Diario de a bordo

La realidad no cabe en el traje de gala alcista

Las caídas regresan con el retorno del volumen.

Corría el año 1909 cuando el rey de Inglaterra Eduardo VII (que por cierto moriría al año siguiente) tuvo que hacer un viaje oficial a Alemania, en concreto a Brandeburg. Tras el largo viaje el tren llegó a la estación de ferrocarril local y en cuanto los vagones cesaron en su movimiento la banda del ejército germano que estaba esperándole en el andén para hacerle los honores empezaron a interpretar con gran solemnidad el himno inglés 'Dios salve al rey'. Lo malo es que terminaron de tocarlo al completo y el bueno de Eduardo aún no había salido del tren, por lo que el oficial al frente de la banda ordenó empezar de nuevo la interpretación.

Cuentan las crónicas que sólo cuando llevaban unas 20 veces el himno completo Eduardo VII bajó del tren. Al parecer, todo se debió a que no le cabía el uniforme de gala que intentó ponerse desde bastante antes de bajar a la estación.

Estas navidades a las Bolsas les ha pasado un poco esto. Hemos tenido subidas fuertes pero en jornadas con volumen muy bajo. Se ha celebrado demasiado que podríamos tener un buen rebote, pero en realidad el mercado se daba cuenta de que con el desastre macroeconómico y de resultados empresariales aún no cabía en el traje de gala alcista. En cuanto ha vuelto el volumen, las bajadas han sido en algunos días de nuevo agresivas.

Me ha gustado mucho una frase de Chris Tinker pues creo sinceramente que define muy bien la situación en que nos encontramos: 'Este es un entorno de trading, no de inversión'. Este rebote ha venido, y podría seguir en su momento, contra la lógica. Y si no vean estas cifras que da hoy Bloomberg: las compañías del Euro Stoxx 600 que han dado resultados desde el pasado 21 de noviembre, en que se inició el rebote de las Bolsas, han dado una media de bajada de beneficio del 75% y en un 92% han dado los resultados peor de lo esperado. Se celebra esta lluvia de pérdidas con alzas.

Pero un rebote no va con la lógica sino con otras fuerzas de mercado que también cuentan. En este repunte no entró el dinero de las manos fuertes. Según cálculos de Charles Biderman, que es el mayor experto mundial en cálculos de liquidez, las compras corporativas de todo el mes de diciembre ascienden a un nivel de 3.600 millones dólares, el peor en 10 años. Las recompras de acciones propias, que mantuvieron a las Bolsas al alza durante años, son inexistentes ahora. En todo diciembre las recompras han sido de menos de 16.000 millones de dólares. ¿Y eso es mucho o poco? Pues es ridículo, baste decirles que supone una bajada del 90% respecto al nivel del año pasado.

La mayor crisis financiera de la historia desde 1929 merece que seamos muy prudentes. La hipótesis optimista podría ser algún lateral de meses, incluso con llegadas alcistas del S&P 500 a la zona del retroceso de Fibonacci del 38,2% de la caída anterior, que anda algo por encima de 1.000.

Si se produce el rebote, será de nuevo con los datos macroeconómicos en contra y, lo que es seguramente peor, con una temporada de resultados empresariales que amenaza con no ser precisamente buena. La hipótesis pesimista sería la de intentar atacar los mínimos de noviembre. En medio de las dos, existe toda una gama de tonos grises. A corto plazo el soporte clave está en el entorno de los 860-870 puntos del S&P 500.

Vigilar la directriz alcista

El selectivo consiguió perforar el nivel de los 9.800 puntos, resistencia a corto donde se situaba la directriz bajista a medio/largo plazo, que le ha hecho retroceder posiciones esta semana. Su situación actual, justo sobre la directriz alcista a corto, nos hace temer por la continuación de retrocesos en caso de que la cancele.