Laura González-Molero

"Las plantas españolas de Merck son competitivas"

La factoría de Mollet produce para 40 laboratorios

La venta de la división de genéricos a Mylan de octubre de 2007 supuso un problema para la filial española del grupo farmacéutico alemán Merck. Peligraba la continuidad de la factoría de este tipo de medicamentos fuera de patente ubicada en Mollet (Barcelona).

Pero desde entonces, el grupo ha intensificado las inversiones, a un ritmo de cinco millones de euros anuales (30 millones desde 2005), consiguiendo mantener abierta la factoría farmacéutica y la de bases químicas (principios activos cosméticos y reactivos), donde actualmente trabajan 500 personas. La consejera delegada de Merck en España, Laura González-Molero, recuerda que la reestructuración del grupo ha sido dura, con el cierre del laboratorio de investigación oncológica del Parque Científico de Barcelona y un expediente de regulación de 100 trabajadores en Mollet.

"Lo primero que hice fue explicar a la Generalitat el proyecto y los problemas que nos encontrábamos. Estas decisiones tampoco nos gustaron a nosotros", asegura. "Es fundamental seguir invirtiendo. Pero, de forma continuada. Yo soy de las defensoras de que hay que hacer inversiones permanentes, porque en caso contrario te vuelves obsoleto enseguida".

"Tenemos un montón de terreno para nuevos proyectos de fabricación"

González-Molero argumenta que "la tecnología y las necesidades de los clientes avanzan a velocidades tremendas. Incluso en la producción de genéricos somos eficientes, con unos costes muy ajustados. De la misma forma, también la planta de biotecnología de Tres Cantos (Madrid) es eficiente. En definitiva, hemos conseguido que las tres plantas españolas sean competitivas".

Merck apuesta por las dos factorías de Mollet, con la voluntad de captar producción del grupo y también para terceros. La última inversión que ha conseguido de la multinacional alemana, en competencia con otras 12 factorías de la multinacional ha sido la producción mundial de la presentación en granulado del medicamento contra la diabetes Dianben (Metformina). Además, la compañía ha renovado el contrato de producción para Mylan para este año, aunque el peso de este cliente se ha reducido del 35% al 20% de la producción de la factoría, que opera a una capacidad del 80%, "un nivel muy alto, porque operar a un nivel más elevado conlleva muchos riesgos. Pero, no hay problema para nuevos proyectos, porque todavía tenemos un montón de terreno para afrontarlos", asegura la consejera delegada del grupo alemán. La planta farmacéutica cuenta con una capacidad para producir más de 3.000 millones de dosis y 105 millones de unidades acabadas.

Precisamente, una de las ventajas de Mollet es su flexibilidad, lo que le permite trabajar para 40 empresas del sector, elaborando comprimidos, cápsulas, sobres y efervescentes, formas líquidas, suspensiones y antibióticos. La subsidiaria española concluyó el pasado ejercicio con una facturación total de 400 millones de euros, un poco por encima del cierre del año anterior.

"El grupo ha sobrevivido 341 años"

Laura González-Molero ejemplifica rápidamente la estrategia del grupo. Si el sector farmacéutico se caracteriza por pensar a largo plazo, en el caso de Merck queda aún más claro. "Somos una compañía tradicional, alemana, con mucha vocación. En caso contrario no hubiéramos sobrevivido 341 años, controlando la familia Merck aún el 70% del capital", destaca. "Todos los accionistas, claro está, quieren un retorno mínimo de la inversión, pero la prioridad no es la rentabilidad".

La filial española mantiene un mayor peso de la parte farmacéutica sobre la química, que en el conjunto del grupo representa el 23% de la facturación. González-Molero aclara que "la parte química es menor porque la producción de cristal líquido es residual en España, debido a que prácticamente no quedan productores de televisión". Con todo, la planta de Mollet supera la capacidad de producción de 2.200 toneladas anuales.