Adaptación

Portland Valderrivas diseña un plan para generar energía en sus cementeras

En plena época de ajustes la cementera del grupo FCC, Cementos Portland Valderrivas, va a invertir en los dos próximos años en recortar las emisiones de CO2 de sus fábricas, adaptarlas al consumo de combustibles alternativos y en sondear las posibilidades para que generen energía a partir del calor de los hornos o utilizando las canteras y escombreras para instalar aerogeneradores y placas solares.

El mayor grupo cementero español, Cementos Portland, busca salir reforzado de la crisis a base de exprimir las posibilidades de sus activos y mejorar la sostenibilidad medioambiental de sus fábricas. Su consejero delegado, Dieter Kiefer, ha creado una dirección general de Medio Ambiente y ha sentado al frente de la misma a un peso pesado procedente de la Administración, José Ignacio Elorrieta.

El encargo con que parte este área es recortar las emisiones de CO2 a base de sustituir el consumo de combustibles fósiles por biomasa. Pero más allá de ese reto, Elorrieta se ha propuesto revolucionar el sector.

Tras pasar por la dirección general de Medio Ambiente de la Comunidad Foral de Navarra, trabajar en la Comunidad de Madrid o en los Ministerios de Sanidad yMedio Ambiente, una de las primeras iniciativas que impulsa ahora es la generación de electricidad a partir del calor generado en los hornos de las cementeras o instalando aerogeneradores y placas fotovoltaicas en las decenas de canteras y escombreras que posee el grupo.

"FCC [propietario de Portland] ha apostado de forma decidida por las renovables y podemos trabajar con su división de Energía", explica. Aún es pronto para calcular la potencia instalada que pueden albergar los terrenos de Portland, pero ya hay una declaración de intenciones y se está estudiando si resulta rentable: "Tenemos que ver el régimen de vientos y el grado de deposición de polvo en el caso de que inclinemos por placas solares", argumenta el nuevo directivo, "lo que ya he constatado es que muchas parcelas tienen buena orientación y que el polvo de las plantas es tan escaso que no impediría el correcto funcionamiento de las placas".

La electricidad obtenida iría al consumo propio de las instalaciones y el excedente se trataría de poner en la red. El plan incide en la necesidad de recortar costes tras el frenazo de la demanda. Y es que el 40% de cada euro que desembolsa una cementera en gastos variables se va en la factura de la luz, según cálculos de la empresa que controla Esther Koplowitz.

Mientras se intenta convertir las fábricas en pequeñas plantas eléctricas, Portland invertirá 30 millones a lo largo de los próximos dos años para que en ellas se puedan utilizar combustibles alternativos: desde basuras, restos de podas, serrines y harinas, hasta lodos de depuradora, en lugar del carbón y los derivados del petróleo. Con esta iniciativa dejaría de emitir a la atmósfera unas 300.000 toneladas de CO2 al año.

Hasta que ha estallado la crisis, las chimeneas han funcionado al 100% y es ahora, cuando ha caído el consumo por el parón de la construcción de viviendas, cuando se va a acometer la reconversión tecnológica.

Los centros de Vallcarca (Barcelona), Mataporquera (Cantabria), Hontoria (Palencia), Lemona (Vizcaya) y otros seis repartidos por EEUU, Argentina yUruguay ya se alimentan con combustibles alternativos,mientras otras tres (la madrileña El Alto, la sevillana de Alcalá de Guadaira y la barcelonesaMonjos) han pedido los permisos pertinentes.

En noviembre de 2008 Bruselas impulsó una nueva directiva sobre residuos llamada a restringir el uso de los vertederos para cualquier basura no tratada en beneficio de los hornos de la industria pesada. Además, el Plan Nacional Integrado de Residuos también apuesta por la valorización. "El entorno está cambiando y queremos estar preparados", concluye Elorrieta.

El reto es alcanzar el 30% de valorarización en 2012

En su batalla contra el CO2, Portland Valderrivas se ha dispuesto a utilizar materias primas más descarbonatadas que la caliza; investiga para reducir los ratios de clinker (producto intermedio en la obtención de cemento) en la elaboración de cada tonelada de cemento, sin mermar la calidad del producto, y sustituirá combustibles fósiles por alternativos.

La filial de FCC declara un 3% de sustitución del carbón y de derivados del petróleo, frente a una media del sector en España que supera ya el 6%. Una vez adaptados los hornos de sus ocho plantas en este país, la empresa prevé que alcanzará un 30% de valorización. Una tasa notable que aún estará muy por debajo del 80% que se da en Holanda o el 50% de Alemania. El 60% de las emisiones de las cementeras derivan del proceso de descarbonatación de la caliza, un paso ineludible para producir clinker. Según datos que maneja la patronal Oficemen las compañías del sector han invertido unos 600 millones en los últimos seis años para adaptar sus hornos a las exigencias en materia de eficiencia energética y medioambiental. Como resultado, el consumo de energía ha caído un 40%. A la vuelta de la esquina amenaza un nuevo esquema de reparto de derechos de emisión posterior al Protocolo de Kioto que contempla la pérdida gradual de asignaciones gratuitas hasta 2020.