Ingeniero jefe de Twitter Japón

Héctor García: "A los japoneses les cuesta mucho improvisar"

En el libro Un geek en Japón cuenta las diferencias culturales y empresariales que ha vivido los últimos cinco años

En Japón le llaman el americano, como a todos los occidentales, pero nació en Alicante en 1981. Sobre su experiencia de cinco años en dicho país el ingeniero informático Héctor García ha escrito Un geek en Japón (Norma), donde da su particular visión de las diferencias culturales desde el punto de vista de un geek, un friki de las tecnologías. Recientemente visitó Madrid invitado por la Casa Asia y a su vuelta a Japón ha presentado la versión para móviles de Twitter, donde es ingeniero jefe. Antes trabajó en otras empresas, como Technorati, y creó una, Mirai, con un socio. Asegura que ha aprendido a no hacer planes.

¿Cómo fue su experiencia con Mirai?

Como en Matrix, había decidido tomar la pastilla roja, la de la verdad, descubrir un mundo aparte. Es pasar de ser empleado y no preocuparte de nada, a ser empresario. Tu empresa es como si fuera tu hijo. Al cabo de un año éramos cuatro, la empresa seguía creciendo, pero decidí irme, con permiso de mi socio, al que le pareció muy bien.

¿Por qué se marchó?

Mi mentalidad es buscar un nuevo reto cada poco tiempo, y me quedaba como pequeño ahí. Hacíamos un producto de comercio electrónico para empresas japonesas, pero al ser una empresa pequeña te tratan diferente a si eres grande. No puedes tratar con uno gordo, no te hacen ni caso. Era muy difícil movernos en el ecosistema de tecnología en Tokio. A cambio, los que son de menor tamaño que tú te tratan como si fueras un dios.

¿Cómo funciona la jerarquía dentro de las empresas?

Twitter Japón pertenece a Digital Garage, una especie de holding de 25 empresas de internet. Todos somos amigos, pero para hacer cosas todo tiene que fluir arriba, que todos acepten, y que vuelva a bajar. Pasa igual en grandes corporaciones, ya por departamentos. No puedes proponer algo en una reunión de repente, rompes los esquemas. Tomando copas puedes comentarlo, el jefe lo escucha, y luego empieza a moverlo. Los movimientos son muy lentos, pero muy estables, si algo empieza va a llegar al final. Todos se tienen que poner de acuerdo. Y si no, lo descartan.

¿Eso influye en sus modelos de negocio?

Funciona muy bien en las manufacturas, en las que son muy buenos los japoneses: televisiones, coches, todo lo que es un proceso. Mejoran año a año, poquito a poquito. No desperdician nada que esté hecho. Para otras cosas que hace falta más improvisar les cuesta mucho. La industria del software es una mezcla entre arte e ingeniería. Hay que hacerlo rápido y que funcione. Para eso los japoneses nunca han sido muy buenos, y traen mucha gente de fuera. En los ordenadores está Japón, pero en software manda EE UU. También son buenos haciendo videojuegos, pero es porque se han centrado solo en hacer eso. Han aplicado el sistema de las manufacturas.

¿Cómo está funcionando Twitter en Japón?

Está en crecimiento exponencial de usuarios. Va a pasar de ser utilizado por geeks a ser algo que hasta las abuelas conocen, cerca del millón de usuarios, el 1% de la población. A final de año queremos llegar al 2%. Tokio es la ciudad donde más se tuitea del mundo. Japón es el segundo país, detrás de EE UU, donde surgió. Twitter Japón es el único con publicidad, y no hay problemas de spam porque tú sólo recibes mensajes de quien tú quieres.

La libertad de estar "oficialmente borracho"

"En una cena de empresa, me giro y a mi lado hay un tipo desnudo. Se levanta, empieza a dar saltos. Era su actuación, y desde entonces le invitan a todas las fiestas". Héctor García recuerda este impactante suceso, que no es tan raro en Japón, donde fuera del trabajo se rompen todas las barreras y las estrictas normas que rigen en el día a día. "Cuando estás oficialmente borracho tienes permitida cualquier cosa. Al día siguiente nadie comenta nada."

A García también le invitan a las fiestas porque es el único extranjero de los 1.000 empleados de Digital Garage. "En Japón sentirse completamente integrado es imposible", explica. Aunque en algunas cosas le gusta más la manera japonesa. "En España todo el mundo se interrumpe, hay 20 conversaciones a la vez, es un mareo. En Japón si hablas todos se callan y escuchan".

Una de las cosas que más le chocaron al llegar a Japón fue ver que los precios no subían, y los salarios tampoco. "yo venía de los años del euro. Las casas llevan como 20 años bajando de precio. Pero aún así sigue siendo carísimo. Por eso el mito de que Japón es caro. En los años 80 era carísimo, pero las cosas se han mantenido de precio".