En la alta estepa ibérica, primavera tarda
Cuando Antonio Machado ejercía como profesor de instituto en Soria, donde el Duero traza su curva de ballesta, el cambio climático dormía tranquilo en las mentes futuras de los meteorólogos. Pero el poeta ya había detectado que la fauna castellana no brotaba con la misma celeridad que la sevillana entre la que creció. "En la estepa / del alto Duero, Primavera tarda. / Primavera soriana, Primavera, / humilde como el sueño de un bendito", escribió en las rimas de Campos de Castilla, hace casi un siglo. Ahora, cuando la meteorología acerca el solsticio de verano, la actividad económica sigue sumida en un invierno longevo y crudo, en el que la gente busca brotes precursores de la primavera.
Por los excesos acumulados en el pasado, casi nadie apuesta por que sea la española una de las economías que alumbre la recuperación al resto, sino más bien lo contrario. El exceso de endeudamiento de los agentes privados, la sobredimensión de la oferta en construcción residencial y un descomunal crecimiento del crédito en la última década, presagian una primavera tardía, soriana, esteparia. Ninguno de los catorce indicadores que los expertos en Contabilidad Nacional utilizan como signos adelantados del comportamiento de la actividad ha brotado todavía, con la única excepción del empleo, artificiosamente generado con dinero público en obras de dudoso efecto multiplicador en la mayoría de los casos. Sin embargo, sí reverdecen algunos indicadores, más de confianza y sentimiento que de actividad real, en la costa asiática del Pacífico y en EE UU, que terminarán arrastrando al resto de las economías. No obstante, poner una fecha en el calendario para señalar el principio de la recuperación es un riesgo que nadie se atreve a correr, aunque la mayoría de expertos la sitúan entre el verano de 2009 y el de 2010.
El keynesianismo desbocado y generalizado ha comenzado a hacer efecto allí donde ha sido más activo, y donde la expansión monetaria ha seguido guiones más heterodoxos. Así, los países asiáticos que han empleado en invertir la situación el 5% del PIB, o EE UU, donde los estímulos llegaron al 2% de su riqueza, se han metido toneladas de dinero en recapitalizar la banca, el precio del dinero ha bajado a cero y se han aplicado programas agresivos de expansión monetaria cuantitativa, aprecian brotes verdes.
Como tales se pueden considerar los indicadores de actividad industrial en China y otros países asiáticos, la recuperación de las transacciones comerciales, que habían registrado tasas de caídas descomunales, o la tendencia alcista de los precios de determinadas materias primas industriales, como petróleo, zinc, cobre o níquel. Además, se ha recompuesto, en todo el mundo, la renta de los asalariados por los descensos de los precios de consumo y las bajadas de los tipos de interés de las deudas de empresas y particulares, aunque el temor al desempleo siga presionando en todas las sociedades del planeta.
Por último, tanto en EE UU como en Europa, a pesar de seguir ocultos 2 billones de dólares en activos tóxicos, las empresas comienzan a atisbar ya que la relajación de los mercados financieros ha llegado en parte al crédito, puesto que detectan cada vez menos dificultades para contratar con los bancos.
Todo ello ha tenido ya un primer reflejo en los mercados bursátiles, que incluso han recuperado niveles de precios que tienen poca justificación con los beneficios empresariales esperados. Es poco justificable, más allá del irracional comportamiento del mercado, que más de la mitad de las cotizadas en España esté en positivo en el año, o que el PER medio de las compañías que componen el índice Dow Jones esté en cotas desconocidas en los últimos cinco años.
En España, como en el resto de Europa, al contrario que en EE UU o Asia, y pese al riego del activismo fiscal, reverdecen pocas cosas. Sólo algún indicador de los utilizados por Estadística para determinar el devenir del PIB en los trimestres venideros muestra una cara amable, tras dos trimestres en los que el tono vital de las empresas, los consumidores, los trabajadores y los inversores estaba paralizado. Sólo las pernoctaciones turísticas de nativos repuntan en abril, mientras se hunden las de extranjeros, y sólo los indicadores de empleo empiezan a mejorar, aunque deba entenderse por tal cosa que el descenso interanual de la ocupación ya no es del 7%, sino del 6,7%, según la marcha de cotizantes a la Seguridad Social.
La contracción en la industria
Tanto las alertas industriales como las de actividad comercial minorista, pasando por las de la construcción residencial y civil, así como las de movilidad aérea, muestran una continuación en unos perfiles contractivos muy severos. Pero si los indicadores de consumo privado son pesimistas, con una aportación negativa al crecimiento del producto desconocida en las crisis recientes, los que tienen un pesimismo más explícito son los de la actividad industrial.
El que mejor resume el tono de la industria es el grado de utilización de la capacidad productiva, que ha descendido por debajo del 70% en este segundo trimestre, cuando hace menos de un año superaba el 80%. Es como tener paradas tres de cada diez instalaciones manufactureras, sólo porque la cartera de pedidos es un 60% inferior a la de hace un año, y sólo porque la demanda de bienes de uso duradero se ha desplomado. El verdadero riesgo está en saber qué parte de la capacidad industrial perdida ahora se recuperará, teniendo en cuenta la fuerte competencia industrial en el mundo, y la capacidad de reacción mucho más flexible de las economías emergentes, algunas de las cuales ya acarician valores positivos.
Si quieren ver los brotes verdes los primeros, miren a Canarias. En todas las crisis, es la región que antes encalla y antes sale a flote. Canarias ahora registra, como síntesis de su situación económica, un paro que supera el 26% de los activos, más incluso que los récords registrados históricamente por Andalucía y Extremadura. Sólo después de recuperarse el archipiélago podrán divisarse tallos tiernos en la península ibérica. En los campos de Castilla, como dejó escrito Machado hace cien años, hay que tener más paciencia: "En la estepa / del alto Duero, Primavera tarda. / ¡Pero es tan bella y dulce cuando llega! / ¿Tienen los viejos olmos / algunas hojas nuevas?".