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Ciudades del mundo

Managua

Entre lagos y volcanes, la capital nicaragüense esconde sorpresas agradables, como sus tradicionales fiestas, y está a un paso de los tesoros históricos y naturales del país.

Managua
Managuaâscar Navarrete / Periódico Hoy

Managua es la capital de un país que apenas aparece en el GPS, Nicaragua. Supo reponerse a los estragos de una guerra civil en los años ochenta, pero nunca al terremoto de 1972. Ese recuerdo histórico ha hecho de Managua una ciudad peculiar, con espíritu de pueblo y, a la vez, con las urgencias de una urbe en ciernes. Urgencias que pocos europeos comprenderían porque, al igual que en el resto de Latinoamérica, su gente siempre tiene tiempo para detenerse a conversar, dar una dirección o simplemente reírse de la vida.

Y es que Managua es una ciudad para verla, pero también para vivirla. Entre su centro antiguo y el actual está ubicada la laguna de Tiscapa, de origen volcánico. En tiempos de la dictadura de Somoza sus alrededores servían de cárceles y centros de tortura, y algo de eso puede observarse hoy en día, pero lo que más llama la atención es la imagen de Sandino, de 16 metros de alto, desde donde se divisa toda la ciudad. Pese a lo privilegiado de esta atalaya, es difícil resistirse a lo que guarda bajo sus pies: un parque de juegos infantiles, la frescura del viento, diversas exposiciones de fotografías históricas o sobre la Managua del siglo XX atraen a turistas extranjeros y familias nicaragüenses a una zona especialmente concurrida en fin de semana.

Una atracción muy demandada es hacer canopy -una especie de rappel horizontal que se ejecuta con poleas- sobre la laguna de Tiscapa. A falta de copas de árboles, hay chozas interconectadas por cables que sirven para volar sobre el cráter. La emoción es extrema en el último tramo, porque transmite la sensación de caer en picado contra el espejo de agua en un salto de 80 metros. Los latidos del corazón pueden regresar a su ritmo normal dando un paseo a orillas de la laguna, un Parque Nacional en forma de coliseo, mas con agua en lugar de arena y árboles donde debería haber espectadores. Cuando cae la noche, las faldas de este extinto volcán se agitan con bares y restaurantes que abren sus puertas alrededor, sin cerrarlas hasta que se marche el último visitante.

El centro histórico es uno de los sitios que más atrae al visitante, al igual que Tiscapa. No sólo por lo que se observa, sino también por lo que se vive. Ahí, comenzó y terminó la rebelión contra Somoza, con un secuestro en el Palacio Nacional, que era la sede de la Asamblea de Diputados, y una celebración masiva en su estacionamiento, que hoy es la Plaza de la Revolución. Enfrente está la Casa de la Presidencia, que el actual mandatario Daniel Ortega Saavedra decidió no utilizar -por razones no divulgadas- de forma oficial.

A un costado de ésta se encuentra la antigua catedral, un edificio que quedó como símbolo de lo que fue Managua hasta 1972, una ciudad próspera y tradicionalmente católica. La visita siempre es aprovechada para descansar en una bancada del monumento en honor a Rubén Darío, con todos los elementos de sus Prosas profanas: la góndola, el cisne, las musas y demás.

El Teatro Nacional, también llamado Rubén Darío, es digno de visitar cuando hay concierto. Los cantantes terminan interpretando sus temas a capella cuando descubren que para eso fue diseñado su interior. Al otro lado de la calle está el lago Xolotlán, desde donde pueden verse los volcanes Momotombo y Momotombito, que parecen emerger del agua como si fueran padre e hijo, un espectáculo colorido al atardecer, cuando el sol cae a sus espaldas.

Como cualquier otra capital, Managua tiene sus lugares de nunca dormir. La Zona Rosa, en el centro moderno, es lugar de copas o, como se dice en buen nicaragüense, de bacanal, en alegoría al dios Baco. De hecho, parte de la peculiaridad de Managua reside en sus fiestas. En agosto, la población, de 1,3 millones de habitantes, se duplica. Son las celebraciones patronales, en honor a Santo Domingo, patrón no oficial de la ciudad.

