Diario de a bordo

De vuelta a la cruda recesión

Se agota el efecto de los planes de rescate.

En una ocasión regalaron a Victor Hugo un perro, un caniche. El perro le tenía mucho afecto a su nuevo dueño que, sin embargo, por la vida tan disoluta que solía llevar se dio pronto cuenta de que no le era posible cuidarlo y prefirió regalarlo. Al final encontró el candidato ideal en el marqués de Faletans, que trabajaba en la embajada francesa en la capital rusa.

Al cabo de algún tiempo, Victor Hugo recibió una carta en la que el marqués le decía entristecido que a los pocos días de llegar a Moscú el perro había aprovechado la primera ocasión en que se encontró sin vigilancia para escapar. El caso es que unas semanas después, Victor Hugo oyó tras la puerta de su casa de París unos débiles ladridos ... A la mañana siguiente escribía al marqués diciendo que el perro había vuelto y que se lo quedaba. El animal había hecho la proeza de orientarse en solitario desde Moscú a París, recorriendo la friolera de dos mil kilómetros, en un asombroso caso de instinto entre los animales que no es el único.

Esta semana, cuando parecía intentaban recuperarse, las Bolsas han sufrido lo suyo porque un caniche bursátil llamado malos datos macro, que algunos inversores habían olvidado, ha recorrido durante estos meses un largo camino para llamar a la puerta de Wall Street y recordarnos que ahí está.

Es arriesgado apostar por un rebote, que está muy lejos de ser el definitivo

Los planes de rescate de los gobiernos han evitado la quiebra del sistema financiero y han eludido posiblemente lo peor, pero ahora tendremos que lidiar con los efectos secundarios en forma de unas economías con problemas serios.

Eso han indicado durante toda la semana las cifras macro, que habíamos aparcado durante una temporada centrados en las medidas de auxilio a los mercados. La buena noticia de la semana ha sido el hecho de que el interbancario, que sigue siendo la clave de todo, ha bajado claramente, aunque aún muy lejos de descongelarse.

El problema en tendencias bajistas mayores como ésta, es que la volatilidad se dispara y es mejor olvidarse de todo, pues los bandazos, rebotes y contrarrebotes son tan profundos y violentos, que cualquiera puede perder una fortuna en cuestión de pocos minutos. Sólo los inversores que manejen con destreza derivados como las opciones podrían intentarlo.

En el gráfico de arriba con el Dow Jones en la crisis de 1929, hay un ejemplo de tendencia bajista mayor como es el caso de la actual. He contabilizado hasta ocho rebotes importantes en toda la caída, y eso que no he contado otros menores. Claro, en cada uno de esos ocho rebotes siempre pensarían los inversores de la época si era el bueno. Y el que se arriesgara sufrió graves pérdidas. Ahora puede ser lo mismo.

¿Cual fue el bueno en el 29, el que ponía suelo final? Pues evidentemente cuando se rompieron las directrices bajistas. Cuando eso sucede se pierde un tramo muy grande de subida, pero poco se puede hacer, ya que asumir el riesgo es demasiado peligroso, pues a veces las tendencias bajistas pueden ser demoledoras, como la del gráfico que nos ocupa, y si no vean la cotización donde se inició la caída, y hasta donde llegó. Hasta mediados de los años cincuenta no se vieron rotos aquellos máximos de los años veinte.