Lealtad 1

Una semana es mucho tiempo

Cuando se pierde, se suele decir que decidir un partido con lanzamientos desde el punto de penalti es como hacerlo a cara o cruz. Cuando se gana, se dice que es una cuestión de convicción. Como la selección española de fútbol eliminó a Italia 88 años después -eso sí es un ciclo largo-, hoy pensamos que la mente del jugador tiene un papel más relevante que el azar.

Economía y deporte tienen en común la importancia de la psicología. La importancia de las expectativas, la inevitabilidad de los ciclos y su capacidad para alimentarse a sí mismos, la posibilidad de que las profecías -en positivo o en negativo- acaben cumpliéndose a sí mismas por el mero hecho de ser formuladas con determinación... Son procesos que se pueden ver en los dos ámbitos. En la economía y en el deporte hay gurús que descubren nuevas fórmulas de trabajo que, pese a mejorar el rendimiento, nunca podrán ser la piedra filosofal, pues acaban siendo víctimas de su propio abuso.

Y, en el fútbol como en la Bolsa, en pocos minutos se puede pasar de la pesadumbre a la euforia por cuestiones que, esta vez sí, tienen que ver con el azar. O, al menos, no están fundamentadas: en ninguno de estos mundos se pueden sacar demasiadas conclusiones a partir de observaciones limitadas, aunque sólo sea por estadística.

Al mercado le ha sucedido algo parecido en las últimas semanas: el optimismo se ha diluido como un azucarillo, y ahora preocupan los efectos de segunda ronda de la crisis, y con el cargador de las bajadas de tipos vacío.

Se puede dar la vuelta en cualquier momento. De momento no parece haber capitulado, como lo hizo en enero o marzo, pero la situación es tan volátil que no hay apuestas seguras, ni al alza ni a la baja. Ahora, sustraerse por un momento del ruido del entorno y valorar si puede ser conveniente entrar en algunos valores cuyo negocio parezca seguro no es una mala idea... Siempre que se sepa qué se puede considerar seguro.