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Parecidos razonables

Los consumidores buscan réplicas de la moda de alta costura en las tiendas populares.

Parecidos razonables
Parecidos razonables

Algunos blogs ya lo llaman clonehunting. Una etiqueta nueva que hace referencia a una práctica antigua: la caza del clon. Viene a ser el hallazgo de esas prendas y accesorios, gemelos de los que ocupan la pasarela de la alta costura, aunque con un precio al alcance de todos los bolsillos.

Las revistas de moda -sobre todo las que están dirigidas al público más juvenil- tienen habitualmente una páginas para recoger ese caro/barato y ofrecer pistas sobre cómo imitar los looks de las celebrities con una nómina mileurista. Pero internet añade ahora un enorme número de observadores anónimos que rastrean las tiendas para luego publicar esos parecidos razonables.

Algunos de los ejemplos exhibidos en la red resultan llamativos, cuando menos, por la exagerada coincidencia. Y obligan a preguntar hasta qué punto el parentesco responde exclusivamente a la asimilación de las corrientes estéticas en boga. Dejando aparte los terceros mercados -como el asiático-, en los que hablar de plagio abiertamente e incluso de falsificación resulta ajustado, lo cierto es que la polémica ha explotado en más de una ocasión.

Custo Barcelona anunció, en julio de 2008, que acometería acciones legales contra la empresa catalana Desigual por "una imitación sistemática de la marca y de sus productos". El diseñador Custo Dalmau explicó que los abogados aconsejaban hacerlo "para acabar con la situación". Tal cual procedió también el departamento jurídico de Camper. El zapato objeto de la disputa, el modelo Pelotas, era por entonces emulado a diestro y siniestro. Camper es una de las pocas firmas que ha recibido sentencias favorables en circunstancias como ésta. Los tribunales le han respaldado en Italia, Inglaterra y España y tiene más procesos abiertos en Italia, Francia y Turquía, aunque la confidencialidad que exigen dichos litigios impide a Camper desvelar contra quiénes ha actuado.

Las influencias en la creación de moda, no obstante, siguen muchas y variadas direcciones. A veces, la riña está servida entre los propios modistos de renombre. Hace un año, durante la Semana de la Moda de Milán, Dolce & Gabbana presentó unos pantalones para hombre guateados, similares a los que Armani había lanzado la temporada anterior con la marca Emporio. El italiano reaccionó diciendo de sus colegas: "Ahora copian, mañana ya aprenderán". A lo que los aludidos respondieron: "Nos queda mucho por aprender, pero no de él". Otras veces la cosa es, simple y llanamente, pura coincidencia. Como cuando el norteamericano Isaac Mizrahi lloró al descubrir que Jean Paul Gaultier se le había adelantado unos días proponiendo la estética esquimal en una colección.

Entre dimes y diretes, algunas piezas originariamente acuñadas por un diseñador concreto acaban convirtiéndose en genéricos. Son exponentes de esa categoría el traje de Channel o los peep tous de Christian Louboutin. Mientras se aclara dónde termina el guiño y dónde empieza el calco, las webs continúan informando...