EDITORIAL

Moderar los precios para competir

La industria nacional continúa su fuerte contención de precios iniciada a finales del pasado año con el objetivo de competir en mercados exteriores. Al menos así se desprende de los índices de precios de exportación e importación de productos industriales correspondientes a junio difundidos el viernes por el INE. Unos datos que en una primera lectura podrían inducir a pensar todo lo contrario, pues en el índice general (sin desagregar por tipo de productos), los importados (-10,7%) bajan más del doble que los exportados (-4,3%).

La energía es la causante de esta aparente contradicción, pues en junio las importaciones de gasolinas, petróleo o gas, entre otras materias, bajaron sus precios en conjunto más de un 40%. Y el peso de estos productos sobre el montante total de las importaciones españolas es muy elevado, lo que provoca esta descompensación.

Sin embargo, si se compara la evolución en el resto de los productos industriales, las importaciones se han encarecido en mayor medida que las exportaciones, que han contenido las subidas. Este fenómeno se ha agudizado especialmente en las manufacturas dedicadas al consumo, pues si las exportaciones españolas eran en junio medio punto más baratas que hace un año, por las importaciones hubo que pagar un 1,3% más. Esta diferencia se aprecia tanto en los artículos destinados a los bienes de consumo duradero como a los no duraderos.

Una crisis más, se repite una conducta clásica de los empresarios españoles que recurren a los mercados exteriores cuando se producen contracciones en el consumo interno. Y en esta ocasión, la grave recesión está afectando mucho más a las familias españolas -que han paralizado bruscamente sus compras compulsivas de años anteriores- que a las de otros países desarrollados donde el consumo ha descendido más suavemente. Pero para acceder a esos mercados, una buena parte de las empresas nacionales se han visto obligadas a competir vía precio.

Cabe preguntarse por qué en tiempos de vacas flacas es posible ajustar costes, mientras que con la bonanza los precios españoles suben más que los foráneos. Eso supone una pérdida de competitividad que la economía nacional no puede permitirse. La recesión ha forzado medidas extraordinarias, pero una vez más queda patente que algo no funciona en la formación de precios en los mercados españoles. La rigideces laborales, con convenios rígidos y cláusulas de revisión salarial, explican la parte imputable a los costes laborales; pero hay un sinfín de costes que, al igual que los márgenes, tienen una tendencia inercial a la subida sin que lleven aparejadas incorporaciones de calidad, y sobre los que todos los actores del proceso productivo tienen que reflexionar. Todo el mundo debe saber que el ajuste que no se haga vía precio, se hará vía cantidad.