De viaje

Hvar, la isla de moda

Es tal vez la más hermosa entre las casi dos mil islas de Croacia y muchos la llaman ya la 'Saint-Tropez' del Adriático.

Hvar, la isla de moda
Hvar, la isla de moda

Apenas bajan del catamarán que les trae de Split o de Trogir, lo primero que muchos forasteros preguntan es dónde está Carpe diem (ya saben "caza al vuelo el instante", según el latino Horacio). Ahí mismito, donde acaban de echar pie a tierra, está la discoteca más famosa del Adriático, donde tal vez esa noche puedan ver con una copa en la mano a una princesa, a Bill Gates o a gente por el estilo, que anda fondeada en alguna cala discreta. El muelle está atestado de yates que parecen competir en lustre y metros de eslora. Hvar (pronúnciese juar) ha sido elegida por varias revistas y diarios americanos como una de las diez islas más bellas de Europa, y Croacia, como un destino de moda en el mundo para los próximos cinco años.

Desde luego, tiene todas las papeletas. El sol parece no cansarse de ella: la ronda unas 2.800 horas al año, y con ganas. La belleza de sus paisajes la convierte en arquetipo mediterráneo: montes cubiertos de pinos y carrascos, campos de lavanda pequeños y salvajes (la lavanda de Hvar es menos copiosa, pero más concentrada que la de Provenza, y uno de los emblemas de la isla), bancales con olivos y viñas (también el vino es un producto estrella), calas secretas y radiantes, sólo a veces colonizadas por una aldea de pescadores. Las bellezas naturales tienen correlación en la riqueza de edificios nobles, que se reparte por pueblos y, sobre todo, en la ciudad de Hvar.

Y es que esta isla oblonga, que no pequeña (unos ochenta kilómetros de largo por once en lo más ancho) soporta mucha historia en su espinazo. Ya en tiempo de las Cruzadas era una especie de estación de servicio para los caballeros armados. Luego pasó a manos de los venecianos, siendo una de las perlas de la República Serenísima; no dejaron que los turcos la consiguieran, por más que la atacaran. Más tarde, en tiempos del imperio austrohúngaro, fue una suerte de balneario para aristócratas, y precursora del turismo higiénico: como Madeira, era recetada por los médicos para enfermos de asma y con problemas en la piel o vías respiratorias. Luego formó parte de la Yugoslavia de Tito, y cuando ésta se desintegró, en la última guerra balcánica, aquí se enteraron del asunto porque no hubo ferry al continente durante dos meses.

Está claro que, al margen del bullicio veraniego, Hvar es un oasis de placidez. Apenas la habitan 11.000 vecinos repartidos en unos veinte pueblos (bien es verdad que en verano la cifra se multiplica). Muchos pueblos diminutos están semiabandonados, y algunos ciclistas, naturistas o simples chalados se ocupan de rehacerlos.

Stari Grad, que fue la antigua capital (los griegos la llamaron Pharos, de ahí la palabra Hvar), tiene un casco viejo interesante. El pueblito de Vrboska es una joya, lo llaman la pequeña Venecia (aunque sólo tenga un canal, eso sí, con muchos puentes de piedra). En Jelsa hay buenas bodegas, y el paisaje de viñedos y campos de lavanda que comparte con Stari Grad está protegido por la Unesco. Pero la mitad de los isleños está en Hvar, una miniciudad vigilada desde un cerro por la Fortizza o castillo español, con catedral, un par de conventos monumentales (el de franciscanos, con un pequeño museo de pintura), un Arsenal (o astillero) que está siendo restaurado, y en cuyo piso alto funciona uno de los teatros más antiguos de Europa (1612), y un casco urbano, en fin, amasado de casas góticas o renacentistas, o actuales, pero que parecen intemporales, por la piedra y la armonía, en callejuelas angostas plagadas de hoteles, restaurantes y bares de copas. El puerto, que se entromete en la plaza central, alarga sus muelles y el trajín de yates y veleros como tentáculos de un pulpo obediente a Horacio: carpe diem, no dejes escapar ni un solo momento, muchacho.

Guía para el viajero

Cómo ir

Una opción interesante para volar desde cualquier ciudad de España hasta Split, vía Budapest, es la que ofrece Malév (902 104786, www.malev.com); tiene vuelos, tanto de ida como de vuelta, los lunes, martes, viernes, sábados y domingos; precio desde Madrid: a partir de 227 euros ida/vuelta incluidas tasas y gastos de internet. Desde Split o Trogir (más cerca del aeropuerto) hay ferries y catamaranes de línea con mucha frecuencia (el trayecto dura entre una y dos horas, según el barco).

Alojamiento

Hotel Adriana (385 (0) 21 750200, en el paseo marítimo, www.suncanihvar) pertenece a The Leading Small Hotels of the World y ocupa un lugar privilegiado, frente al puerto y la catedral; ambiente cool, terraza y bar de moda y extraordinario spa.

Hotel Riva (385 (0)21 750100, www.suncanihvar.com) situado en el muelle donde atracan los ferries, ocupa un viejo edificio de piedra pero su ambiente es rabiosamente moderno, con la terraza más de moda de la isla ante la cual todos desfilan.

Amfora Hvar Grand Beach Resort (385 (0)21 750750, Majerovica bb, www.suncanihvar.com) en una caleta a escasos metros del puerto de Hvar, es un antiguo hotel balneario de grandes dimensiones, totalmente remodelado y puesto al día; spa Bonj Les Bains separado del hotel, junto al mar.

Más información: Turismo de Croacia, 917 815 514, www.visitcroacia.es.