Emilio Serratosa

Cemento en las venas

Se retira el presidente de Nefinsa, uno de los mayores empresarios del país. El que dijo 'no' a Mario Conde. El que supo apreciar el potencial de sectores emergentes antes que el resto

Cemento en las venas
Cemento en las venas

La vida útil del hormigón es de decenas de años, que no de siglos. Aunque sólo tarda unos días en endurecerse, su enorme resistencia -especialmente si se combina con acero- y moldeabilidad lo convierten en el material de construcción más usado del planeta. Por eso se encuentra presente en casi cualquier obra de ingeniería civil. También está presente, y nunca mejor dicho, en los mismísimos cimientos de la empresa familiar de Emilio Serratosa Ridaura (Valencia, 1937), fundada por su abuelo y dirigida por él hasta hace apenas dos semanas. Tras cinco décadas al frente de Valenciana de Cementos y luego de Nefinsa, Serratosa ha decidido jubilarse, dejando paso a la siguiente generación de la saga de empresarios valencianos. Su hijo Javier es ahora el encargado de pilotar las compañías de la familia, hiladas en torno al holding Nefinsa y que tienen en Uralita y Air Nostrum sus principales estandartes.

El legado de Emilio Serratosa, igual que las estructuras de cemento armado, perdurará durante años. Fue el hombre que a principios de los noventa dijo no a Mario Conde, precipitando así el inicio de su caída. El mismo que un año después protagonizó la mayor operación corporativa del año en Europa al vender Valenciana de Cementos a Cemex por 125.000 millones de pesetas de la época. El empresario que desde Nefinsa apostó con tino por sectores en ese momento desconocidos, como la creación de una aerolínea regional, Air Nostrum (1994); de una distribuidora de telefonía móvil, Nefitel (1995), y de importantes inversiones en las energías renovables, entre ellas la adquisición de un 30% de Gamesa (1998). Y el gestor que protagonizó la primera opa hostil en prosperar en España (la de Uralita, consumada en 2002).

Pero por encima de todo, se le recordará por pertenecer a la casi extinta raza de los empresarios de palabra. De los que cierran negocios con un apretón de manos en vez de con un despacho de abogados detrás. Y de los partidarios de generar riqueza: muchos se hubiesen retirado tras la venta de Valenciana de Cementos. æpermil;l, en cambio, empleó el dinero en la edificación del imperio Nefinsa. Nada de especular o de entrar en el entonces boyante sector inmobiliario. Aunque el mayor pelotazo de Emilio Serratosa no fue la venta de Valenciana de Cementos, sino la de Gamesa. La familia entró de la mano de Emilio Ybarra, amigo personal de Emilio, que les invitó a comprar el 30% de Gamesa Energía por 7.500 millones de pesetas. La vendieron por 673 millones de euros en 2005. Es decir, por cerca de lo que valía la totalidad de Valenciana de Cementos. Hagan las cuentas.

Pero empecemos por el principio. Estamos en 1917, en la época en la que el cemento empieza a ser usado masivamente en la construcción. José Serratosa Nadal funda junto con su amigo y futuro suegro, Rafael Ridaura, Valenciana de Cementos. Adquieren maquinaria de alta tecnología a buen precio de una Prusia muy necesitada de liquidez y al poco tiempo se sitúan a la cabeza del negocio en España.

Pasan los años. Mario Conde es nombrado presidente de Banesto y, tras la opa fallida del Banco de Bilbao, intenta sacar a Bolsa la Corporación Industrial. Entonces trata de seducir a Emilio Serratosa y a su hermano José, ya al frente del negocio familiar que se había convertido en el segundo mayor grupo cementero de Europa. Pero éstos no ceden y la operación de Conde fracasa.

En 1992, la familia Serratosa y sus socios noruegos Aker, accionistas estables durante 12 años, deciden vender la compañía a Cemex. A partir de ahí, y con la liquidez obtenida, Emilio y José deciden emprender andaduras empresariales diferentes. Y, al año siguiente, Emilio crea Nefinsa ya junto a sus hijos, Javier y Pablo Serratosa Luján.

Para obtener hormigón hay que mezclar cemento con agua. De nada sirve lo uno sin lo otro. En la familia Serratosa, en cambio, las cosas siguieron funcionando tras la escisión de los hermanos. Nefinsa es hoy el grupo no financiero más importante en beneficios de Valencia, sólo superado por Bancaja y la CAM. Pero lo que seguro que no se esperaba Emilio cuando constituyó su brazo inversor es que tendría que vivir otra escisión a manos de sus hijos. El apoyo a uno de ellos, Javier, en detrimento de otro, Pablo, fue, según una persona cercana al empresario, la decisión más difícil de su vida. Pablo, el menor, salió de la empresa en 2005 y montó junto a sus dos hermanas Zriser, que ya ha invertido en Siliken y en Baviera. Los beneficios del grupo Nefinsa cayeron en 2008 en un 65%. Zriser goza en la actualidad de una gran liquidez.

Sea como fuere, Emilio Serratosa siempre se ha mostrado orgulloso de pertenecer a un negocio familiar. La figura de su abuelo es objeto de admiración en los despachos de sus empresas. Pero eso no significa que el apellidarse Serratosa garantice un puesto en la compañía. El protocolo establecido hace unos años exige a sus descendientes estar titulados, un MBA en una de las 30 mejores universidades del mundo, hablar idiomas y tener un mínimo de dos años de experiencia fuera de la empresa familiar.

Ahora que se ha jubilado, y a punto de cumplir los 73, Emilio tendrá tiempo para dedicarse a sus dos mayores aficiones -con permiso de pasar el rato con la familia-: el golf y la caza desde su finca de Ciudad Real. Eso sí: nada de cacerías preparadas. Honesto, intuitivo, valiente y poco dado a los eventos sociales, una de las pocas espinas que tiene clavadas es haber perdido parte de la colección de arte perteneciente a la familia -que contaba con obras de Picasso, Miró, Dalí o Renoir entre otros- que se fue a México con la venta de Valenciana de Cementos.

Sus expertos ojos permanecerán atentos a partir de ahora en lo que haga su hijo Javier al frente de Nefinsa y Uralita. Está por ver si consigue dejar a sus hijos un legado tan pétreo como el recibido de su padre.