Producción

Los recortes de la siderurgia impactan en la carboquímica

Los recortes de producción de los grandes grupos del acero y el aluminio van a mermar la capacidad de la industria carboquímica, al reducir un 30% la disponibilidad de alquitrán, su principal materia prima.

La brusca caída de la demanda registrada en la última mitad del año de materias como el acero o el aluminio y los consiguientes recortes de producción decididos por los grandes grupos siderúrgicos para evitar un exceso de oferta y contener el desplome de precios van a comenzar a pasar factura a otros sectores.

Uno de los más afectados va a ser el de la industria carboquímica, que se dedica, principalmente, al destilado del alquitrán para conseguir productos como brea, naftalinas o aceites técnicos. El sector se ve atrapado tanto por el lado de proveedores como por el de los clientes.

En el primer caso, porque los mayores suministradores del alquitrán, la materia prima más significativa de la carboquímica, son los productores de acero. La reducción en la capacidad de producción adoptada por los principales grupos siderúrgicos, entre ellos los tres grandes que controlan el 20% del mercado mundial (ArcelorMittal, Nippon Steel y JFE Steel), está provocando que la oferta de esta materia caiga sensiblemente. Expertos del sector estiman que la disponibilidad del alquitrán se reducirá alrededor de un 30%.

Una situación que ya ha acelerado algún cierre, en una industria en fase de consolidación. Así, el pasado mes de diciembre, la polaca Blachownia, que destilaba unas 180.000 toneladas anuales, cesó su actividad pese a estar ubicada en el país con mayor producción de alquitrán de la UE, con cerca de 480.000 toneladas.

Por el lado de los clientes, la crisis también comienza a tener sus consecuencias para la carboquímica. La brea, su principal producto, tiene como mayores destinatarios a los fabricantes de aluminio (consumen la materia en forma de ánodos para producir el metal) y a los de acero (que la usan en forma de electrodos de grafito en los hornos eléctricos). Es decir, dos sectores donde la demanda está cayendo.

Algo similar está ocurriendo con el resto de productos de la carboquímica, como aditivos para neumáticos o materiales de construcción, afectados por una reducción de la demanda y de los márgenes, ya que tienen como clientes a dos de las industrias que están sufriendo de manera más severa la crisis internacional (el del automóvil y la construcción).

En España, la actividad de la carboquímica se concentra en dos empresas, Química del Nalón (IQN) y Bilbaína de Alquitranes (BASA), que dependen en más de un 50% de ArcelorMittal para sus aprovisionamientos, así como del gigante del aluminio Alcoa y de productores nacionales de grafito (entre un 40% y un 60%).

Según las fuentes consultadas, la reducción de producción de un 35% decidida por ArcelorMittal podría recortar las fuentes de suministro para IQN en unas 60.000 toneladas. La empresa controlada por el Grupo Orejas destila unas 190.000 toneladas anuales.

BASA, con una mayor dependencia de grupo siderúrgico que preside Lakshmi Mittal, puede sufrir un impacto negativo mayor a lo largo de este año. Con unos niveles de actividad de 100.000 toneladas, su capacidad de destilación puede caer hasta un 40%.

En ocho países de la UE

El volumen de negocio del sector de la carboquímica en la Unión Europea rondó los 2.000 millones de euros el año pasado. Esta industria, un subsector de la de química básica, cuenta con actividad en ocho países de la UE, entre los que se encuentran España, Alemania o Dinamarca.

Posible recuperación del precio del acero

Los analistas creen que el precio del acero podría recuperarse ligeramente en los próximos meses. La razón: las existencias almacenadas de productos siderúrgicos se están agotando y la demanda tendrá repuntar para reponerlas. El pasado mes de octubre, los traders alemanes Coutinho y Ferrostaal apuntaron que había unos tres millones de toneladas de derivados del acero almacenados en Oriente Medio y la zona del Mar Negro. En la actualidad, estas cifras son inferiores a los 500.000 toneladas, según un industrial que opera en Estambul, informa Reuters.

La realidad es que la caída de precios del acero se ha contenido, después de que los grandes fabricantes siderúrgicos hayan recortado su producción conjunta en unos 90 millones de toneladas en los últimos cuatro meses.

Así, el precio de la palanquilla (un semiacabado usado, sobre todo, en la construcción) ya ronda los 400 dólares por tonelada en el mercado del Mar Negro, después de haber marcado un mínimo de 350 dólares en octubre. En junio del año pasado, los precios superaban los 1.200 dólares por tonelada. En Europa, la bobina laminada en caliente ya vale 450 euros por tonelada frente a los 400 euros del último trimestre.

En el sector del aluminio, sin embargo, las cosas no parecen seguir la misma tónica. La semana pasada, el precio del metal marcó su mínimo desde octubre de 2002 en el Mercado de Metales de Londres (LME), al llegar a los 1.316,5 dólares por tonelada a lo largo del viernes, si bien finalmente cerró la jornada en los 1.342 dólares. Mientras, el nivel de los inventarios en el LME se disparó hasta una cifra récord de casi 2,7 millones de toneladas. Y ello, pese a los recortes de producción de Alcoa (18%), Alcan (11%) y Rusal (7%).