Es el santo al que todos rinden honor, a pesar de que la iglesia católica designó a Santiago para recibir los honores. Abundan en las celebraciones, como es de esperar, el alcohol, la comida, la música. Hasta sueltan toros, como en Pamplona, pero sin rumbo, aviso ni horario.

Tampoco faltan las barreras o plazas de toros, pero la filosofía de la fiesta es contraria a la de España. En Nicaragua se combina el estilo rodeo con el torero español. El toro se suelta con alguien al lomo, pero la cuenta de la caída no se lleva en segundos sino en minutos. La estrella es el toro, la gente se alegra cuando éste embiste y se entristece cuando sufre.

La otra gran fiesta es el carnaval de febrero. Comparsas y carrozas desfilan a lo largo de dos kilómetros en la Zona Rosa, al mejor estilo de Brasil, pero con el toque pícaro nicaragüense, que bien puede reflejarse en disfraces que se mofan de políticos o de famosos.

Esos carnavales o celebraciones también se dan en ciudades cercanas como Masaya, Granada, León, Rivas y Chinandega, atractivas también por la mezcla de los estilos colonial y poscolonial, pero sobre todo, por sus paisajes turísticos de lagos, volcanes, mar, selvas, ríos y sitios cargados de historia, como las huellas de Acahualinca en Managua, Patrimonio de la Humanidad por ser los rastros humanos más antiguos en el continente americano.

También se puede disfrutar del Gran Lago de Nicaragua, llamado la mar dulce por los colonizadores por ser tan grande como Puerto Rico, pero también por albergar tiburones, tener una isla compuesta por dos volcanes y levantar olas de hasta nueve pies de altura en enero.

Gracias a sus excelentes carreteras, nada está muy lejos de Managua, ni las selvas del norte, ni las cálidas playas del Pacífico, ni los volcanes de occidente, ni el mundo acuático del sur. Eso sí, hay que ir en avión a las playas e islas del Caribe, un complemento perfecto para la visita a Managua.

Guía práctica

Cómo irNicaragua está ubicada en el centro de América. Desde España, se llega a través de Iberia, con escala en Costa Rica o Panamá. Los turistas no necesitan visado. También se llega por medio de American Airlines, Delta, Copa, Taca, Spirit, Aeroméxico, entre otras. Los billetes rondan los 1.000 euros, pero pueden aprovecharse las ofertas especiales a países vecinos.Para desplazarse en Managua se puede alquilar un coche por 15 euros al día. Si se coge un taxi y éste recoge a otra persona de camino, no hay que asustarse, en Nicaragua los taxis se comparten aunque cada uno paga su viaje. No lleve mapa, no le servirá. Las direcciones tampoco son demasiado útiles, pero los lugareños siempre están dispuestos a ayudar a alguien a llegar a su destino.Dónde dormirHay hoteles urbanos de alto estanding. La cadena Hilton está presente, así como Intercontinental. Una noche en una habitación normal puede costar entre 50 y 100 euros. También hay hoteles de campo, como Selva Negra, en Matagalpa, ubicado en medio de una espesa montaña, con opciones tan variadas como sus precios.Dónde comerLa Casa de los Mejía Godoy, la Cocina de doña Haydeé y María Bonita son restaurantes tradicionales donde un plato puede costar 10 euros, precio normal para cualquier restaurante en Managua. La Cava del Vino o el Mesón Español también son una buena elección para recordar la buena comida española. No en vano, la cocina nicaragüense es conocida como la mejor y más variada de Centroamérica. No hay que perderse platos como el nacatamal, el caballo bayo o el gallopinto, y nunca deben faltar las rosquillas somoteñas con café nica, que tiene fama de ser un habitual ganador de la Taza de la Excelencia. Los centros comerciales, dignos de cualquier capital europea, también son una buena opción para ir de compras.

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