A fondo

El sueño americano de ACS

Los accionistas de ACS recordarán cómo hace dos años el presidente de la compañía, Florentino Pérez, se presentaba ante la junta con un mensaje de optimismo en pleno arranque de la crisis. Vino a decir que consolidaría el mayor grupo constructor del mundo lloviera lo que lloviera. Probablemente hubo quien desconfió por las circunstancias que comenzaban a rodear al negocio y por una ambiciosa apuesta por la energía que permitía escasas alegrías en otros campos.

Pérez puso la brújula en dirección a dos mercados, de máxima complejidad y extraordinario volumen de obra pública por hacer, para intentar paliar la caída en picado del negocio español del ladrillo y el hormigón: EE UU y China.

Con el paso de los meses, el impulso de la Administración Obama y la sed de los distintos Estados por modernizarse, contando con la aportación de constructoras con músculo o respaldo financiero, ha sido EE UU el que se ha confirmado como campo de batalla. Y ACS, que guarda una carta en China con su acuerdo de entrada en la local Citic, se ha subido al carro americano con algunas de sus grandes competidoras. Que nadie dude que Pérez está dispuesto a hacerse con las riendas.

El mercado aprueba la estrategia y sitúa la acción en el nivel más alto en nueve meses

ACS 26,85 -1,79%

A caballo entre 2009 y 2010 ha materializado dos adquisiciones en áreas que dan acceso a la virgen California, donde el proyecto que más brilla es una línea de alta velocidad ferroviaria que irá de Los Ángeles a San José, y a la avejentada Nueva York.

La primera constructora en cuestión es Pulice, una desconocida para el gran público europeo pero referencia allí donde trabaja -tiene su sede en Arizona y capacidad para operar en Nevada, Utah y California-. La inversión fue de 114 millones de dólares o 0,47 veces su facturación (244 millones de dólares) y 4,2 veces su Ebitda (27 millones). Una firma de base familiar que aporta mano de obra, técnicos y contactos.

Estrenado el calendario de 2010 el grupo español volvió a sorprender con una operación en Nueva York, donde ya trabaja en la ampliación del Metro. En este caso la inversión ha sido de 131,7 millones de dólares o 3,4 veces el Ebitda (38,1 millones) de esta nueva constructora, John P. Picone, que sube al tren de ACS. Pero lo más sobresaliente es una cartera de 800 millones y su alta especialización en túneles y obra hidráulica.

Tras este envite, el mercado ha dado su aprobación. La acción de ACS alcanzó ayer los 36,49 euros, tras subir un 1,76%, con lo que se sitúa en los niveles más altos desde abril de 2009.

Previamente, ACS había adquirido una primera referencia especializada en puentes y autopistas en Nueva Jersey, Schiavone, por 150 millones de dólares. Pero es que, además, es primer accionista de la germana Hochtief, cuya filial estadounidense Turner es una de las mayores referencias en edificación no residencial de EE UU. O es segundo partícipe del gigante Abertis, del que se espera un golpe de autoridad en el campo concesional norteamericano tras una operación multimillonaria frustrada en Pensilvania.

¿Tiene Florentino Pérez una bola de cristal? Basta acudir a las hemerotecas para constatar que hasta 2006 estaba convencido de que todos los huevos debían estar en la cesta del muy boyante mercado local. Idéntica estrategia que la de FCC, Sacyr, OHL y que contaba con la salvedad de Ferrovial.

Más que un visionario, Pérez y su equipo directivo han dado una lección de adaptación y arrojo para afrontar el escenario que se avecina, tanto en materia de construcción como en la explotación de infraestructuras en EE UU. Como ellos, Villar Mir y los suyos han movido ficha con notables adquisiciones, pero el presidente de OHL sigue buscando una mayor diversificación geográfica en un territorio comparable con todo un continente. Los pasos de FCC se han movido más por el Centro y Este de Europa, y es fuerte al otro lado del Atlántico en servicios y cemento. El presidente Falcones tiene el reto de serlo también en obra civil y concesiones. Acciona ha jugado la baza de las renovables y su apuesta es prometedora. Y Ferrrovial es una veterana en EE UU y probablemente el rival más preparado y con mayor experiencia en el trato con los Estados.

Desde ACS recalcan que todas sus divisiones han salido de España para acudir a proyectos punteros. Sólo en construcción, Dragados está ejecutando las autopistas Central Greece Motorway e Ionia Odos Motorway en Grecia (2.700 millones de presupuesto conjunto); está con Acciona en la ampliación de la A-30 en el sur de Montreal (Canadá) y reconstruye la I-595 en Florida (EE UU), siendo el presupuesto conjunto de estas dos obras de casi 2.000 millones. El citado metro de Nueva York (1.800 millones) y el primer tramo de una línea de alta velocidad en Portugal (entre Poceirao y Caia, por 1.700 millones) dan idea del gigante que se ha forjado lejos de la sede madrileña de ACS.

Además es uno de los pocos grupos con un brazo de construcción industrial, Cobra. La filial concesionaria, Iridium, es la mayor del mundo, por tercer año consecutivo, según el ranking que cada ejercicio publica la revista Public Works Financing. Y la filial de servicios, Urbaser, construye y opera plantas de tratamiento, vertederos y estaciones de transferencia en Chile, México, Panamá, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Francia, Colombia y Argentina.

La fuerte atomización del mercado de la construcción estadounidense coloca a ACS en todo un aspirante, con sólida presencia local, para liderar la ola de contratos que debe darse en cuanto remita la crisis.