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Esperando una oportunidad

El Nikkei ha perdido los 13.000 puntos y podría caer hasta niveles entre 10.000 y 12.000

Especulábamos el pasado mes de febrero con la posibilidad de que si las caídas de los índices bursátiles japoneses continuaran durante 2008 podríamos llegar a un punto de valoraciones realmente atractivas, con un horizonte de inversión de medio plazo.

Curiosamente, la renta variable japonesa fue una de las que mejor comportamiento relativo tuvo entre todas las Bolsas de mercados desarrollados durante el primer semestre, gracias a una primavera de rebotes en sus principales índices.

Sin embargo, desde mediados de junio las caídas han vuelto a hacer acto de presencia hasta perforar hace unos pocos días el índice de referencia de grandes compañías, el Nikkei 225, el psicológico nivel de los 13.000 puntos. Este registro ya había sido perforado a finales de enero y sitúa a este índice ante la posibilidad de retroceder hasta niveles de entre 10.000 y 12.000 puntos, rango en el que se movió durante buena parte de la resaca post-puntocom.

En realidad el panorama para los principales índices bursátiles globales sigue siendo sombrío y la probabilidad de que suframos caídas adicionales elevada. La situación macroeconómica en Estados Unidos y Europa sigue empeorando, lo que para una economía con un componente exportador tan marcado como la japonesa, hace difícil pensar que pueda escapar a la tendencia, por mucho que las valoraciones de algunas compañías puedan ser muy atractivas.

Una cuestión importante a considerar es hasta dónde puede llegar la caída del Nikkei, punto en el que potencialmente el riesgo a la baja sería limitado y las perspectivas de revalorizaciones muy interesantes. El mercado bursátil japonés es conocido precisamente por la gran dificultad y poca fiabilidad de las previsiones que se hacen sobre el mismo, hasta el punto de haberse ganado, probablemente de forma merecida, la etiqueta de errático e impredecible. Apunto más arriba que el rango amplio de los 10.000 a los 12.000 puntos parece razonable aunque en el caso de que las previsiones macroeconómicas más pesimistas se cumplieran no se puede descartar que en algún momento puntual se alcanzaran niveles inferiores. El abismo de los 8.000 puntos, suelo alcanzado a mediados del año 2003, parece muy poco probable en estos momentos.

Algunos inversores se estarán preguntando hasta que punto puede merecer la pena entrar en un mercado con tantos riesgos y tan poco predecible. De hecho, algunos analistas, a pesar de que la economía japonesa sigue siendo la segunda del mundo, sólo por detrás de los Estados Unidos, consideran a este mercado con características más propias de un país emergente que de un país desarrollado. Pues bien, las posibilidades de elevadas ganancias es lo que siempre debe compensar un mayor riesgo y el potencial japonés es claro.

Para ello es conveniente proporcionar un poco de perspectiva. El índice Nikkei llegó a coquetear con los 40.000 puntos a finales de los años ochenta y desde entonces (han pasado 18 años) nunca ha llegado ni de cerca de ese nivel.

Durante lo más alto de la burbuja de internet de finales de los noventa apenas superó los 20.000 puntos y durante el siguiente ciclo alcista apenas llegó a los 18.000 puntos, además de comenzarlo bastante más tarde y terminarlo bastante más pronto que en el resto de mercados bursátiles de referencia.

Sin duda, la burbuja que se generó en la economía y mercados bursátiles nipones fue de un calibre histórico como ha sido ampliamente publicado y comentado. No obstante, eventualmente la recuperación de cualquier burbuja termina produciéndose aunque para ello puedan transcurrir más de veinte años.

Japón ha venido decepcionado a economistas e inversores durante las dos últimas décadas pero en ningún caso ha sufrido depresiones económicas extraordinariamente profundas y el país sigue siendo puntero en un buen número de sectores con una economía ampliamente diversificada.

Quizás otro aspecto importante a considerar es que el mundo corporativo japonés ha venido siendo hermético y poco amigable con el accionista, lo que explica en parte las bajas valoraciones bursátiles pero esto parece estar finalmente cambiando.

Tipo de cambio

El tipo de cambio también podría jugar a favor de aquellos que se aventuren a invertir en este tipo de activo. En los últimos años existe un consenso bastante amplio de que el yen se encuentra infravalorado. La encuesta de distribución de activos Lipper-Thomson Reuters así lo ha vendido reflejando en el último par de años con un porcentaje de gestores españoles de entre el 80% y 90% expresando esta opinión.

En definitiva, los riesgos son evidentes pero una caída adicional de los índices indudablemente los minimizaría, ofreciendo a cambio unas expectativas de ganancias muy elevadas.

Además, la inversión en renta variable japonesa a través de fondos nos permite acceder a algunos (muy pocos) gestores que han venido mostrando en los últimos años sus habilidades para perder menos que los índices durante las caídas y ganar más durante las subidas.

Juan Manuel Vicente, director de análisis de Lipper

Análisis Grandes o pequeñas compañías

La inversión en Bolsa japonesa a través de fondos permite entrar en acciones de grandes o de pequeñas compañías. No sólo eso sino también optar por fondos con un sesgo de acciones crecimiento o valor.

Las 'small caps' japonesas fueron una de las estrellas del año 2006 pero desde entonces han sufrido importantes pérdidas y mayores que las de los índices blue chip.

Algunos de los mejores gestores japoneses son especialmente positivos sobre aquellas compañías con un fuerte sesgo doméstico, algo habitual en el segmento small cap.