Cinco Sentidos

El lujo sobrevive a la crisis

Tal vez este verano las recoletas terrazas de Notting Hill y sus coquetas tiendas de complementos y moda sufran más que nunca los rigores del estío, con el crudo por encima de los 140 dólares y la tormenta financiera haciendo tambalear los mercados de media Europa; pero en Bond Street, en el corazón de Mayfair, la joyería Graff se dispone a cosechar, un año más, pingües ganancias. Graff, Leviev, Moussaieff, Harry Winston y Chatila son los santuarios londinenses de la orfebrería. Y Bond Street -joyas, moda y antigüedades- no ha perdido ni un ápice de su legendaria distinción. Esta exclusiva calle de la City es una muestra del tornasol en que se ha convertido hoy en día el lujo: los compradores no británicos representan ya el 75% de la facturación.

Londres, París o Nueva York, da lo mismo: las tiendas exclusivas de las grandes metrópolis occidentales son alimentadas por las grandes fortunas del mundo, 103.000 individuos que poseen más de 30 millones de dólares cada uno y y gestionan en total un patrimonio de 15 billones (informe World Wealth Report, de Capgemini y Merrill Lynch); y estos multimillonarios hace tiempo que dejaron de tener pasaporte occidental.

De junio a septiembre, las familias árabes se dirigen a los hoteles de Mayfair para escapar del calor abrasador y adquirir el último producto de moda de Asprey, De Beers, Hermés o Patek Philippe. Y es en esos meses cuando las mujeres rusas suspiran por los diamantes amarillos de Graff y las joyas antiguas de la Rusia prerrevolucionaria. El joyero, Laurence Graff, pagó en mayo a Sotheby's cinco millones de dólares por un diamante azul de 3,73 quilates y forma de pera. Graff es uno de esos comerciantes que piensan que los multimillonarios son inmunes a las economías decadentes. 'Este año esperábamos un parón, pero no ha ocurrido', aseguraba recientemente Marwan Chatila, con tienda de lujo en el 22 de Bond Street.

Corea es el cuarto consumidor de productos de lujo del mundo y en 2015 China desplazará en el podio a Japón

¿Las Bolsas en caída libre y el lujo soportando la crisis con total entereza? Los balances empresariales lo confirman. Louis Vuitton anunció en el primer trimestre de 2008 un crecimiento del 12% para el conjunto de sus ventas, y las del grupo Richemont, la compañía propietaria de enseñas como Cartier o Montblanc, alcanzaron el 10% ¿Hasta cuándo? 'Mientras sigan incorporándose ciudadanos a la clase media de las economías emergentes, esta industria seguirá creciendo anualmente por encima del 10%. Ellos son el verdadero pilar del negocio', asegura Michael Chevalier, profesor del Instituto Superior de Marketing de Lujo, en París. 'Hoy en día, cualquier producto exclusivo es más caro en Seúl que en Madrid', recuerda Andrés Guibert, responsable del sector financiero de Capgemini Consulting.

La salud del lujo ya no depende de que Roman Abramovich desembolse 34 millones de dólares por un cuadro de Lucian Freud o de que el príncipe saudí Walid bin Talal adquiera por 320 un Airbus 380 de oro. 'El negocio de estos emporios vive una nueva época dorada por el tirón de los consumidores de Moscú, Pekín, São Paulo y Nueva Delhi y de todo el conglomerado asiático', insiste Chevalier.

Las grandes firmas hace tiempo que dejaron de coquetear con estos países para convertirlos en protagonistas de sus planes estratégicos de expansión. Corea es ya el cuarto consumidor de lujo del mundo y en 2015 los chinos, según Goldman Sachs, habrán desplazado a los japoneses en el podio. Por eso, Louis Vuitton ya tiene 18 tiendas en China y Armani prevé abrir más de 24 establecimientos en los próximos dos años. Todos compiten por los mejores escaparates.

Hermés, lista de espera en Madrid

Es verdad que algunas de las tiendas con más tradición de la madrileña calle de Serrano hace meses que colgaron el cártel de 'Se alquila' y que los grandes almacenes del centro de la ciudad buscan ávidos al consumidor de ofertas y rebajas, pero en Madrid los emporios del lujo parecen ajenos a la crisis. 'No, no hemos notado nada', dice Isabel González, subdirectora de la tienda de Hermés. '¿El Birkin camel? Como siempre, en lista de espera', apostilla. Hablamos de un bolso que cuesta más de 6.000 euros.

Hermés, Louis Vuitton, Dior o Chanel son los grandes referente del lujo mundial. Pero no sólo los millonarios traspasan sus puertas. Estas firmas son visita obligada de los excursionistas del lujo, como los denomina Susana Campuzano, directora del Programa de Gestión del Lujo de IE Business School.

Se trata de profesionales de clase media alta que adquieren tres o cuatro productos exclusivos al año: un coche, un bolso, un viaje, una joya... 'Este tipo de consumo se resentirá con la crisis', opina Campuzano. 'O tal vez no', reflexiona. 'Muchos podrían optar por economizar en productos básicos y seguir dándose de vez en cuando un capricho'.

En la web española de Christian Dior, varios de los Top10 han de adquirirse por encargo. Es el caso del Jazzclub blanco (1.575 euros), otro de los bolsos de moda.

Ricos, muy ricos

La riqueza es una bola que no cesa de crecer. Diez millones de individuos poseen una fortuna superior a un millón de dólares y gestionan un patrimonio de 40,7 billones de dólares (25,8 billones de euros), según el informe World Wealth Report, que cada año elaboran Capgemini y Merrill Lynch. 'Nuestras proyecciones nos permiten afirmar que esa cifra se convertirá en 59 billones de dólares (37,4 billones de euros) en 2012', dice Andrés Guibert, de Capgemini Consulting. 'Esto significa que la riqueza crecerá casi un 8% anualmente'. Aviones, yates, automóviles de lujo, arte y joyería son las inversiones emocionales preferidas de los multimillonarios.