A Fondo

La 'Y vasca', clave para el futuro de Euskadi

Vertebrar el País Vasco ha sido uno de los objetivos planteados en Euskadi desde hace más de treinta años, cuando se comenzaron a articular los mecanismos que permitieron la constitución del Gobierno vasco y la recuperación, por parte de las Diputaciones de Guipúzcoa y Vizcaya, de su capacidad en materia tributaria. En esta estrategia, aplicada desde entonces y sólo consolidada en parte, la construcción de la Y vasca, el enlace ferroviario en alta velocidad entre Bilbao, San Sebastián y Vitoria, ha ocupado uno de los lugares preferentes, a pesar de las amenazas de ETA, materializadas en su mayor crudeza con el asesinato el pasado miércoles de Inaxio Uria, accionista de Altuna y Uria, una de las empresas encargadas de su construcción.

En el caso de la Y vasca, la vertebración de Euskadi cobra mayor dimensión. Ese tramo forma parte de una red de alta velocidad ferroviaria que, partiendo de Lisboa, cruza en diagonal la Península y enlaza con Europa a través de Irún (Guipúzcoa). Este enlace por tren permitirá en los próximos años una mejor conexión entre diferentes capitales españolas, entre estas con Madrid, y de todas con Europa. Perder este tren no entra en los cálculos de las instituciones vascas, que han apostado por un enlace ferroviario que supondrá una inversión en la Comunidad Autónoma Vasca superior a los 4.200 millones de euros. Lo contrario supondrá quedarse aislado en esta zona del Cantábrico, frente al mar. Y otras comunidades ya cuentan con corredores de alta velocidad. Ahí están las rutas que desde Madrid parten a diario hacia Sevilla, Barcelona, Zaragoza y Valladolid. Las tres últimas entraron en actividad este año. Y su competitividad logística se demuestra porque han restado al avión millones de pasajeros en esos tránsitos.

La apuesta del Ministerio de Fomento, del Gobierno vasco y de las Diputaciones de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, no admite más órdagos que los puramente legales. Jugadas macabras como las de ETA y su entorno no debieran interferir en una obra que, aceptando que puede ser cuestionada, como todas, genera riqueza y mano de obra intensiva durante su construcción. Además, tendrá un rendimiento de oportunidad a futuro al estar conectada por su conexión por ferrocarril con el resto de las principales vías de comunicación.

El envite de sus promotores es de calado y su puesta en marcha dinamiza a varios sectores que, en estos tiempos de crisis, ven en la obra pública un refugio para aguantar el vendaval. La Y vasca se ha demostrado como un reclamo para las principales constructoras españolas (Ferrovial, FCC y Acciona, entre otras), en UTE con firmas vascas como Altuna y Uria, que han acudido en masa para diversificar unos ingresos en los que el negocio inmobiliario ha tenido un gran peso. Hasta ahora, 35 grupos del sector participan en las obras, que a su vez subcontratan como apoyo a su actividad a miles de proveedores.

Es un negocio muy atractivo. Según los cálculos de los promotores de esta red, cada kilómetro de vía cuesta 13,8 millones de euros.

La apuesta por esta infraestructura es doble. Por encima de sus vías viajarán tanto personas como mercancías. La vía ferroviaria está proyectada para servir de oxigenación a las carreteras de Euskadi, entre otras, que soportan un intenso tráfico de camiones al ser una de las comunidades autónomas que, junto con Cataluña, enlazan por la red viaria con Europa. En concreto, ese tren supondría restar un tráfico diario de 1.300 camiones de las carreteras vascas. Y es que, hasta ahora, la logística del 80% de las mercancías que cruzan la comunidad autónoma se concentra en las redes viarias, con las consiguiente congestión de tráfico y alta siniestralidad.

En un momento en que el paro está disparado, las obras de la Y vasca son intensivas en empleo. Durante su construcción, tendrá ocupados a más de seis mil operarios, y durante todo un lustro. Y hay que sumar la actividad inducida, que beneficiará a otras tres mil personas. Casi todos los gremios relacionados con la construcción, que ahora están en crisis por la caída del mercado de viviendas, se beneficiarán asimismo del tajo de la Y vasca.

Fuera del ámbito laboral, las cifras macro económicas también avalan a este proyecto. Cada año de obras, que se estirarán hasta 2013, aumentará un 1,3% el PIB de la Comunidad Autónoma Vasca. Traducido a dinero, ese porcentaje supone unos ingresos de 970 millones para las instituciones y las empresas.