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Viaje

Moscú, 'matrioshka' imposible

La capital rusa se atavió con un pasado imperial, se vistió de austeridad estalinista y se ha desnudado con la moda de la sociedad de consumo, conformando un espacio urbano único.

El traslado desde el aeropuerto de Seremetievo a la capital es la primera aproximación a la nueva sociedad rusa. Llegar al centro de Moscú a través de un denso tráfico exigirá unas dos horas para recorrer apenas 20 kilómetros. 'Ventajas del capitalismo', ironiza el taxista, que aprovecha el atasco para contar que Moscú es la ciudad del mundo que más Porsches Cayanne tiene y que es también en la que viven mayor número de billonarios; aunque la inmensa mayoría de los 10 millones de moscovitas no aparecen en la famosa lista de Forbes ni conducen coches de 50.000 euros. El sueldo medio ronda los 600 euros en la ciudad más cara del mundo, así que parecen preguntarse dónde están las ventajas de la sociedad de consumo.

En pleno corazón de la capital, en la Plaza Roja, Lenin parece inquirir lo mismo desde su mausoleo, donde reposa su cadáver momificado. Y la cuestión va dirigida a uno de los centros comerciales más lujosos del mundo, GUM. Paradojas de la historia, está ubicado justo frente al Kremlin. Sin embargo, para salir de dudas, al comentar con una joven qué queda de la Unión Soviética, ésta contestó sin dilación: 'Lenin es una momia'.

El interés de la ciudad late en otros rincones, más allá de la Plaza Bella (la otra acepción de la palabra rojo en ruso), más allá de la catedral de San Basilio, de las Puertas de Iberia o de la Resurrección, de la catedral de Nuestra Señora de Kazán, del Kremlin o del teatro Bolshoi o la galería nacional de arte Tretyakóv. Moscú es una ciudad desmedida y de perspectivas imposibles donde su agitada historia ha ido moldeando una ciudad descomunal.

El espacio se burla del peatón alejando distancias y obligándole a atravesar pasadizos subterráneos. En Moscú hay que atreverse e ir un poco más allá del trazado turístico céntrico y tomar el metro. Sorprenderá tanto o más que la propia tierra firme. El subsuelo moscovita retiene la memoria de la vida exterior. Fue una apuesta por la modernidad en plena era estalinista, una red de metro impoluta, decorada y denominada por Lenin como 'los palacios del pueblo'.

Algunas estaciones son verdaderos museos, como la de Ploshchad Revolyutsii, o Plaza de la Revolución, donde las esculturas rinden homenaje a los considerados como héroes anónimos que hicieron posible que los palacios imperiales fuesen sepultados y devueltos al pueblo.

El metro, con apariencia anacrónica, es el transporte más rápido y cómodo para moverse. Desde 2008 el ayuntamiento anunció que se proporcionarían ayudas en inglés que tradujeran la información en cirílico, pero hasta el momento no es así y es fácil perderse entre las distintas líneas a pesar de la perfecta simetría radial por la que discurren.

Pero el subsuelo moscovita también proporciona rincones privilegiados para conocer buena parte de su historia. Es el caso del cementerio del convento de Novodiévichi. Como ocurre en otras tantas ciudades monumentales europeas, los cementerios son una lección viva de historia donde yace la memoria.

En éste se encuentran los restos mortales de, por ejemplo, el anarquista Piotr Kropotkin, autor de la famosa proclama: 'Somos utopistas; tanto, que llegamos a creer que la revolución debe y puede garantizar a todos alojamiento, vestido y pan'.

Conviene recordar que Moscú es una ciudad intensa y hasta agotadora, en primavera y verano proporciona lugares de descanso donde pasear con tranquilidad. El parque Gorki o el inmenso parque Izmáilovski cumplen esta función.

Ciudad de fisonomía oriental

Para hacer justicia a la inmensa capital rusa deberemos buscar una panorámica de la ciudad en su conjunto. Desde el mirador de la Colina de los Gorriones y si es posible acceder a lo alto de los 240 metros de la Universidad de Moscú, se adivina una urbe de una fisonomía casi oriental, por las bóvedas doradas, que se esparce a ambas orillas del río Moscova, que dio nombre a la ciudad.

Así, parece tener cortes longitudinales perfectos en el trazado de sus grandes avenidas. Se atisbarán rascacielos, algunos de la era soviética, como el gigantesco hotel Moscú o la más moderna sede de la gasística Gazprom. Es este último fulgor el que está proporcionando a la capital rusa un poderoso magnetismo financiero.

Guía del viajero

Cómo ir. Iberia y Aeroflot tienen vuelos directos desde Madrid y Barcelona. Recientemente, Ryanair ha anunciado también vuelos regulares desde Gerona. Para entrar en el país es necesario visado de permanencia, que se puede tramitar en el Consulado General de Rusia en Madrid (914 112 957) o en Barcelona (932 800 220).

Alojamiento y comer. Debemos recordar que nos encontramos en la capital más cara de mundo. Pero existe amplia oferta hotelera acorde a todos los bolsillos. Los restaurantes ofrecen desde comida rápida en los aledaños de la Plaza Roja hasta alta cocina, como el reciente proyecto gastronómico de Robert de Niro en la capital. Toda la información sobre este punto está disponible en Turismo de Rusia (www.russia-travel.com).

Otras pistas. Rusia y su capital son eminentemente literarias. Conviene empaparse de toda la buena tradición literaria desde la gravedad de Tolstoi o Dostoievski hasta el humor de Gogol. Una guía casi literaria de Moscú es Autobiografía de Moscú, de Tatiana Pigariova, en la editorial Laertes.

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