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Columna

Como una caja de bombones

Las ventas por partes funcionan cuando hay varios compradores interesados en partes diferentes de una compañía, aun cuando algunos activos sean menos atractivos que otros. Es como compartir una caja de bombones y descubrir que alguien prefiere las sobras de relleno de naranja. Sin embargo, lo anterior podría no resultar en el caso de Cadbury, la confitera británica que acaba de rechazar una oferta de la estadounidense Kraft Foods. La posible oferta conjunta de la estadounidense Hershey y la suiza Nestlé podría frustrarse debido a la disputa por el negocio chocolatero de Cadbury.

El pensamiento convencional funciona así. Hershey, valorada en 8.800 millones de dólares, no podría permitirse comprar la totalidad de Cadbury, cuya capitalización bursátil dobla esa cantidad. Las leyes antitrust impedirían que Nestlé se quedara con los activos chocolateros de Cadbury ya que ambas comparten liderazgo en casi todos los mercados significativos del grupo británico. Así que Nestlé sólo puede aspirar al negocio de chicles de Cadbury, dejando el chocolate para Hershey.

Las sinergias a que darán lugar estos dos acuerdos no igualarán a las que resultarían de cualquier operación con Kraft. A Hershey le falta alcance global, y un desmembramiento sería arriesgado, pero una proporción mayor -quizás la totalidad- de la oferta conjunta podría ser en efectivo. Eso sería más atractivo para los accionistas de Cadbury que la mezcla de dinero y papel de la oferta de 10.200 millones de libras de Kraft.

El problema es que a Hershey quizás le interese tanto como a Nestlé el emergente negocio de chicles de Cadbury. Después de todo, Mars, el grupo chocolatero estadounidense, pagó el año pasado un enorme múltiplo sobre beneficios por el gigante del chicle Wrigley. Quizás Nestlé necesite ofrecer a Hershey un incentivo para dejar escapar los activos más suculentos. La suiza podría convencer a Hershey con una generosa oferta en efectivo por su negocio de Kit Kat en EE UU. Nestlé es dueña de Kit Kat en el resto del mundo y le interesaría tener la marca a nivel global. Con este acuerdo colateral, Hershey tendría dinero suficiente para comprar el negocio de chocolate de Cadbury.

Una complicada operación a tres bandas como ésta sería difícil de negociar. Ambas compañías buscarán primero un acuerdo que no implique a la otra. Hershey quizás se asocie con algún fondo soberano para lanzar su oferta por Cadbury. Nestlé buscará compradores alternativos para la parte que no puede quedarse. Aun así, si los dos grupos fracasan en sus aventuras en solitario, no les quedará más remedio que unirse.

Por C. Hughes

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