Mercados

La deuda pública, bajo el síndrome de otra burbuja

Los expertos creen que podría sufrir una corrección, pero muy suave.

La aversión al riesgo de los inversores ha colocado a los bonos gubernamentales como uno de los pocos activos en los que están dispuestos a arriesgar su dinero. Una situación que condujo las rentabilidades de estos títulos, que se mueven en sentido inverso al precio, a mínimos históricos a finales del pasado año. Pero, ¿está justificada esta fiebre por acaparar papel del Estado o podríamos estar ante una nueva burbuja a punto de estallar? Frente a los más catastrofistas, que vaticinan que los precios de los bonos están inflados y no tardarán en pinchar, la mayoría de los expertos considera que esta opción es exagerada.

'Desde la caída de Lehman a mediados de septiembre se produjo una huida hacia la calidad; los inversores sólo querían comprar deuda pública. Pero, aunque el mercado aún está caro, es desmesurado hablar de burbuja', comenta Daniel Rubio, presidente de Capital Strategies. Fernando Ázcarate, jefe de gestión de renta fija de Ahorro Corporación, coincide en que no se han dado los ingredientes de otras sobrevaloraciones, como la inmobiliaria o la tecnológica, ya que las compras en deuda no han estado respaldadas por un movimiento especulativo sino por el complicado entorno macroeconómico y la crisis del crédito.

En general, los economistas consideran que se puede producir una corrección, sobre todo en los plazos más largos, pero ésta será suave. En opinión de José Luis Martínez, estratega de Citi en España, 'aunque los tipos de interés son muy bajos desde una perspectiva histórica, la situación actual de incertidumbres y la realidad de ajuste económico/inflación obliga a ser muy cauto. Es más: los tipos de interés, tanto oficiales como los de deuda pública, tienen que mantenerse bajos para facilitar que el ajuste económico y de los mercados sea ordenado'.

De momento, el mercado ha dado una vez más una muestra de extrema volatilidad. Tras comenzar el año con un fuerte ajuste -la deuda americana a diez años ha vivido el arranque de ejercicio con la mayor caída en 28 años al pasar de cotizar en diciembre en el 2,21% a alcanzar el 6 de febrero el 2,99%-, el pánico ha vuelto a encontrar su refugio en los activos de deuda pública. El viernes, la rentabilidad del bono de EE UU se situaba en el 2,891%, gracias a la desbandada de la renta variable provocada por las dudas suscitadas por el plan de rescate bancario de la administración de Barack Obama.

El rendimiento del bono español, por su parte, comenzó enero en el 3,81% y saltó hasta el 4,5% a principios de febrero. Ahora está en el 4,276%. El alemán se paga al 3,107%. En el caso del español, los ahorradores exigen una prima de riesgo más elevada, después de que Standard & Poor's recortara el rating y Moody's situara a España entre los países más vulnerables en esta crisis. De hecho, los credit default swaps (seguro de impago) de la deuda soberana de los países periféricos se han disparado en la última semana.

Para Antonio Villarroya, jefe de estrategia global de tipos de interés de Merrill Lynch, existen factores que justifican que los precios de la deuda estén caros y, como consecuencia, las rentabilidades bajas. 'En el actual entorno, los tipos deberían estar incluso más bajos. Se espera un crecimiento nominal negativo en EE UU del 1,7% para el próximo año. Los bonos, además, ahora ya no descuentan un escenario de deflación de ocho o nueve años, sino que prevén que los precios vuelvan a aumentar a partir de 2010'. Este economista señala que otro aspecto que impulsaría aún más la deuda pública es si la Fed decide comprar bonos, una opción que la autoridad monetaria al parecer baraja.

José Luis Martínez apunta que en los actuales bajos tipos de interés ha influido la repatriación de capitales que se ha producido desde los mercados emergentes.

Riesgos

Como elementos de riesgo para un desplome de los precios de la deuda, los analistas apuntan la posibilidad de que los grandes tenedores de bonos, sobre todo los bancos centrales que atesoran en sus arcas miles de millones en papel de los Gobiernos, decidan reducir de golpe el peso de estos activos.

También el esperado incremento de la oferta -los Estados aumentarán a niveles récord sus volúmenes de emisiones de deuda para contar con suficientes cartuchos durante la actual crisis- podría tirar los precios de los bonos a la baja si no existe la suficiente demanda.

Las expectativas de deflación se alejan

El escenario de un periodo largo de deflación que descontaban los mercados de bonos hasta hace unas semanas ha cambiado, según los expertos. 'Los tipos a largo plazo subirán algo no sólo para corregir los excesos del año pasado, sino para adaptarse a inflaciones futuras más altas que las actuales', afirma Fernando Ázcarate.

Para la gestora Western Asset, 'aunque la caída en picado del precio del petróleo puede dar lugar a una deflación a corto plazo, las enormes medidas de estímulo monetario puestas en marcha por la Reserva Federal deberían ser suficientes para impedir una deflación prolongada'. Añaden que, de hecho, el mercado podría estar infraestimando la inflación a lo largo de los próximos cinco o diez años.

Por ello, aseguran que los bonos vinculados a la evolución de los precios podrían ser una buena inversión a largo plazo en estos momentos.

Pero al margen de la duración de esta etapa de deflación, los expertos opinan que la sostenibilidad de la demanda de bonos del Estado dependerá al final de la gravedad de la crisis. 'La corrección se está produciendo lentamente y espero que todo el mundo mantenga el rigor presupuestario. En caso contrario, el siguiente vuelo hacia la calidad será el oro', explica Daniel Rubio.

Este economista señala que, de momento, en lo que va de año se ha comenzado a detectar que los inversores institucionales, sobre todo fondos de inversión y de pensiones, ya no demandan en exclusiva títulos de deuda pública sino que están empezando a incluir en sus carteras también bonos corporativos.