Carlos Ocaña y Antoni Castells

La financiación a dúo

Agotados pero satisfechos, los negociadores de la parte catalana y estatal cantan victoria. Han necesitado más de un año para sellar un acuerdo que parecía condenado a naufragar.

La financiación a dúo
La financiación a dúo

El acuerdo de financiación se ha forjado en múltiples mesas de negociación y, sobre todo, a través de dos teléfonos móviles. El del secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña (Madrid, 1959), y el del consejero de Economía catalán y catedrático de Hacienda Pública, Antoni Castells (Barcelona, 1950). La financiación autonómica ha monopolizado la vida política y académica de Castells. En 1993, Jordi Pujol se apuntó el tanto de lograr la cesión del 15% del IRPF y abrió una senda que Cataluña ya nunca abandonaría. El autor intelectual de aquella primera cesión no fue otro que el socialista Antoni Castells, ya por entonces obsesionado con la descentralización fiscal: "En Alemania, los länder tienen cedido el 42,5% del IRPF", decía 16 años atrás para justificar la participación de las comunidades en el impuesto de la renta. Hoy celebra la consecución del 50% de cesión.

Para sellar el nuevo sistema, Castells ha negociado durante más de un año primero con Pedro Solbes y, después, con Elena Salgado. Sin embargo, entre uno y otro ministro ha permanecido una figura, impertérrita a los cambios de Gobierno: Carlos Ocaña que, como Castells, procede del mundo académico. Ocaña es un político mesurado, trabajador y poco dado al histrionismo y a declaraciones extemporáneas. Un perfil idóneo para un ministerio y un mal negocio para la prensa. Ni a punta de pistola los periodistas son capaces de sacarle un titular a cinco columnas.

A diferencia de Castells, la vida profesional del negociador de la parte estatal siempre se ha mantenido alejada del tan hispánico y visceral debate de la financiación autonómica. Formado en España y Estados Unidos, ha sido profesor en el departamento de Economía de la Universidad Carlos III. Políticamente, sus preocupaciones se centraron en los asuntos eléctricos y energéticos. Diez años atrás, el hoy secretario de Estado de Hacienda ocupaba el cargo de administrador principal en la Agencia de la Energía de la OCDE, con sede en París. Y mientras Ocaña se enfrentaba a los problemas energéticos globales, Castells sólo vivía para la financiación autonómica y publicaba libros con títulos inequívocos como Desequilibrios territoriales en España y en Europa.

Diez años atrás, mientras Ocaña se ocupaba de temas energéticos en la OCDE, Castells ya sólo pensaba en reformar el sistema autonómico

Años después, en 2004, Carlos Ocaña aterrizaba en el Ministerio de Economía para sustituir a Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Desde entonces, ha vivido la cara más amable y amarga de la finanzas públicas. Desde su despacho en la calle Alcalá, 9, Ocaña presenció como el conjunto de Administraciones públicas cerraban tres ejercicios consecutivos sin déficit. Algo insólito. Pero también podrá contar cómo en 2008 vio desaparecer en apenas doce meses el mayor superávit fiscal registrado en la historia de España.

Y si gestionar las cuentas del Estado durante la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial no fuera suficiente tarea, Ocaña fue el elegido para negociar una nueva financiación con Antoni Castells, referencia intelectual en el estudio de las finanzas territoriales y cuyo prestigio político dependía de lograr un buen acuerdo. Castells llevaba toda su vida esperando precisamente ese momento. Ocaña, entre otras funciones, debía parar los pies a la siempre desmesurada para Moncloa ambición catalana. Para ello, contaba con un equipo joven, que nunca había vivido una reforma autonómica desde la primera línea de combate, pero que no escatimaron horas para cuadrar ese sudoku imposible. Castells acudía a la mesa de negociación con un mayor conocimiento del intrincado mundo de la financiación autonómica pero era la primera vez que abandonaba las bambalinas para abanderar el ejército de la Generalitat, que cada cuatro años más o menos desembarca en Madrid en busca de la financiación soñada. Zapatero reforzó las filas estatales con una nueva secretaría, la de Financiación Territorial, y puso al frente a José Manuel López Carbajo, que ha sido la mano derecha de Ocaña.

Si bien a lo largo del último año se produjeron momentos de tensión, que por momentos amenazaron con provocar la ruptura entre el Gobierno central y la Generalitat, Ocaña y Castells han mantenido siempre una relación cordial, incluso cuando las posturas estaban más alejadas.

Ambos políticos, sobre todo Ocaña, llevaron las negociaciones con discreción, alejados de los focos públicos. Los medios sólo han narrado algunos pocos de los muchos encuentros entre Ocaña y Castells, que solían reunirse en reservados de restaurantes de Madrid y Barcelona, ciudad en la que Ocaña vivió un tiempo.

Los resultados son satisfactorios para ambos. Castells ha logrado un modelo de financiación que se acerca bastante al deseado y profundiza en el federalismo fiscal. Además, todo ello conseguido el mismo año que su Barça ha realizado la gesta de levantar la Liga, la Copa de Europa y la del Rey. Y Ocaña, por su parte, ha alcanzado lo que parecía imposible: aprobar un modelo sin ningún voto en contra y, además, con el entusiasmo de comunidades históricamente enfrentadas en temas de financiación autonómica como Cataluña o Extremadura.

Es cierto que ambas son socialistas, pero cuando se habla de dinero, ello importa poco y el fuego cruzado entre ambos Gobiernos ha sido una constante en los últimos quince años. Al final, el modelo se ha cerrado sin fisuras internas y con el silencio de la vieja guardia socialista, reacia desde el principio a la reforma del sistema autonómico.