentes familiarizadas con el expediente aseguran que "Grecia puede esperar de la UE ayuda, apoyo y presión".

El orden de esos factores, sin embargo, será el inverso del enunciado. De momento, el Eurogrupo impondrá al ministro griego de Finanzas, Georges Papaconstantionou, la impopular tarea de iniciar cuanto antes el proceso de consolidación fiscal de su país. Y aunque en público no se mencione, de la realización de esos deberes dependerá cualquier futura intervención comunitaria.

Instrumentos a utilizar

Bruselas mantiene un hermetismo infranqueable sobre los instrumentos que se podrían utilizar para socorrer a Grecia, aunque se descarta la asunción de la deuda griega por parte de la UE (prohibida por el Tratado).

El Tratado permite, en cambio, ayudar a un país amenazado por causas excepcionales y ajenas a su control. Y diversos economistas añaden que la UE puede permitirse sin gran dificultad el rescate de una economía del tamaño de la griega, que se podría articular, llegado el momento, se podría articular con bastante rapidez. La avidez mostrada ayer por los mercados para absorber los bonos griegos parece indicar cierta confianza en una rápida solución. Aunque no está claro si los inversores confían tanto en la capacidad de pagar de Atenas como en la de un aval de facto de la UE.

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