Capitalidad

El nuevo rol económico de Barcelona

La ciudad gana la sede de la Secretaría de la Unión por el Mediterráneo, que decidirá sobre proyectos en los que invertir 10.000 millones del Banco Europeo de Inversiones.

Barcelona y su nuevo rol económico
Barcelona y su nuevo rol económico

Barcelona mueve ficha en el ámbito de la diplomacia internacional. La capital catalana quiere ampliar su peso político y económico no sólo entre sus vecinos europeos, sino también entre los países del Norte de África. La capital catalana acaba de ser elegida para albergar la Secretaría permanente de la Unión por el Mediterráneo (UPM), tras la fumata blanca alcanzada a finales de año por los ministros de exteriores de los 43 países de la ribera Mediterránea.

La tarea de la Secretaría será la de cooperar en proyectos como la lucha contra la contaminación del Mar Mediterráneo (una región que recibe 200 millones de turistas anuales), establecer políticas comunes para afrontar grandes catástrofes, naturales, el fomento de la energía solar o la mejora de las comunicaciones terrestres y marítimas. La capital catalana ganó la partida a ciudades como Marsella (Francia), que plantaba cara a Barcelona en su lucha para hacerse con el cuartel general de este organismo.

Aunque todavía están por concretar algunos detalles de organización, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, ya avanzó poco después de conocerse la selección que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) dispone de 10.000 millones para financiar los proyectos impulsados por la Unión por el Mediterráneo (UPM). El dinero también provendrá de fondos la Comisión Europea así como de entidades privadas.

La sede de la Secretaría para la Unión del Mediterráneo se ubicará en el Palacio de Pedralbes de Barcelona. El edificio, ubicado en la Avenida Diagonal de Barcelona fue concebido en un principio como residencia del conde Eusebi Güell, mecenas del artista Antoni Gaudí. El palacio fue donado por éste en 1919 al rey Alfonso XIII como lugar de descanso en sus visitas a Barcelona. El cambio de huéspedes conllevó una rehabilitación y ampliación del edificio, que fue reinaugurado como Palacio Real en 1924. En 1931, tras la proclamación de la Segunda República, pasó a manos del Ayuntamiento, que mantiene la titularidad y la de los jardines que lo rodean, aunque en 2004 cedió su uso a la Generalitat para recepciones y actos oficiales. De forma paralela, el edificio acoge desde hace años dos museos, los de Cerámica y el de Artes Decorativas.

Como sede del organismo, está previsto que el Museo de Pedralbes abra sus puertas antes de final de año, con un equipo de 50 funcionarios. Su labor será gestionar buena parte de las ayudas de los países de la ribera norte a los del sur. El puesto de secretario para la Unión todavía está vigente, aunque el diplomático jordano, Ahmad Masa'deh, es uno de los candidatos con más posibilidades. Masa'deh es embajador del Gobierno de Ammán en Bruselas y en la Unión Europea.

La llegada del nuevo organismo ha sido recibido de forma inmejorable por el alcalde de Barcelona, JordiHereu. En opinión, del jefe del consistorio barcelonés, ha resultado clave el trabajo conjunto entre diversas instituciones de la Ciudad Condal. "El ayuntamiento y todas las asociaciones barcelonesas se volcarán a fondo en el impulso de este proyecto, un viejo sueño que nació aquí y que ahora nos oficializando como la capital del Mediterráneo. Hereu también destacado la unidad institucional entre el Ayuntamiento, la Generalitat y el Gobierno central como factor "fundamental" para conseguir la sede. La designación de Barcelona ha sufrido diversos escollos, por lo que con su nombramiento se culmina un proceso que se remonta a hace más de una década.

Fue en noviembre de 1995 cuando los integrantes de la Unión Europea y representantes de una docena de países de la ribera sur del Mediterráneo empezaron a discutir el proyecto, que nace bajo el nombre de Proceso de Barcelona. Este proceso pretendía estrechar lazos y crear sinergias entre ambas orillas del Mediterráneo.

La ciudad creyó en impulsar este proceso, pero es difícil sentar a hablar y trazar políticas comunes entre países sin tener un lugar de reunión fijo. El Proceso de Barcelona fue perdiendo peso a medida que avanzaba el tiempo, pero la ciudad no ha estado hasta ahora totalmente borrada del panorama internacional, hasta que el proyecto se relanzó de nuevo en julio. La designación de la Ciudad Condal era un asunto prioritario para el Gobierno español y, especialmente, para el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. "España tiene peso e influencia en el espacio euromediterráneo, ya que si no lo tuviera Barcelona no sería la sede", apuntó tras conocer la noticia.

Junto a la elección de Barcelona como sede permanente, los jefes de la diplomacia mediterránea acordaron que el secretario general de la organización proceda de uno de los países del sur, con el objetivo de mantener un proyecto "equilibrado". Su nombramiento es una cuestión que se decidirá más adelante y sumandato abarcará entre dos o tres años. Además, habrá cinco secretarios adjuntos, de los cuales uno será israelí y otro palestino. Las tres otras plazas para Malta, Grecia e Italia.

La ciudad se postula para acoger un consejo europeo en 2010

La capital catalana tiene experiencia en organizar reuniones internacionales al más alto nivel. En el año 2005 Barcelona acogió la primera Cumbre Euromediterránea de Jefes de Estado y de Gobierno. Fue un encuentro sin precedentes para aunar esfuerzos entre los representantes de Europa y Norte de África, o lo que es lo mismo entre una y otra ribera del Mare Nostrum.

Ahora, todas las miradas están puestas en la próxima presidencia española de la UE, que tendrá lugar durante el primer semestre del año 2010. Desde diversos estamentos barceloneses ya se está reclamando que la ciudad tenga un protagonismo durante los meses que dure el mandato del Gobierno. De hecho, se espera que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero aproveche la presidencia de turno para celebrar en la Ciudad Condal alguna de las reuniones de más alto nivel que estén previstas en el calendario del Gobierno. En la anterior presidencia de turno de la Unión Europea, en 2002, el entonces ejecutivo de José María Aznar se decidió por traer a la capital catalana el grueso de reuniones del Consejo Europeo.

Otro de los puntos en los que también se está trabajando es en la posibilidad de volver a organizar en Barcelona una nueva cumbre de jefes de Estado de países euromediterráneos, similar a la organizada en 2005, aprovechando la presidencia española de la Unión Europea.