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De estrellas del sector financiero a empleados del Gobierno

Austeridad y prudencia, nuevas definiciones para la banca tras los rescates financieros.

El elevado número de rescates financieros que se han llevado a cabo en las últimos tiempos debido a las dificultades económicas que se están viviendo en el sector bancario harán que muchos políticos comiencen a sentarse en los consejos de administración de algunas entidades financieras.

Esta nueva situación, con los Estados de varios países interviniendo en un sector que se ha movido siempre con plena libertad, inquieta a más de uno. ¿Aprenderán los banqueros a trabajar como funcionarios del Gobierno? 'Los políticos quieren hacer política y los banqueros ganar dinero, esto seguirá siendo igual a pesar de la situación actual', asegura Diego Vicente, profesor de liderazgo de IE Business School.

Sin embargo, y ya lo han asegurado algunos gobiernos, mientras éstos tengan un pie dentro de las entidades financieras habrá cosas que, inevitablemente, tendrán que cambiar. En Reino Unido, por ejemplo, donde Royal Bank of Scotland, HBOS y Lloyds TSB se han visto afectados por un plan de rescate por parte del Estado, las entidades deberán, a cambio, reducir las indemnizaciones y el sistema de bonus con el que pagan a sus empleados.

Algunos expertos creen que para el sector financiero se avecinan nuevas reglas de juego y que para que la moderación y la prudencia puedan comenzar a formar parte de este modelo de negocio, sus cerebros tendrán que cambiar. Y con la presencia del Gobierno en los consejos de administración de los bancos, a algunos no les quedará más remedio que hacerlo. Ha sido el caso de Axel Miller, ex consejero delegado del banco francobelga Dexia, quien se ha visto obligado a renunciar a una indemnización de más de 3 millones de euros, después de que Francia, Bélgica y Luxemburgo aportaran un total de 6.376 millones de euros para el rescate de la entidad.

Hasta que se produzca una asimilación de esta nueva situación empresarial, en la que muchos sueldos no serán lo que hasta entonces y la austeridad y la sobriedad se impondrán, en muchos casos, en un sector que pocas veces se ha mirado el bolsillo, los ejecutivos de las finanzas deberán pasar por diversas fases. 'En un cambio como éste la primera etapa será de inmovilización, seguida por otra de negación. A la gente no le va a gustar esa mezcla de poderes que va a darse en muchas entidades', destaca Diego Vicente.

La negociación, que viene después, es una de las partes más importantes del proceso. A partir de este momento, Vicente asegura que se pueden dar tres situaciones negativas: angustia, tristeza (por la sensación de pérdida de capacidad de maniobra) y depresión, antes de que se produzca la asimilación.

La mayoría de los expertos defienden la libertad de actuación del personal de la banca frente a un control excesivo del Gobierno. 'Las ventajas no vendrán tanto porque los políticos se sienten en los consejos de administración como por una mejor regulación, sobre todo en los productos de mayor riesgo', señala Jordi Fabregat, profesor del departamento de control y dirección financiera de Esade. 'Si los políticos tuviesen que conceder los créditos sería un desastre. La función del banco es arriesgarse para ayudar a las empresas y así crear riqueza; es su actividad y no se puede cortar', añade.

Las huellas de los Estados

Son muchos los que piensan que el sector de la banca ha vivido siempre en una cultura empresarial basada en los excesos y que algo tendrá que cambiar a partir de ahora. ¿Se acabarán los sueldos de escándalo y un modelo empresarial basado en el riesgo?

Otros no opinan de la misma manera y aseguran que al paso de los Gobiernos, cuando la situación económica internacional se normalice y los políticos y financieros vuelvan a sus quehaceres habituales, pocas serán las huellas que quedarán de aquellas intervenciones estatales.

'Cuando el Estado se vaya habrá una mayor aversión al riesgo y los préstamos se harán con más cuidado, al menos durante unos años', comenta Jordi Fabregat, profesor de Esade.