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A fondo

La UE y EE UU afilan sus garras frente a China

El G-2 está a punto de nacer, según algunos analistas, y a partir de entonces EE UU y China impondrán su agenda política y económica a todo el planeta.

El escenario bipolar en torno al Pacífico contrasta con el arranque mañana en Italia de una de las reuniones del G-8 más multitudinarias en los 34 años de historia del club. Y con el hecho de que en esa cumbre, a la que China acude como parte del llamado G-5, el gigante asiático parece llamado a chocar con Occidente en materias como la lucha contra el cambio climático o el tipo de cambio.

Los roces muestran que la hipótesis del G-2 parece incompatible con las divergencias entre EE UU y China en un mundo donde, junto a las batallas comerciales tradicionales, se libran otras mucho más sofisticadas en relación con los derechos humanos, el medio ambiente o la propiedad intelectual.

En todos esos terrenos, la Casa Blanca, en particular con Barack Obama como inquilino, es probable que encuentre muchos más aliados en las capitales europeas que en Pekín. La represión en marcha de la minoría iugur en la provincia china de Xinjiang, que ayer se cobró más de un centenar de muertos, indica también la dificultad de forjar una relación bilateral muy estrecha con una dictadura capitalista.

"La UE y EE UU tienen mucho más en común desde el punto de vista comercial y de inversiones que cualquiera de esos dos bloques con China", reconocen fuentes diplomáticas europeas. Bruselas y Washington, según esa tesis, sigue siendo el principal eje geoestratégico. Y aunque desde uno y otro lado del Atlántico se intenta estrechar lazos con Pekín, sobre todo, a nivel comercial, parece pronto para anunciar el nacimiento de un omnipotente G-2 chino-estadounidense.

"La posibilidad de esa alianza revive los temores de Europa a ser ninguneada", señala Francois Godement en un reciente análisis del European Council on Foreign Relations, un centro de estudios independiente. "Sin embargo", añade Godement, "nadie en la administración Obama ha utilizado todavía el término G-2 y rara vez se menciona en China".

En las últimas semanas, de hecho, si algún ge-dos ha dado señales de vida, es más bien el que podrían forjar Washington y Bruselas contra China.

Las dos capitales occidentales presentaron el 23 de junio una queja conjunta ante la Organización Mundial de Comercio contra el supuesto acaparamiento por parte de China de algunas materias primas. La comisaria europea de Comercio, Catherine Ashtom, acusó al país asiático de "distorsionar la competencia y aumentar los precios mundiales de las materias primas".

Ashtom se mostró dispuesta a negociar una solución amistosa con el Gobierno de Hu Jintao. Pero su departamento asegura que, si no se alcanza, llevarán el procedimiento hasta el final ante la OMC.

Y no es el único conflicto en ciernes. Bruselas también se declara sumamente inquieta por las restricciones que, a su juicio, está imponiendo China en su mercado de nuevas tecnologías.

Pero Pekín tampoco renuncia a acudir a Ginebra con sus propias quejas. En concreto, para protestar contra los aranceles que EE UU o Francia quieren imponer a las importaciones procedentes de países que no limitan a su industria la emisión de CO2.

Los choques comerciales van en aumento entre los países desarrollados y una potencia emergente con 1.300 millones de habitantes que, según se quejan algunos especialistas en comercio, "plantea cientos de obstáculos a la inversión en su propio mercado y desarrolla mecanismos proteccionistas para garantizarse el abastecimiento de ciertas materias primas".

Los roces también se producen fuera, porque los tentáculos chinos se extienden por lo que Europa y EE UU parecían asumir, hasta hace poco, como sus respectivos "patios traseros": África y América Latina.

Aliados

La tensión resulta inevitable y marca los límites a la posible relación bilateral entre Pekín y Washington. Y el Gobierno chino explora otras alternativas para reafirmar su presencia internacional.

Las recientes reuniones del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) o de la Organización para la Coopearación de Shangai (Rusia, China y cuatro países de Asia Central) han mostrado en las últimas semanas (en asuntos como Irán) que la voz de Occidente ya no es la única que se hace oír en la escena internacional. El propio G-8 que se reúne mañana se ha quedado obsoleto, según algunos de sus protagonistas, para el mundo multipolar que se perfila. Tras la crisis, es probable que el nuevo G-20, en el que España se ha abierto un hueco, asumirá la tarea de coordinar la respuesta mundial a los problemas globales. El G-2 puede esperar.

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