Nueva estructura de la UE

La presidencia española estrena la Unión Europea del siglo XXI

El semestre marcará la renovación económica y política del club.

Para algunos analistas políticos, el final del siglo XX se precipitó con la caída del muro de Berlín en 1989 y el XXI comenzó trágicamente con los atentados del 11-S en EE UU. La historia institucional de la Unión Europea, sin embargo, lleva su propio ritmo. Más lento y pacífico. Y para el club comunitario, probablemente, el nuevo siglo arranca casi una década más tarde, con la entrada en vigor de su nueva estructura, recogida en el Tratado de Lisboa.

A España, en su condición de presidencia de la UE durante el primer semestre de 2010, le corresponderá estrenar el nuevo marco, que por primera vez dota al Consejo Europeo (reunión periódica de primeros ministros) de un presidente estable y unifica la política exterior en la figura de un Alto Representante con inmensos poderes.

El tiempo dirá si el estreno ha sido un honor o un quebradero de cabeza para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero ya se puede adelantar que la incertidumbre institucional generada por la aplicación del nuevo Tratado se añadirá a las dificultades de un semestre marcado también por la frágil recuperación económica y la temida escalada del paro.

"Es la cuarta vez que España asume la presidencia, pero no se puede comparar con las anteriores", señaló el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, durante la presentación en Bruselas de las prioridad es del próximo semestre.

Seis meses que, según Moratinos, girarán en torno ejes. La innovación, desde la institucional hasta la tecnológica. Y la igualdad, como aspiración de una Europa, dice Moratinos, en la que todos los ciudadanos dispongan de las mismas oportunidades y en la que se suprima de manera especial cualquier discriminación de género.

Pero objetivos aparte, el ministro reconoció que se trata de una "presidencia en transición" entre el Tratado de Niza y el de Lisboa, que llega, además, en "un contexto económico difícil". Moratinos prometió, en todo caso, una presidencia "no nacionalista, sino europeísta". La ambición, sin embargo, puede verse limitada por factores ajenos al propio Gobierno.

De entrada, España toma el relevo de la presidencia sueca saliente con la Comisión Europea todavía en funciones. El equipo del reelegido presidente José Manuel Barroso (en el que Joaquín Almunia ocupará la poderosa cartera de Competencia) no tomará posesión hasta finales de enero como muy pronto. Y el calendario se puede dilatar si el Parlamento Europeo rechaza a algún candidato a comisario o el conflicto salarial de los funcionarios comunitarios (a quienes se ha recortado a la mitad el incremento que les correspondía en 2010) bloquea el proceso de investidura de la nueva Comisión.

El retraso acumulado hasta ahora, en cualquier caso, obligará a la presidencia española a concentrar su trabajo en el segundo trimestre de su mandato.

El Gobierno de Zapatero confiaba en cerrar en la cumbre de marzo el pacto que orientará las reformas macroeconómicas del club durante la próxima década. Pero esa nueva estrategia, conocida como 2020 por el año de su meta oriental, sólo podrá cerrarse, con suerte, en el mes de junio.

Madrid quiere que la nueva agenda, a diferencia de la pactada en Lisboa hace 10 años, disponga de instrumentos e control y verificación de las reformas económicas acometidas por cada socio de la Unión. El Gobierno de Zapatero, además, quiere que el Consejo Europeo, es decir, los presidentes de Gobierno, asuman las principales tareas de coordinación económica en detrimento de sus titulares de Economía y Finanzas.

El objetivo de tales cambios, según fuentes españolas, sería permitir a la UE, y en particular a la zona euro, dar un salto cualitativo en la integración económica del club. Hasta el punto, de que el Gobierno quiere abrir el debate sobre las disparidades en los tipos del impuesto de sociedades que conviven entre los 27.

Dudas sobre liderazgo

Algunos analistas, y también el Partido Popular, han expresado sus dudas sobre la capacidad de liderazgo en el terreno económico de un país que soporta casi un 20% de paro, la segunda cota más alta de la Unión.

Pero el deterioro económico de Portugal (mucho más grave que el de España) no impidió a la presidencia lusa en el año 2000 pactar la Agenda de Lisboa que ahora llega a su fin. Y fuentes españolas recuerdan que nadie cuestiona el derecho del Gobierno de Gordon Brown a marcar la agenda de la reforma del sector financiero, a pesar de que Londres ha tenido que nacionalizar buena parte de sus entidades bancarias.

Estocolmo deja bastante alto el listón

La valoración de una presidencia de la UE depende en parte del regusto dejado por el país anterior. En el caso de España, Madrid recoge el testigo del gobierno sueco de Fredrik Reinfeldt, que ha dejado una imagen de pragmatismo difícil de igualar. Estocolmo ha resuelto los temas institucionales, incluida la superación del obstáculo checo al Tratado de Lisboa y el nombramiento del primer presidente del Consejo Europeo y de la Alta Representante para política exterior. Además, ha dejado encauzada la reforma de la supervisión financiera y pactada una ambiciosa agenda en el terreno de justicia e interior.