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¿Rescatará el G-20 a la economía global?

Los expertos subrayan el éxito de la cumbre, pero avisan de que no habrá solución inmediata.

Cualquier cosa que fuese algo más que la nada absoluta ya es un éxito. Así de bajas eran las expectativas sobre la cumbre del G-20 celebrada el jueves en Londres. 'La gente ha valorado en positivo hasta el abrazo de Michelle Obama a la reina de Inglaterra', comentaba ayer un analista. 'No ha empeorado la situación y hemos ganado en tres o cuatro cosas... sí, se puede considerar la reunión como un éxito', valora José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

El G-20 es un ente plurinacional creado en 1999 para agrupar a los 20 países considerados más importantes para la economía mundial, incluidas las naciones más ricas y las emergentes que tienen un peso específico. España no está incluida en el G-20, pero en una maniobra política del Gobierno Zapatero, ha conseguido meterse en el grupo que decidirá el devenir del planeta en una época donde abundan los presagios oscuros. Cuando nadie espera nada más allá de buenas palabras del encuentro, los mandatarios acordaron un compromiso para desembolsar 1,1 billón de dólares (810.000 millones de euros) en un inédito esfuerzo global contra la crisis.

500.000 millones de dólares serán para aumentar los fondos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Otros 250.000 millones se emplearán en un incremento de los llamados Derechos Especiales de Giro (SDR), cuyo valor se acuerda de acuerdo con una cesta internacional de divisas y que son los activos reserva asignados a cada país miembro del FMI en función de las cuotas que aportan al fondo. Los SDR pueden ser empleados como activo de intercambio para obtener dinero en el mercado internacional. Por tanto, esta ampliación supone una inyección de liquidez en el mundo. El G-20 destinará 250.000 millones más para fomentar líneas de comercio exterior y, por último, 100.000 millones para dotar de liquidez a los bancos multilaterales de ayuda al desarrollo.

Karel Lannoo, director del think tank belga CEPS, resume el resultado del encuentro multilateral: 'El G-20 ha sido un éxito desde diferentes perspectivas: los líderes globales han conseguido acordar una serie de medidas detalladas contra la crisis internacional y para mejorar la regulación financiera. Los políticos han demostrado además al desencanto de la sociedad ante el profundo desgobierno del sector financiero. También han indicado que estos asuntos se pueden resolver en foro global, evitando la tradicional división Norte-Sur'.

Que nadie espere, eso sí, que el lunes por la mañana el panorama se haya despejado y la crisis pase a ser un mal recuerdo. 'Se ha dado un mensaje bastante homogéneo y de que se va a emplear mucho dinero y eso es bueno. Pero no se puede pensar que todo esto será rápido e inmediato. El año 2009 va a seguir su tónica y 2010 ya veremos', advierte Alberto Roldán, de Inverseguros.

Un asunto especialmente novedoso es que buena parte de este esfuerzo se va a centrar en auxiliar a los países en desarrollo y sacar del pozo de paso al Fondo Monetario Internacional (FMI), que corría un riesgo serio de convertirse en una suerte de mastodonte inoperante. Así, los fondos del FMI se triplican, y ahora pasarán de 250.000 a 750.000 millones de dólares. La agenda pactada por los líderes mundiales contempla además la posibilidad de ampliar este importe 'si fuese necesario'.

'Este acuerdo es lo más importante de la cumbre', opina José Carlos Díez. 'Estos países estaban en peligro de no poder hacer frente a sus obligaciones. Había un riesgo claro de que entre 25 y 30 naciones emergentes terminasen declarando una suspensión de pagos', expone el economista de Intermoney, que aporta unos datos reveladores: el flujo de capitales extranjeros hacia las economías emergentes era en 2007 de un billón de dólares; el año pasado cayó hasta 600.000 millones y las previsiones para este ejercicio son de 150.000 millones. 'No se evitará la recesión en esta zona, pero sí una depresión económica', resume Díez.

Apoyar a estas economías es clave, desde un punto de vista humano y estratégico. 'Por suerte, el mundo hoy está mucho más desacoplado que antaño. Muchos países emergentes aún crecen. Si todo dependiese tanto de EE UU como antes, Europa estaría sufriendo ahora una crisis mucho más severa', apunta Parag Khanna, experto en política exterior de New America Foundation.

La marea proteccionista

Hace poco, el presidente de un Gobierno europeo señaló en corrillo con periodistas que le daba 'igual' lo que dijese la UE, porque quienes le iban a votar eran los ciudadanos de su país, no los eurodiputados o la Comisión. La tentación del nacionalismo en tiempos duros está muy presente. Parag Khanna señala, de hecho, que 17 países del G-20 ya han adoptado medidas proteccionistas. Por eso, los líderes políticos se conjuraron para evitar males mayores y destinarán 250.000 millones para impulsar líneas de crédito a la exportación, que desatasquen el comercio internacional.

'Es una noticia positiva que incidirá en todas las empresas con exposición exterior y los países exportadores, como son todos los emergentes, pero también otros como Japón y Alemania', expone Natalia Aguirre, de Renta 4.

La otra línea de acción es la de reforzar la supervisión del mercado financiero. La laxitud en la regulación que dominó los últimos años ha degenerado en una escabechina económica de alcance mundial. Los gobiernos anunciaron la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera (Financial Stability Board). El objetivo de este paraguas regulador supranacional es integrar el intercambio de información y vigilancia del otrora idolatrado y ahora denostado sector financiero. La organización internacional de supervisores de los mercados de valores, Iosco, ha celebrado la decisión. Ahora, la cuestión es si todo esto servirá para salvar al mundo. La respuesta a la pregunta no será inmediata, sino que llevará tiempo. El ínterin, los líderes globales no pueden permitirse bajar los brazos ante la magnitud de la crisis.