A fondo

Movimientos tectónicos en las cajas rurales

El sector financiero nacional está en plena metamorfosis. Unicaja se fusiona con Cajasur y Caja Jaén; las cajas de Sabadell, Terrassa y Manlleu crean un nuevo grupo; Caja Duero corteja a Caja España... Las quinielas son de lo más variopintas pero siempre implican a las cajas de ahorros. O no. También las cooperativas de crédito se transforman. A otro ritmo y por otros derroteros, pero este gremio vive sus propios movimientos tectónicos. El sector cooperativo reúne cerca de un 5% del negocio bancario español y consta de dos grandes patas. Por un lado, las cajas rurales. Son 76 entidades surgidas de las secciones de crédito de las cooperativas agrícolas. La mayoría pertenece a la Asociación Española de Cajas Rurales (AECR). Fuera, destaca Cajamar. El segundo pilar corresponde a las cajas populares y profesionales. Aquí sólo queda un puñado de entidades. Sobresale Caja Laboral, brazo financiero del grupo Mondragón.

Las novedades llegan de un tiempo a esta parte de la familia de las rurales. Durante 20 años, estas entidades han funcionado bajo la máxima de cada una en su casa y las sociedades participadas en la de todos. Una serie de filiales se ocupan de áreas que exigen economías de escala como los seguros (RGA), la informática (RSI) y otros servicios financieros (Banco Cooperativo).

Pero los tiempos cambian. La adversidad económica invita a todo tipo de entidades de crédito a agruparse para ganar resistencia. A esto hay que sumar que las cooperativas españolas han perdido cuota de mercado en los últimos años ante el empuje de bancos y cajas de ahorro, como señalaba un informe de Oliver Wyman de 2008. Por último, el Banco de España desea simplificar de una vez por todas la supervisión del mundo cooperativo, un gremio trufado de entidades microscópicas.

Tras el fracaso de la consolidación de balances en torno al Banco Cooperativo ensayada a mediados de la década, la solución apunta ahora hacia la constitución de Sistemas Institucionales de Protección (SIP). Sus integrantes se avalan los unos a los otros y cuentan, así, con un rating y una solvencia comunes. A cambio, han de respetar ciertas normas en su política de riesgos, si bien pueden conservar su personalidad jurídica.

Advertencia del regulador

El supervisor instó hace un año a las rurales a agruparse en torno a un SIP. En este tiempo se han desarrollado dos iniciativas paralelas a causa de las divergentes sensibilidades en el seno del Grupo Caja Rural en materia de política de crecimiento. Por un lado, las entidades más grandes del sector (Ruralcaja, Rural de Navarra, Rural del Sur y Rural de Granada) apadrinan un SIP. Y por otro se inició una estructura similar destinada a agrupar a 40 entidades de ámbito local y comarcal, a cuya cabeza se situó la Rural de Toledo. Tras casi 12 meses de trabajo, ninguno de los dos bloques ha hecho propuesta concluyente alguna. Y ha sido en este marasmo cuando dos acontecimientos han animado el sector.

El pasado abril, Cajamar, la proscrita del Grupo Caja Rural, anunció la constitución de un SIP propio con tres rurales de la Comunidad Valenciana. Además de darse cobertura mutua, estas entidades han conformado un grupo cooperativo para contar con servicios comunes que mejoren su eficiencia. Está previsto, pues, que las firmas valencianas dejen de operar con las subsidiarias de la AECR.

La segunda sacudida se produjo el pasado 31 de julio. Entonces, Ruralcaja anunció la creación del Grupo Cooperativo Cajas Rurales del Mediterráneo (CRM) con otras 15 firmas de la región. Esta iniciativa tiene sobre todo contenido simbólico. La entidad valenciana marca su territorio frente al intrusismo de Cajamar. En materia de eficiencia, no habrá grandes novedades puesto que los servicios comunes seguirán siendo prestados por RGA, RSI y Banco Cooperativo.

La intención final de Ruralcaja es integrar CRM en el SIP que promueve desde 2008. Así se reforzará la solvencia de los socios. Como señalan fuentes próximas al proceso, "hay que aprovechar la estructura montada en torno al Banco Cooperativo. æpermil;se ha de ser el motor del nuevo SIP. No tiene sentido construir un servicio de análisis de riesgos paralelo". De hecho, según aclaran estas fuentes, CRM y el SIP deben avanzar en paralelo. Sus estatutos y normas de funcionamiento han de estar redactados antes de que acabe el año para que puedan ser aprobados por las asambleas de socios en el primer semestre de 2010.

Los movimientos de Cajamar y Ruralcaja tienen, además, otras implicaciones. Suponen un jaque al SIP de las 40 rurales comarcales puesto que uno y otro han atraído a entidades que parecían comprometidas con aquel proyecto como Caja Campo o Rural de Torrent.

Fuentes próximas al SIP de las rurales locales insisten en que este proyecto -en el que participan firmas que no pertenecen al Grupo Caja Rural y cinco rurales de ámbito provincial- conserva el volumen suficiente para tener sentido. Además, reiteran que la iniciativa se vincularía con Banco Cooperativo, RGA y RSI para preservar eficiencias operativas.

Estas mismas fuentes insisten en que es posible que ambos bloques de rurales lleguen a un punto de encuentro, pero para ello habrá que resolver antes la cuestión de la solvencia y qué pasa con la marca. Las grandes rurales desean fomentar una imagen común -el logo de la espiga- mientras que las otras se decantan por las enseñas particulares de cara al público.